Una patria que crece… en lo que no importa. Nada escapa al crecimiento feroz que vivimos: la inflación (real) galopa, el dólar sube y el Estado sigue engordando su nómina.
Todo crece: el negro, el Estado... menos el empleo privado.
La Argentina avanza... pero si mirás bien, el país prospera en lo que no genera futuro. El trabajo en negro, el Estado, la inflación, el dólar: todo sube y sube, salvo el empleo privado registrado. Mientras la economía formal se adormece hace décadas, el desorden laboral se convierte en norma. ¿Es crecimiento o un espejismo?
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Según diversos informes, el empleo privado registrado no crece desde hace más de una década.
Pero un dato crudo lo pinta con brutal claridad: el empleo privado registrado sigue estancado en 6 millones desde hace 20 años.
Mientras tanto, el crecimiento del empleo es en lo precario: el trabajo en negro y el empleo público devoran las estadísticas. En las últimas dos décadas, se crearon cerca de 6 millones de puestos en total, y se mantiene firme, sin crecer; el resto, o fue precario o estatal. La mitad del empleo creado en 20 años es informal o dependencia pública. O sea, la rueda gira, pero falta motor genuino.
Hoy el 64,4% de los trabajadores asalariados (ya sea los que están en blanco y los que están no registrado, total 16 millones) están en negro.
Algunos sectores te dejan helado: construcción e industria agrícola tienen tasas de informalidad del 58%. Y los datos no mejoran: por cada empleo formal que se generó en los últimos años, nacieron 1,5 informales. Es como construir caminos... sobre arenas movedizas.
Según el SIPA y el IERAL, el empleo privado registrado no crece desde hace más de una década. Entre 2012 y hoy, apenas se sumaron 180 mil puestos formales, algo ridículo frente al crecimiento demográfico. En paralelo, el empleo público registró un incremento del 38%, y los monotributistas del 45%.
Un informe reciente del IERAL concluye que el mercado formal lleva más de diez años sin expandirse, y que el futuro depende de una reforma estructural y una inversión seria en capital humano.
No hay secretos: sin inversión, ideas y simplificación, no hay laburo digno que se sostenga.
Técnicamente, todo parece funcionar: consumo, turismo, sectores favorecidos por el atraso cambiario. Pero esa “prosperidad” queda encerrada en una burbuja, para unos pocos. La mayoría, en cambio, enfrenta salarios achatados y pobreza estructural.
¿Qué hacer? No se trata de demoler el Estado... sino de que el sector privado formal tire la carroza
Querido lector, no vengamos con sueños revolucionarios ni derrames imaginarios. La clave está en simplificar, descomprimir, confiar:
- Menos trabas tributarias, más certezas.
- Educación y capacitación para que haya talento local.
- Crédito e infraestructura para que las pymes crezcan.
- Seguridad jurídica para que alguien quiera contratar registrado con una reforma tributaria.
- Mejor relación de calidad entre empleador y dependiente con una reforma laboral.
Si seguimos abonando al relato del “estado grandote” y el empleo público como escape, vamos a seguir creciendo... en deuda, pobreza y desencanto.
El país crece en sombra: crecimiento informal, empleo público y números inflacionarios. Pero lo que no crece es el motor que hace girar todo: el empleo privado formal. Ahí reside el verdadero desafío.
La Argentina está viva, pero enferma de espejos. Si queremos un mañana donde la gente viva con dignidad, es hora de despertar al gigante dormido del empleo privado. Porque sin él, esta “prosperidad” es solo ilusión y el futuro será un eco vacío.
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