5 de abril 2001 - 00:00

Agresividad en la Santa Sede

Al Santo Padre no ha de gustarle, por razones elementales de caridad, que sus hijos se peleen «a los pies de San Pedro». Pero es lo que sucedió ayer, cuando uno de ellos, el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, en plena visita de Fernando de la Rúa a la Santa Sede, denostó la política que el gobierno de Carlos Menem había mantenido en relación con los prelados a los que él mismo estaba visitando.

«Nosotros tenemos una actitud clara y directa, transparente y unívoca con la Iglesia argentina. Acá no hay capillas secretas», dijo el canciller. Después, tuvo que hacer equilibrio en relación con un tema espinoso, cuya aparición tampoco fue propicia mientras el Presidente realiza su peregrinación al Vaticano. Se trata de la ley de «salud reproductiva», que regula los métodos de anticoncepción, y que fue impulsada por numerosas diputadas de la Alianza. Prudente y tal vez incómodo, Giavarini dijo: «Nosotros tenemos claro cuáles son los principios y no necesitamos que nos recuerden cuáles son nuestras convicciones. El tema de la defensa de la vida desde la concepción está absolutamente garantizado».

El ministro hizo estas declaraciones en medio de una conferencia de prensa ofrecida en la casa del embajador ante la Santa Sede, después de visitar al canciller del Vaticano, monseñor Jean Marie Tauran. No esperaba, seguramente, que le contestaran tan rápidamente, desde Buenos Aires.

El encargado de hacerlo fue Esteban Caselli, ex embajador argentino ante el papado durante los tres últimos años de la presidencia Menem y, probablemente, el hombre de mejor llegada hoy a la Santa Sede en la Argentina. Se notó esa cercanía, porque Caselli adoptó una estrategia típicamente eclesiástica para contestarle al canciller: más que hostigar a Giavarini, elogió a su jefe De la Rúa.

Lo saludó porque «condenó el aborto, la manipulación genética y la xenofobia», y fue más allá: «Me enorgullezco de tener un presidente que hoy bregó contra el aborto, la manipulación genética, la eutanasia y la xenofobia», dijo Caselli, quien por un instante pareció sustituir al canciller por el calor de su adhesión a las declaraciones de De la Rúa. El ex embajador atribuyó a esa postura del Presidente el éxito que, según vaticinó, tendría la visita: «Seguramente, cuando esto mismo se lo manifieste mañana (por hoy) al Santo Padre, la audiencia papal habrá sido un éxito».

En la postura de Caselli, Giavarini sólo contribuyó ayer a entorpecer el final feliz de la audiencia. El actual secretario general de la gobernación bonaerense colocó al canciller en el Purgatorio (por lo menos), observando que «esa claridad presidencial en la defensa de los valores cristianos contrasta con la oscuridad de algunas afirmaciones del canciller que pareciera dar por descontado que el Congreso aprobará la polémica ley de salud reproductiva». «En cuanto a la denuncia sobre capillas secretas que supuestamente manejaron las relaciones con el Vaticano durante el gobierno anterior, al cual también estoy orgulloso de haber pertenecido, parece una expresión más cercana al rencor o a un viejo 'gorilismo' que a la de un miembro de un gobierno que acaba de convocar a la unidad nacional, según el dramático llamado del presidente De la Rúa», dijo Caselli.

Caselli no quiso tanto salir en defensa de su gestión ni la de Menem sino que, más agresivamente, vindicó al episcopado: «No merecen los obispos argentinos que se les hable de la existencia de capillas, durante ningún gobierno», expresó el ex embajador. Después ironizó sobre el canciller y su pronóstico sobre que el proyecto de ley de salud reproductiva «está bien encaminado». Según Caselli: «O el canciller tiene una poderosísima influencia en el Parlamento o ignora el atributo constitucional del veto presidencial contra una norma que se oponga a las políticas de Estado».

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