El otro enemigo invisible

Opiniones

Este escenario de batalla contra el coronavirus coquetea con el totalitarismo, pesadilla lejana pero probable sobre todo cuando los países totalitarios acallen las voces disidentes que cuenten la verdad para mostrar al mundo el éxito de su política.

En el fragor de una batalla todo es válido, saltear licitaciones, pagar sobreprecios, crear nuevos impuestos, ciberpatrullar, cometer errores, etc. Hoy, con el coronavirus en la puerta de cada casa, sus enfermos y las muertes, reflexionar sobre la dimensión de las medidas tomadas o el impacto social y económico pareciera ser secundario, por nuestra guerra sin respiro contra un enemigo invisible.

Y es así, hay mucho de parecido en lo que vivimos hoy con una guerra, tanto dentro como fuera de nuestros hogares. Ejemplos sobran: la televisión y celulares nos alimentan de propaganda alusiva a la unión y a los soldados, a cómo ellos lucharon con sus vidas cuando a nosotros sólo se nos pide atrincherarnos.

Leemos ávidos el recuento de heridos y muertos en cada país comparándolos con nuestros caídos para ver si vamos mejor o ganando.

Inclusive le damos batalla con protocolos de prevención dentro y fuera de casa.

Apoyamos con fervor a los que están en el frente de batalla, que son nuestros médicos y prestadores de servicios esenciales, por quienes rezamos e inclusive disponemos nuestras impresoras 3D, donando tiempo y recursos a la causa.

Se crean impuestos nuevos para sobrellevar los costos de la guerra. Se montan hospitales de campaña y se le exige a todo proveedor de alojamiento sanitario o turístico que esté al servicio de los caídos.

Dada hoy la inmensidad de la batalla y la fortaleza del enemigo invisible, pareciera que todo es válido y nada es suficiente, por eso el pueblo acepta sin cuestionar y por “el bien común” la restricción de sus derechos y el avasalamiento de las garantías constitucionales. Por esta misma razón, poner en duda alguna de estas medidas, la dimensión de las mismas o el impacto secundario está mal visto en varios ámbitos íntimos o incluso resultan poco relevantes en la opinión pública.

Así validamos el ostracismo y el castigo por igual a todas las realidades y las necesidades por más diversas que sean, basados en una incomprensión de quienes, desde la comodidad de su hogar y economía, valoran y defienden el encierro e inconscientemente buscan castigo a quienes sin recursos económicos necesiten salir a trabajar para salvar sus vidas y la de los suyos llevando comida a sus mesas. De este modo se “ensalza” al gobernante por asumir el rol de proveedor, repartiendo “justo” castigo a todos con una mano mientras provee alimento y beneficios con la otra.

Pero sobran los casos para entender que las guerras donde los propios ciudadanos se convencen que hay que luchar (alimentados por la propaganda gubernamental), son usadas como excusa también para unir a un país y alimentar esa droga en la que se convierte el poder para los gobernantes, droga que como todas, es difícil de abandonar y deja secuelas de largo plazo. Guerras que son la base de varios de los errores y abusos más grandes de la humanidad.

Es por eso que el COVID no es el único enemigo invisible, casos como el de Perú y Lituania donde se le da libertad de matar a los agentes de seguridad a quien esté en la calle, Europa y varios países asiáticos, que están implementando herramientas invasivas para rastrear los movimientos de los celulares y evaluar las interacciones personales que pudieran propagar el coronavirus, la “desaparición” de quienes digan la verdad en China, la sobre emisión monetaria de USA, o mismo en Argentina con el empalamiento público desde el gobierno de individuos o empresarios que osen defender su libertad y el ciberpatrullaje; y así varios casos más que nos demuestran que el otro enemigo grande es el abuso del poder en tiempos de crisis.

Este escenario coquetea con el totalitarismo, pesadilla lejana pero probable sobre todo cuando los países totalitarios acallen las voces disidentes que cuenten la verdad para mostrar al mundo el éxito de su política; da paso a tomar medidas desmedidas y reducir el análisis requerido, el ocultamiento y el engaño, porque la sociedad piensa como soldado y acatará lo que le digan sin reflexionar demasiado, pues esa es la única forma de pelear una guerra.

A pesar de que el campo de batalla fuera diferente en cada ciudad, siendo unas más receptivas de extranjeros o eventos, con mayores índices de vejez, diferente estructura sanitaria, o densidad poblacional, se justificarán las mismas medidas para todos, y se usarán los fracasos de unos para realzar el éxito de otros a pesar de haber peleado batallas disímiles.

Aunque, estas palabras no pretenden negar la necesidad de actuar y defendernos ante el primer enemigo, si nos invitan a actuar con mayor conciencia de las diferencias y a no olvidarnos o no caer voluntariamente en la garras de un enemigo aún más peligroso.

(*) Presidente de la ONG Bitcoin Argentina y Co-fundador Alianza Blockchain Iberoamérica

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