Un juez marplatense, Eduardo Farah, ocupará desde mañana el despacho que en la primavera pasada dejó el camarista Raúl Vigliani. La comisión de Selección del Consejo de la Magistratura aprobó que subrogara ese cargo por seis meses, aunque podría extender su mandato por otros seis más. Lo eligió de una terna de la cual, prácticamente, los otros dos oponentes no tenían chances de acceder a ese puesto. El juez federal de Mar del Plata compitió contra un juez de Instrucción de primera instancia y otro de Ejecución Penal.
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El ascenso de Farah, fue promovido por dos padrinos de peso: el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el secretario legal y técnico, Carlos Zannini.
Su designación para reemplazar a Vigliani en la estratégica Sala I estuvo precedida de un manoseo cargado de pasiones producto de juicios políticos y de las disidencias internas entre los componentes de la Cámara Federal.
Concretamente, la confrontación pasa entre Gabriel Cavallo y Eduardo Freiler versus Martín Irurzun, Eduardo Luraschi y Horacio Cattani, integrantes de la Sala II, que buscó (y logró) instalar al candidato del gobierno para tener mayor control en Comodoro Py.
La lista de los propuestos para ocupar la vacante fue tan extensa y variopinta que sólo se recuerda el nombre de los candidatos más serios; Jorge Ballestero, Mario Filozof y la jueza María Servini de Cubría. Después de eso, todas fueron discusiones estériles que mostraron la ambición de los camaristas.
La ausencia de uno de los miembros paralizó el trabajo de la Sala I. Como presidente de la Cámara, Cavallo no puede decidir nada cuando entra en disidencia con Freiler. Por lo tanto, está obligado a llamar a un tercero para definir. Cuando recurrían a la Sala II para sortear este problema, sus colegas siempre le daban la espalda.
La sala II de Irurzun-Luraschi-Cattani es bloque monolítico integrado y consolidado con el tiempo, no muy común de ver en la Justicia. El trío -que sabe de la alianza efímera entre Cavallo y Freiler- ha sabido aprovechar la distancia colando a un hombre de su confianza. Fruto de estas cuestiones humanas, el juez Farah se topó un cargo de importancia y de una forma que siempre se emparienta con el dedo al que el oficialismo suele recurrir con frecuencia cuando se trata de dar cargos que les interesa manejar desde la política.
Habrá sido complicada la pelea interna entre los camaristas porteños que la terna enviada al Consejo de la Magistratura llegó sin un orden de prelación. Los nombres fueron acomodados alfabéticamente: Delgado Sergio, juez nacional en lo criminal de instrucción; Farah Eduardo, juez federal; y Gorini Jorge, juez de Ejecución Penal. Los consejeros/jueces se convirtieron en encargados de destacar los presuntos méritos del ascendente juez federal que no figuraron en la lista de nominados que envió la Cámara Federal.
El nombre de Farah ya estaba instalado en el consejo de jueces porque está concursando para ocupar un cargo en la Cámara Federal de San Martín donde obtuvo el primer puesto y para un Tribunal Oral Federal, donde aparece en segundo lugar en la terna que el plenario tratará el jueves próximo para enviar al Ejecutivo.
Farah comenzó su carrera en 1985 y desde allí tuvo un paso vertiginoso por varios tribunales. En la época de los «carapintadas», estuvo en la Cámara Casación y varios años después fue nombrado juez de Lomas de Zamora. Luego en 2004 fue designado juez federal de Mar del Plata.
Tuvo en sus manos una causa que involucró a Felipe Solá en los temas de permiso de pesca y también, la causa «Pescado Blanco» que fue montada e investigada desde Europa por el tráfico de casi 500 kilos de cocaína.
Farah oportunamente se excusó en varias causas judiciales. La más llamativa fue la del faltante de droga en el Tribunal Penal Oral marplantense, aduciendo motivos de ética.
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