Su aerofobia, entendible en quien desprecia lo que carece de ruedas y bocina, le negó la foto: el pánico a volar fue para Hugo Moyano más potente que el deseo de posar en la OIT junto a Cristina Fernández a quien, aún con dudas que aprendió a silenciar, ya trata como presidenta.
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La postal no pudo ser, pero el viaje de la primera dama a la OIT fue la excusa para que Moyano y Cristina hablen luego un largo rato. Formal, protocolar, el camionero agradeció la presencia en Ginebra. «Nunca estuvo un... una candidato presidencial de Argentina», se atascó.
Antes, en febrero, con tono amigable, el camionero llamó a la senadora para saludarla por su cumpleaños. «Dígame Cristina, Moyano», ordenó la senadora algo incómoda por el hierático «señora» que usaba el camionero. «Está bien, Cristina», obedeció.
El jefe de la CGT, que dialoga con Néstor Kirchner más y en mejores términos que muchos ministros, empezó un acelerado curso para moldearse al escenario que, según analiza con sus laderos más fieles, imagina en 2008 con Cristina Kirchner al frente del gobierno.
Industria vs. servicios
Pero más que el vínculo con la primera dama, el camionero palpita al ritmo de otra obsesión: a mitad del año próximo se agota su mandato de cuatro años como jefe de la CGT y cada vez más visiblemente se desarrolla una pulseada por su sucesión que gobierna todos sus movimientos.
Se atribuye a Néstor Kirchner un comentario según el cual en una etapa superadora, la CGT debería dejar de ser conducida por un dirigente gremial del sector servicios, como el caso de Moyano, para quedar en manos de un hombre del sector de la producción.
Se agrega, inclusive, una referencia a la UOM y puntualmente a Antonio Caló, secretario general de la UOM Capital. La semana pasada al frente de una populosa comitiva, Caló se fotografió con Kirchner en la Casa Rosada desde donde respaldó la candidatura de la senadora.
Cerca de Moyano denuncian la mano de Alberto Fernández detrás de ambas maniobras como parte de un circuito que involucra también a Andrés Rodríguez de UPCN. A la pesca de una conspiración, imaginan una usina antimoyanista en la Jefatura de Gabinete.
Como todo lo que orbita alrededor del gobierno, los forcejos por la sucesión de Moyano derivan inevitablemente en el duelo entre Fernández y el ministro de Planificación, Julio De Vido. En rigor, bajo el teórico amparo de De Vido, se gesta la contraofensiva.
La clave es, en ese esquema, el eje del transporte que comparten, con matices y distancias, Moyano, Omar Maturano (Fraternidad) y Roberto Fernández de la UTA, a quien se menciona menos cercano al camionero que su antecesor, Juan Manuel Palacios.
«Los fierros los tiene el transporte, no la industria. Si paran los metalúrgicos, ¿quién se entera?», aportaba, sin filtro, un jefe sindical que marcha junto al camionero. ¿A quién va dirigido ese mensaje con formato de amenaza? ¿A la UOM o al gobierno?
En charlas cerradas, casi íntimas, Moyano ha jugueteado a lo Kirchner con la idea de que no peleará por su reelección el año próximo. Aunque nadie le cree, el planteo esconde un interrogante: ¿si quisiera, tendría número suficiente para garantizarse otro mandato?
Los vaivenes de los últimos tiempos en la CGT lo obligarían a un acuerdo, quizá leonino, con los que le impusieron una «mesa chica» como órgano de gobierno ad hoc de la cúpula gremial a cambio de darle quórum para que vuelva a funcionar la central de Azopardo.
Ese pacto todavía está tibio: Moyano tuvo que aceptar el pliego de condiciones redactado por Rodríguez, Gerardo Martínez (UOCRA) y el gastronómico Luis Barrionuevo, donde figuró que una butaca en la mesa chica sería para Caló, a pesar de que la UOM no estaba integrada en la CGT.
Repetición
No sin maldad, sus enemigos dicen en tono de broma que Moyano querrá repetir el modelo de camioneros donde dejó a su hijo, Pablo, a cargo. Es, se presume, sólo una humorada. Otras voces sugieren el nombre del maquinista Maturano como candidato de la rama transporte.
La historia de Caló, que la semana pasada fue recibido por Kirchner y que sería motorizado por Fernández, puede contarse en pocas líneas. Atado a Lorenzo Miguel -ambos trabajaban en la fábrica Pirelli Cables-, escaló lento pero seguro en la estructura de la UOM.
En 2004 llegó a la secretaría general, luego de desplazar a Roberto Monteverde. Los moyanistas le imputan una debilidad congénita: «Si ni siquiera maneja la UOM --aguijonean que es una sumatoria de jefaturas individuales, no va a poder manejar la CGT».
Algo es cierto: la UOM es una confederación ecléctica donde conviven Caló con « Manolo» Torres, mano derecha de Hugo Curto, y Francisco «Barba» Gutiérrez. No es precisamente un gremio con uniformidad de criterios aunque días atrás, como colegiales, se cuadraron ante Kirchner.
Por lo pronto, el jueves Moyano estará en La Plata en el lanzamiento de la candidatura de Cristina Fernández. «Que Hugo esté el jueves confirma que el pacto social que el gobierno firmó con la CGT continúa a pesar de quién será el candidato», dijo ayer un moy a n i s t a .
En el lenguaje lineal, pero críptico, de los metalúrgicos anoche no estaba claro si Caló estaría o no en el show en el Teatro Argentino.
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