10 de junio 2005 - 00:00

Admite el gobierno la ola de conflictividad laboral

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Néstor Kirchner admitió ayer por vez primera que el país está afectado por una ola de conflictividad social. Advertida por la opinión pública, los empresarios y los medios, el Presidente trató de minimizar sus efectos como suele hacer con otros padecimientos de la coyuntura. En un pasaje del discurso que dio ayer en Santa Fe, Kirchner usó los mismos conceptos que suele emplear Hugo Moyano cuando justifica sus movidas gremiales en la captura de afiliados de otras organizaciones, cuando manda al paro a recolectores de basura de empresas que además se le atribuyen como empresario: que el país ha vivido mucho tiempo sin conflictos y que hay que empezar a acostumbrarse a ellos.

«Tenemos que lograr que tanto trabajadores como empresarios logren el consenso para conseguir los objetivos sectoriales. Durante más de 15 años los trabajadores se mantuvieron callados para intentar conservar su trabajo»,
subrayó el jefe de Estado. Y agregó: «Hoy vemos una movilización de trabajadores que salen a discutir con los empresarios una distribución más equitativa de la riqueza, una discusión que tiene que ser racional y responsable, que no quiebre la empresa, pero que mejore de a poco el ingreso de los trabajadores».

Nerviosos

Kirchner señaló que algunos se «ponen nerviosos con este tema» y deslizan la posibilidad de una conflictividad social. Kirchner desalentó esos temores y agregó que los trabajadores deben participar «directamente en la distribución de la riqueza».

No mencionó los factores que desencadenan esa conflictividad social, que no son sólo los activistas espontáneos que buscan mejoras salariales. Un factor clave es el propio gobierno que, aunque ahora pida racionalidad y responsabilidad, transmite el mensaje de que no hay funcionario que les ponga límite a los conflictos. El Ministerio de Trabajo está superado y llega tarde. Ni qué decir de la Justicia, donde no hay juez que dicte una medida que no sea en favor de los activistas.

Rodeado por funcionarios a quienes cubrió de elogios, como Jorge Obeid y Carlos Reutemann, Kirchner echó mano de metáforas conocidas para justificar la existencia de los conflictos: «Yo no quiero el orden de los cementerios -innovó para agregar: quiero un pueblo que viva, que fluya, que reclame si es necesario por sus derechos y sus conquistas».

«Quiero empresarios nacionales
-siguió- que construyan la economía de producción, trabajo e industria; quiero volver a ver florecer a la clase media argentina con esa movilidad ascendente que fue un elemento transformador de cambio fundamental y quiero que se reconstruya con derechos, que se reconstruya preparándola, que se reconstruya con derecho al trabajo la gloriosa clase trabajadora argentina.» (Aplausos.)

Tras glosar su estilo agresivo para entenderse con Brasil y el FMI (ver pág. 8), el Presidente volvió a reclamar el voto en las elecciones del 23 de octubre como la única manera de salir del corralito de 22% de los votos que logró en su derrota ante Carlos Menem el 27 de abril de 2003: « También se oponen y se enojan cuando yo pido el apoyo del pueblo argentino, se enojan cuando tiendo mis manos para tocarlos y besarlos».

Enojado, se quejó de quienes se enojan porque lo quieren separar del pueblo. Atribuyó esa mezquindad a «los intereses que quieren alejar a los presidentes del pueblo.Y entre los intereses y el pueblo -decidió- no tengo ninguna duda, estoy al lado del pueblo argentino dándole el lugar que corresponde a los intereses, custodiado por este pueblo argentino».

• Respaldo

No habló de plebiscito, pero defendió la idea de jugar en las legislativas un respaldo al Ejecutivo: «Yo necesito que los legisladores nacionales me acompañen. No me sirve que me vayan a dar un beso y un abrazo, y me digan: 'está bien lo que estás haciendo'; independientemente de qué partido sean, les pido que me acompañen, porque si me dicen: ' estamos de acuerdo con lo que estás haciendo' y me votan en contra, como les pasa a legisladores de otros partidos, no me están ayudando votando todo en contra, cuando la Argentina necesita la actitud solidaria y permanente para ir adelante».

«También me dicen
-se encrespó- que soy un imprudente institucional cuando digo que el 23 de octubre necesito que el pueblo argentino me acompañe. Ustedes ni imaginan, escúchenme bien, las cosas que me hicieron diciendo que yo tenía nada más que 22 por ciento de los votos, que era un presidente débil, que era esto, que era lo otro, que era aquello. Se imaginan si el 23 de octubre los intereses de los que quieren que la Argentina vuelva a las manos de siempre, logran que la elección no sea satisfactoria, ¿cómo voy a hacer yo para gobernar? Tratan de esconderse en ese sentido, cómo va a decir, qué antidemocrático es que dice que se plebiscita la gestión. No voy a ser autista como aquel presidente que se escapó en helicóptero de la Casa Rosada, que decía que no iba a elección.»

• Sin alternativas

Explicó Kirchner que «acá el 23 de octubre no se vota ni por un concejal más ni por un concejal menos, ni por un diputado más ni un diputado menos, el 23 de octubre se vota por la consolidación de este proyecto nacional, transformador de la Argentina o por la vuelta al pasado. No hay alternativas en el medio, ésta es la realidad concreta y ustedes lo ven. Miren cómo han aparecido juntándose el otro día, aquel que fue ministro de Economía por pocos días y que la receta que tenía era sacarle plata a la universidad, bajar los sueldos, sacarles plata a las provincias, y ahora nos viene a decir que quiere construir la nueva Argentina. Es la nueva cara que tienen los intereses de la destrucción del país, para ver si pueden volver a tomar la iniciativa. Por eso el 23 de octubre se juega el modelo de Nación o volver a consolidarel proyecto que arruinóa la Argentina en los años '90.Yo convoco a los argentinos a consolidar el proyecto de la Nación con identidad nacional, con inclusión social, la lucha contra la indigencia, contra la pobreza y para la construcción del empleo».

Al final del discurso fue cuando admitió la conflictividad social que se manifiesta en todo el país. Lo hizo en estos términos: «Muchos, durante 15 años se acostumbraron al silencio, que los trabajadores para poder mantener su puesto tengan la boca absolutamente callada. Igual muchos lo perdieron. Y hoy, cuando ven una movilización de trabajadores que salen a discutir con los empresarios una distribución más equitativa de la riqueza, racional y responsable, que no quiebra al empresario, pero que vaya haciendo mejorar de a poco al trabajador, algunos se ponen nerviosos y dicen 'marco de conflictividad social' ¿Qué quieren, un pueblo apagado, sin esperanza? Es justo que el trabajador participe más en la distribución de la riqueza argentina, es justo y totalmente absoluto, razonable y responsable. Es justa la defensa también de nuestros empresarios nacionales y es justo que logremos la conciliación de los intereses».

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