Kirchner recordó su pasado peronista en Rosario. Habló de «nuestro movimiento» al que atribuyó «dirigencia claudicante». Dijo que los que le dicen «pingüino» tratan de desprestigiarlo. Dio algunas cifras con fallas: la pobreza en 17% (38,5% en la realidad). La desocupación en 11,3% (es casi 15%). Crecimiento del producto 8% o 9% anual (es cierto). La indigencia «la bajamos a la mitad» (es casi cierto, de 27,7% la bajó a 13,6%). Señaló que «generamos una Corte Suprema independiente». Dijo que los comicios del 23 de octubre son un punto de inflexión entre el pasado y el futuro. «Ya sabemos lo que nos sucedió en el pasado, por Dios, apostemos al futuro», dijo. «Rosarinos, santafesinos, acuérdense del pingüino que les pide que lo ayuden», concluyó.
Con aquellos argentinos que dieron origen al movimiento llamado peronismo, los que ayer colmaron las (no muy grandes) instalaciones del microestadio tienen en común su origen humilde. En cambio, los diferencia la ausencia de espontaneidad y optimismo de los precursores que se refrescaron en las fuentes del centro de Buenos Aires. A esta altura, a nadie sorprende que a los actos del justicialismo en general y de gran parte de la actividad política argentina, un porcentaje significativo de los concurrentes son llevados por organizaciones que en algún caso hasta se atreven a tomar lista, hecho que se repitió ayer en algún caso bajo los árboles del Parque.
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