“El personaje de Bruto me viene dando vueltas hace tiempo. Oscar Barney Finn siempre soñó con una puesta del ‘Julio César’ de Shakespeare, y él me imaginaba a mí en ella. Oscar siempre dijo que el clásico se debió llamar ‘Bruto’ y no ‘Julio César’, por la densidad dramática del personaje...”, dice a este diario Paulo Brunetti ante el inminente estreno de “Brutus”, drama de Oscar Barney Finn y Marcelo Zapata, con dirección del primero, que se estrenará en el Teatro Payró el viernes a las 20, con funciones viernes y sábado a esa hora.
Paulo Brunetti: “El personaje más desafiante de mi carrera es Bruto”
El actor estrena el viernes en el Payró, con puesta de Oscar Barney Finn, la obra del director en coautoría con Marcelo Zapata.
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La figura de Marco Junio Bruto, cabeza de la conjura que terminó con la vida de Julio César en 44 a.C., es una de las más controversiales de la historia clásica. Llamado por algunos “el asesino patriótico”, por haber tratado de impedir el fin de la República y la llegada, inevitable, del Imperio, otros lo consideran el peor de los traidores, empezando por Dante Alighieri, que lo ubicó en el último círculo del infierno, junto a Judas. La obra reconoce el fondo histórico pero no se propone ser una crónica de los hechos (hasta se toma licencias) sino bucear en el alma de un personaje tan rico y contradictorio.
Brunetti, actor y director argentino de reconocida y premiada trayectoria en cine y teatro, está radicado desde hace años en Chile, y alterna sus presentaciones entre ambos países
“Bruto es el personaje más desafiante de mi carrera porque todos los que interpreté tenían algo, o bien de cotidiano, o bien rasgos, por mínimos que fueran, con los que podía identificarme. Bruto no. Su carga interna, su conflicto más desgarrador, nunca lo padecí: el enfrentamiento con el padre, o mejor dicho el fantasma de un padre imaginario, y la disyuntiva de cometer un asesinato. Yo hice muchos clásicos, ‘Numancia’ en el Cervantes, “El perro del hortelano”, “La vida es sueño”, “Don Juan Tenorio”, “Mucho ruido y pocas nueces”, de Shakespeare, pero este personaje es el más ajeno.”
Periodista: ¿Cómo se acercó a él?
Paulo Brunetti: El cuerpo pide, y como actor uno debe oír esos pedidos. Y mi cuerpo estaba pidiendo este tipo de personaje. Si bien vamos a estrenar una obra enteramente nueva, hay un Shakespeare dando vueltas. Lo que el espectador no ve en ‘Julio César’ lo va a ver acá. El armado de la conjura, el tramado familiar, íntimo, las terribles contradicciones de Bruto. Cuando uno ve cualquiera de las versiones de ‘Julio César’, por ejemplo la más famosa, aquella en que Marlon Brando interpreta a Marco Antonio y James Mason a Bruto, esa angustia de Bruto no está. En esta obra aflora un Bruto distinto, el que surge de tantas biografías, clásicas y contemporáneas; un hombre complejo, un pensador antes que un político, un hombre de ideas antes que de acción. Esa acción a la que lo impulsan las circunstancias históricas y no sus propios deseos.
P.: Bruto parecería más extremo que Hamlet. A Hamlet el fantasma de su padre le indica con claridad que su tío es el asesino, y la duda se le plantea entre matarlo o no. Bruto no solo duda entre actuar o no actuar, tampoco sabe si César es su padre o no. Es como un Edipo desdichado por la autoconciencia.
P. B.: Exacto. Hamlet dice “Ser o no ser”, Bruto, en uno de sus monólogos en este drama, dice: “¿Soy yo o no soy yo? ¿Cuál es el Bruto real y cuál el que los otros hicieron de mí?” Por eso decía que, aunque es una obra moderna, es shakespeariana. No hay certezas. Eso, para mí, es muy estimulante: que el público salga haciéndose preguntas.
P.: Nada de “fresco histórico”.
P.B.: En absoluto. El espectador no vendrá a ver la mera ilustración de un episodio histórico que ya conoce desde la escuela. El texto juega con la ambigüedad, con la duda acerca de la paternidad biológica de Julio César con respecto a Bruto, esa duda que sembró Shakespeare, a la cual si bien hay muchos historiadores que le han restado toda verosimilitud, hay otros que dejaron abierta una puerta. Yo siempre espero que las obras que interpreto dejen una marca en el público; que diez años después vean, en algún noticiero de televisión, la noticia sobre un parricida y digan, ah, ¿te acordás de Bruto? Si eso ocurre, mi misión como actor está cumplida.
Periodista: ¿Cuál es la relación hoy del público con los clásicos?
P.B.: Estamos en un momento de transición. Yo pertenezco a una generación intermedia, que aún se interesa en ellos, pero me preocupa la generación que viene detrás de mí, y por ende me ocupa. Hay que universalizar los clásicos. En “Brutus” se habla de tú, no se vosea, porque si así lo hiciéramos lo restringiríamos a un ámbito que no le es propio. Le escamotearíamos su espacio clásico. Sé que al oído argentino puede sonar artificioso el “tú”, pero muchísimo más falso es que Bruto le dijera a Casio “Che, vos...”. Hay que restablecer el placer por los clásicos a partir de obras que vayan a lo profundo de sus personajes, como creo que ocurre con ésta. Yo sufría mucho cuando hacía “El perro del hortelano” y las escuelas llevaban obligados a los chicos porque estaba en el programa. Eso es contraproducente. En ese sentido, quiero destacar otro de los valores de Barney Finn: sus puestas reúnen todo tipo de generaciones. Desde los más grandes hasta los de mediana edad, como en el drama “Mármol”, y en “Muchacho de luna” había público de 20 años.
P.: Hablemos de sus compañeros de elenco.
P.B.: Yo acostumbro, cuando leo un libro, atribuirle caras a los personajes. Cuando leí por primera vez “Brutus” imaginé de inmediato a Ana Yovino en el papel de Porcia, la esposa. A mí me había fascinado lo que ella hizo en “Antígona” y es una suerte que se haya sumado. Carlos Kaspar, Cicerón, es como mi hermano mayor. Estuvimos juntos en tantas obras. Con el resto nunca había trabajado y son todas gratas sorpresas, gente de teatro, Nelson Rueda, Beatriz Dellacasa, Joaquín Cejas, Mariano Madrazo. También es un lujo contar con un escenógrafo e iluminador como el chileno Ramón López, que ha trabajado tanto en ópera, teatro y cine, la vestuarista Mini Zuccheri, y el músico Sergio Klanfer.
P.: ¿Qué sigue después de “Brutus”?
P.B.: Estoy en un momento muy importante porque abrí una productora con un grupo de amigos en Chile, Surmedia, con la que ya hicimos dos obras de teatro allá y ésta aquí, y una serie para televisión que se llama “Las hermanas alegría”. Ahora nuestra gran apuesta es el rodaje de una película llamada “Niña”, que dirigiré y coprotagonizaré con Joaquín Furriel. Es un matrimonio de dos hombres que pierden una hija, y el drama está enfocado justamente en el dolor masculino. Es habitual retratar el duelo de una mujer ante la pérdida de un hijo, pero rara vez se hace con la mirada puesta en el hombre.


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