El Covid-19 y la brecha inmunológica: cuando la salud queda librada al mercado

Opiniones

Como era de esperarse, la desigualdad exististe respecto de los países ricos y aquellos en vías de desarrollo o pobres, se ha trasladado al acceso a las vacunas.

El mundo occidental asiste a uno de los capítulos más desgarradores de la pandemia provocada por el coronavirus. Me refiero a la lucha desigual por parte de los países por acceder a las vacunas contra el Covid 19. Como era de esperarse, la desigualdad exististe respecto de los países ricos y aquellos en vías de desarrollo o pobres, se ha trasladado al acceso a las vacunas que combaten este virus; es decir, en esto también primo la competencia y no la cooperación entre las naciones.

La historia del mundo se puede sintetizar en una mezcla alternativa de cooperación y competencia entre los países. Cuando prevalecen las ayudas mutuas, existen acuerdos multilaterales; cuando prima la competencia por los recursos, se generan guerras abiertas o guerras solapadas también llamadas comerciales. Esta situación enunciada, también existe sobre una de las actividades más lucrativas del mundo, me refiero a los productos farmacéuticos.

Esta situación de competencia desigual, se está dando en el acceso a las vacunas contra el coronarivus. Los países ricos han comprado tres veces más de dosis que las necesarias para inmunizar a sus poblaciones. Estos países solo representan el 14% de la población mundial y sin embargo, poseen ya más de la mitad de las vacunas más prometedoras. Frente a esta situación, los países en desarrollo se están quedando atrás en la carrera global para poner fin a la pandemia de coronavirus. La People’s Vaccine Alliance aseguro que en los 67 países más pobres, solo una de cada 10 personas puede esperar recibir una vacuna para fines de 2021. Amnistía Internacional y Global Justice Now denunciaron públicamente que “A menos que algo cambie drásticamente, miles de millones de personas en todo el mundo no recibirán una vacuna segura y eficaz contra el covid-19 en los próximos años”.

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Las consecuencias habrán de ser iguales o peores en lo social y lo económico, los países más poderosos se quedaran con el porcentaje más grande de las vacunas tanto producidas y por producir y por el contrario, aquellos países con menos recursos económicos deberán esperar por las vacunas necesarias para inmunizar su población en algunos casos hasta años. Como resultado dichos países deberán sufrir muchas muertes evitables y las económicas que trae consigo esta pandemia, efectos que sufren esencialmente los sectores de menores recursos económicos.

Frente a esta alarmante situación, una primera reflexión parece inexorable “En el siglo XXI a nadie se le debería impedir recibir una vacuna que le salve la vida, debido al país en el que vive o la cantidad de dinero en su bolsillo”. Sin embargo, a pesar de estar viviendo el mundo entero una pandemia de características desconocidas e inimaginables, la posibilidad de vacunarse sigue siendo un privilegio que está sujeto a la nacionalidad o la clase económica de las personas.

Esta situación no es nueva por supuesto; las desigualdades en la inmunización completa entre países con ingresos altos y bajos son de larga data. La brecha de la hepatitis B es un claro ejemplo de lo que los especialistas llaman “brecha de inmunización ” La vacuna para prevenirla comenzó a estar disponible en los países ricos en 1982, pero para el año 2000 menos de 10% de los ciudadanos más pobres del mundo habían tenido acceso a la misma.

Mientras algunos países han ido sellando acuerdos con diferentes laboratorios, otros tienen sus esperanzas puestas en el Fondo de Acceso Global para Vacunas covid-19 (Covax), un plan impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuyo objetivo es “acelerar el desarrollo y la fabricación de vacunas contra la covid-19 y garantizar un acceso justo y equitativo a ellas para todos los países del mundo”. A pesar de dicho fondo de acceso global, el pronóstico para la mayoría de los países en vías de desarrollo es funesto. Debido a los límites en la producción, muchos países de bajos ingresos no podrían obtener suficientes vacunas para inmunizar a todas sus poblaciones hasta el año 2024.

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También es cierto que existen brechas de inmunización al interior de los países; brechas que pueden generarse debido a la zona geográfica o al status económico de sus habitantes; lo novedoso de la brecha que generara la vacuna del COVID, es que los países que no cuenten con las vacunas necesarias para inmunizar a su población, hasta incluso los sectores económicos más pudientes de la población, se encontraran con la imposibilidad de poder ser inmunizados. Esta situación nos demuestra que cuando la salud queda librada al mercado, este puede dejar desprovisto incluso a los sectores más pudientes de una sociedad; sectores que en gran medida tienen la particularidad de ser en un amplio porcentaje pro mercado.

En definitiva, esta situación nos deja una lección “ La salud de la población, no puede quedar librada al mercado, porque en él, gana quien posee más recursos económicos. Debemos comprender que una pandemia en este caso de coronavirus, no puede quedar merced a las reglas de funcionamiento del mercado, porque este último puede dejar al desamparo incluso a sus defensores más férreos”.

No puede pedírsele a los laboratorios Pfizer y Merck entre otros, quienes según cifras de la OMS son responsables del 80% de las ventas de estos productos en el mundo, que actúen como organizaciones de bien público, solicitarle eso, sería desconocer sus intereses y lógicas de funcionamiento. Debemos tomar consciencia que tal como sostiene Bruce Aylward, asesor del director general de la OMS que: “ El peor resultado posible es ofrecer las vacunas a toda la población de un país antes de hacerlo a las que corren más riesgo en otros países”.

El comportamiento cooperativo y solidario lo deben tener los estados a través de los organismos internacionales, de cooperación y de integración. Solo así, podrá revertirse esta lógica desenfrenada por el acceso desigual a las vacunas. Una lógica que va en contra de nuestra propia especie humana. Ciertos estudios de la economía del comportamiento, afirman que “La cooperación sirve si todos cooperan; en el momento en que hay uno que no lo hace, este se lleva buena parte del rendimiento colectivo a la vez que desestructura todo el andamiaje. Y el resto tiene que ponerse a remar para que no cunda el ejemplo”.

En definitiva la pandemia nos refrescó otro axioma que dice: “ Nadie está a salvo hasta que todos están a salvo”.

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