Un pueblo que cambia
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E.C.: Hay que darle a todo su tiempo. Sobre esto no hay que hacer especulaciones políticas, que es lo que va a venir esta semana, porque sería...
P.: Ya está viniendo, ¿no?
E.C.: Sí, sería casi yo te diría manchar lo que viene. Yo creo que Dios obra en la historia, que Dios obra en la historia a través de los pueblos y a través de los testimonios y que muchos hombres quieren especular políticamente o van a querer especular esta semana con eso, por eso resalté el valor de un testimonio de vida como es el de Piña. Ahí no es que ganó la oposición en el sentido de que se juntaron tales y tales partidos. Ahí ganó un pueblo que quiso redignificarse y un testimonio de vida que nunca especuló.
P.: ¿Y la Iglesia ganó?, porque hay una pulseada clara entre Bergoglio y Kirchner.
E.C.: Mire, la Iglesia somos todos y yo, sinceramente, creo en una iglesia que se compromete con la vida cotidiana, entonces ganó esa iglesia. Iglesia, cuando digo esto, no católica, digo los creyentes de cualquier religión que se comprometen. Así lo vimos también a (Sergio) Bergman en estos días, que es un rabino. Yo creo en esa iglesia que se compromete, que no sólo habla de los principios, sino que asume el compromiso y eso es lo importante. No importa quién ganó o quien perdió, porque esto no se trata de éxito, se trata de victoria.
P.: Siempre se dice que en las elecciones prima lo económico. Si hay bienestar económico es difícil que se vote contra el oficialismo. Este parece ser un caso que muestra lo contrario, de hecho hubo reparto de bienes públicos, dinero, subvenciones, etcétera y a pesar de eso perdió el oficialismo.
E.C.: Eso refuerza mi tesis, ¿no?, en el sentido de que la dignidad puede vencer al poder y al dinero.
P.: ¿Esto puede ser el punto de partida para un interés colectivo y ciudadano sobre los temas constitucionales, o es una excepción?
E.C.: Yo creo que es el primer paso de una reconciliación profunda sobre los valores de la condición humana. Eso que yo llamo el contrato moral, por eso no hay que asimilarlo exclusivamente al gobierno y oposición, porque yo creo en la redignificación de todo un pueblo. No quiero la redignificación del pueblo que vota a la oposición.
P.: ¿Piña es un opositor nacional?
E.C.: No, no. Hay que entender el proceso más profundamente. Está cambiando un pueblo, es como el ciego de Jericó. Hay un pueblo que está empezando a ver y que está empezando a ver la violación que significa cuando es comprado. Mientras todo el espectáculo nacional en los últimos meses fue la compra y venta de personas, un pueblo dijo nuestra conciencia no puede ser comprada, una parte importante y yo creo que en poco tiempo va a ser todo un pueblo. Y éste es el dato, si Piña no hubiera sido el candidato la oposición no hubiera ganado. Y si un pueblo no hubiera reaccionado, tampoco Piña hubiera ganado. De modo tal que ahí está el testimonio de una vida, que es la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, y un pueblo que empezó a testimoniar su propia condición. Esto es lo central y no el rejuntado electoral. Por eso nosotros acompañamos a Piña y no pedimos ninguna integración en la lista y yo sé que esta semana van a venir especulaciones enormes por algunos protagonistas de esa lista. Bueno, hay que esperar y hay que apostar no a la redignificación, porque si no vamos a empezar, es decir, los que están redignificados son los que votan a la oposición y los otros no. No es así, éste es un proceso que se inicia ahora y que va a terminar en la redignificación de todo un pueblo, donde ningún político más va a poder comprar un ciudadano.



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