10 de noviembre 2000 - 00:00

ACUERDO PARA ENFRIAR LA CRISIS

AUNQUE PIERDA MAS IMAGEN, DE LA RUA ACEPTARIA ENTREGAR TAMBIEN A FERNANDO DE SANTIBAÑES, PERO SERA DENTRO DE UNOS DIAS. RENUNCIARA. EN CAMBIO, RAUL ALFONSIN NO ACEPTO ENTREGARLE A CARLOS ALVAREZ TAMBIEN AL "COTI" NOSIGLIA, QUE AUMENTA MUCHO SU PODER DENTRO DEL GOBIERNO NACIONAL. HASTA MARIO LOSADA, QUE AYER FUE DESIGNADO NUEVO PRESIDENTE PROVISIONAL DEL SENADO EN REEMPLAZO DE GENOUD, ES PRIMO DE NOSIGLIA, QUE TAMBIEN QUIERE LA AFA, DESPLAZANDO A GRONDONA. QUEDARA AJADA ASI LA FIGURA DEL PRESIDENTE CON ESTE ACUERDO QUE ESTUVIERON GESTIONANDO ALFONSIN Y ANGEL ROZAS, GOBERNADOR DEL CHACO, CON EL FREPASO. EL SACRIFICIO SERIA PARA SALVAR A LA ALIANZA. CARLOS ALVAREZ, CON 3 SOBRE 4 RENUNCIAS QUE PEDIA, REDUCIRIA SUS CRITICAS AL GOBIERNO. CON ESTO ADEMAS HABRIA JUSTIFICADO SU DIMISION

Apesar de que las tragediasgriegas recomendaban enterrar rápidamente a los muertos, el ritual delradicalismo sigue otro protocolo: primero se mata pero para sepultar el cadáverse deja pasar un buen tiempo. Ya lo hicieron con José Genoud, a quien mantuvieronen la presidencia provisional del Senado cuando todo el mundo sabía que estabarenunciado «a plazo». El mismo método se estableció ayer para el caso deFernando de Santibañes. Desde «Varela-Varelita» pidieron su renuncia el lunes yayer esa determinación fue puesta como condición del ingreso de hombres delFrepaso a las segundas líneas del gobierno.

La presión de Alvarez tuvoefecto inmediato en el radicalismo. A tal punto que anoche Jorge de la Rúa,Mario Losada, Federico Storani, José María García Arecha, Luis Molinari Romero,Néstor Rostan y el gobernador de Chaco, Angel Rozas, fueron citados alAeroparque de la Capital para recibir al Presidente y tratar la situación deltitular de la SIDE. Desde allí Fernando de la Rúa se dirigió con esa comitivamás algunos funcionarios que lo acompañaron en su viaje a Formosa, a una comidaen Olivos a la que también ingresó Raúl Alfonsín.

Los radicales tenían pensadodiscutir con el Presidente una larga serie de cuestiones ligadas a la crisis.La primera de ellas es el destino de De Santibañes. La receta que se habíaencontrado anoche para esa decisión fue la misma que se le indicó a Genoud: querenuncie a término, es decir que se aleje del cargo dentro de unos días paraque no se considere esa separación una afrenta a la autoridad presidencial.Alfonsín lo dijo en público, utilizando una fórmula que ni él mismo -queentiende como pocos la lógica política-habrá comprendido acabadamente: «Seconsidera conveniente, en un plazo que no debe ser perentorio, el alejamientodel secretario de la SIDE». ¿Cómo debe entenderse una renuncia que no esperentoria, sobre todo en el caso de un funcionario encargado de la delicadaseguridad del Estado? Jorge de la Rúa, a quien todo el mundo entiende vocero desu hermano no sólo por su apellido sino por su proverbial prudencia, indicó que«los amigos saben cuándo llegó el momento en que su permanencia se vuelveperjudicial».

En rigor, la andanada depedidos de renuncia más o menos velados que se produjo en el radicalismo, sedebió a una condición casi extorsiva que expresó Juan Pablo Cafiero, uno de losdirigentes del círculo íntimo de Alvarez. Cafiero dijo que el Fre-paso sóloocuparía los lugares de gobierno que se le ofrecen -varias posiciones ensegundas líneas-si De Santibañes abandona su cargo.

El diputado chachista selimitó a hacer público lo que su propio jefe le expresó al gobernador Rozas,quien concurrió ayer a las 15 a la Casa del Frente (comité central del Frepaso)para negociar con Alvarez el pliego de condiciones de su permanencia en laAlianza. El chaqueño hizo la gestión por pedido de Alfonsín, quien se inquietócuando Chacho rehuyó la cita que estaba prevista entre ambos y, además, cuandoescuchó que el jefe del Frepaso también ponía reparos a la constitución de unaconducción suprapartidaria de la coalición: en este caso, la permanencia deEnrique Nosiglia en la secretaría general de la UCR.

 

Negociaciones

 

Rozas, quien protagonizó lasprimeras negociaciones entre el Frepaso y el radicalismo -su provincia fue elprimer ensayo de Alianza, en 1995- tuvo la sensación de, tal vez, estaremprendiendo las últimas. Sobre todo cuando le pidió a Chacho una respuestadefinitiva sobre si se iba o se quedaba y éste le contestó, muerto de risa:«¿Venís?». Ya en serio, el ex vicepresidente le expuso al gobernador lo que yahabía dicho desde la mesa del bar, el lunes: «Que se vaya De Santibañes». Hizouna advertencia adicional: «Yo favorecí la Alianza para llevar adelante unproyecto con el ala progresista de la UCR, con Alfonsín, con Raúl Alfonsín , Storani,no con el entorno del Presidente». Además le transmitió a Alfonsín a través desu emisario que el encuentro pendiente podría producirse entre mañana y elviernes.

Rozas se dirigió al ComitéNacional, informó lo ocurrido y le dio argumentos a Alfonsín para hablar enpúblico. Ante el periodismo el jefe de la UCR prometió, «de manera noperentoria», la cabeza de De Santiba-ñes. Eso sí, defendió a Nosiglia con elargumento de que «habitualmente se le reprochan responsabilidades y conductas alas que es ajeno». Casi una lección irónica para De la Rúa sobre cómo se deberespaldar a los colaboradores.

 

Esfuerzo

 

La señal de Alfonsín repicóen el bloque radical de Diputados. Allí se decidió de inmediato que hoy sepedirá formalmente la renuncia de De Santibañes. El presidente de esa bancada,Horacio Pernasetti, mantuvo una conversación al respecto con el jefe delradicalismo. Desde Formosa y en declaraciones periodísticas que realizó alllegar al Aeroparque, De la Rúa admitió que De Santibañes no es inamovible perohizo un último esfuerzo por dejar a resguardo la imagen presidencial. Fue lasalida, enteramente artificial, que le proveyó Alfonsín con lo de «renuncia noperentoria». El secretario de Inteligencia, por su parte, dijo que «a nadie legusta sentirse presionado» y que deja-rá el puesto «cuando el Presidente me lopida».

A los radicales no lesgusta, al parecer, el fútbol (ofrecieron una conferencia de prensa durante elpartido Argentina-Uruguay). Al parecer tampoco disfrutan con la música: anocheel Colón ofrecía la inusual presentación de la Sinfónica de Chicago dirigidapor Daniel Bareinboim pero la crisis los obligó a comer en Olivos (ni José LuisMachinea pudo disfrutar del espectáculo: a él lo esperaba Henry Kissinger en lode José «Puchi» Rohm, banquero que seguramente lo habrá ilustrado sobre lascavilaciones de Alvarez, con quien dialoga a menudo).

 

Ultimátum

 

En la residencia presidencial,De la Rúa fue informado sobre el ultimátum de Alvarez y, nuevamente, escuchólas razones por las cuales debe someterse otra vez a esas presiones. Alfonsín,Storani, la gran mayoría de los radicales, manifiesta un solo temor: que lacrisis de la Alianza desemboque en la presentación de listas separadas en laselecciones del año próximo, sobre todo en las de la provincia de Buenos Aires.Además, la «nomenklatura» radical previene al Presidente sobre la fragmentaciónde su base parlamentaria en Diputados en caso de que esa fractura se produzca.Esa es la extorsión última que hoy ejerce Alvarez para moldear, desde fuera delgobierno, la gestión de De la Rúa. Anoche, en Olivos, eran razones de peso queservían, en casos como el de Alfonsín y Storani, para encubrir unaanimadversión personal hacia De Santibañes. Es que cuando Chacho se queja del«entorno presidencial» sabe de antemano que contará con la solidaridadinstantánea del jefe de la UCR y del ministro del Interior, quien durante elfin de semana se dedicó a divulgar el disgusto que le produjo asistir, elviernes, a una discusión política en la que participaban exclusivamentepersonas con el apellido De la Rúa. El Presidente debe intuir, si entiende eljuego, que pronto irán por su hijo.

Por si faltaban pocosproblemas, en la mesa presidencial se comenzó a tratar también anoche elascenso de Losada a la conducción provisional del Senado, la sesión en la quese le aceptará la renuncia a Alvarez (tratan de moderar cualquier agresividadverbal) y la sucesión que quedó abierta en la conducción del bloque radical,cargo que José María García Arecha se negaba a ocupar anoche. Mientras setrataba esa agenda, De Santibañes ya daba sus últimos estertores, «noperentorios». De la Rúa volvía a ceder, a plazo, con esa forma de matar quetienen los radicales. Acaso una herencia de Leandro Alem, quien se pegó un tirofrente a su casa pero nadie se enteró de su muerte hasta que un cochero lodepositó, ya rígido, en el Club del Progreso

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