17 de julio 2001 - 00:00

Alfonsín-Colombo negociaron la paz

Chrystian Colombo se comunicó ayer con Raúl Alfonsín y trató de hacer las paces. La pelea que ambos habían protagonizado el domingo por la mañana había sido el factor principal que llevó a Alfonsín a aislarse del gobierno: desconectó los teléfonos para cualquier representante de Olivos que quisiera comunicarse con él. Es cierto que con «el Vikingo» Colombo no tiene una mala relación, gracias sobre todo a los oficios de Enrique «Coti» Nosiglia, que por conciliador ya va pareciéndose más al «Sai Baba» que al peleador implacable que muchos imaginan. Pero el jefe de Gabinete había estado especialmente duro esa mañana: «Usted quiere manejar la política económica y sustituir al Presidente. Siga así que va a lograr por segunda vez llevarnos al desastre, como en 1989», se excedió Colombo. Alfonsín estalló en ira y si no lo hizo retirar por la custodia fue porque, en el fondo, sigue respetando a los hombres con poder como le sucedió toda su vida. Pero a partir de ese mediodía se cansó de repetir: «Estoy enojado por la falta de respeto de ese mozo».

El jefe de Gabinete llamó ayer al departamento de la avenida Santa Fe y, con lógica de rugbier, le explicó al ex presidente que «todos estamos muy tensionados, se me fue la sangre boer a la cabeza y me mandé una macana; le pido que me disculpe, Raúl». Alfonsín no dudó un minuto en ablandarse -tal como Nosiglia le había prometido al propio Colombo que sucedería-y, por la noche, pareció contestarle desde la tribuna televisiva: «Hay que recuperar la calma, no ponerse nerviosos; vamos a ver el resultado de los estudios que está haciendo el gobierno de la propuesta que le realizamos», señaló, simulando que De la Rúa quedó entusiasmado con su «plan alternativo». Acaso tenga derecho a pensar esto el jefe de la UCR: ayer en Olivos aceptaron la contrapropuesta de los gobernadores del PJ así que bien tiene derecho a suponer que considerarán la suya. Después de todo, es el titular de un partido de gobierno, ha conseguido el consenso del Frepaso para una política de déficit cero y, en buena medida, con recomendaciones más sensatas que las que Cavallo le propuso al resto del gobierno (se nota que las pensó en un avión, presa del insomnio, al cabo de tres noches sin pegar un ojo, como lo confesó).

En rigor, Alfonsín estuvo cumpliendo con lo pactado con los distintos emisarios que, discretamente, le envió el Presidente en las últimas veinticuatro horas. Uno fue su propio hermano, Jorge, quien cuando se precipitan los conflictos suele estar más cerca de Alfonsín que de quien lleva su apellido: así fue cuando se suscribió el Pacto de Olivos, cuando el actual ministro de Justicia se postuló como constituyente de una reforma que Fernando de la Rúa repudiaba. Otro pacificador de Olivos fue Horacio Jaunarena, aunque como el anterior se trata de alguien más afín al ex presidente que a quien supuestamente lo envía. Finalmente, Angel Rozas se cuidó bien de enviar a la casa del jefe partidario el documento que firmaron los gobernadores de la Alianza, aunque más no sea como una cortesía (Alfonsín se enteró por el chaqueño, no por algún funcionario del gabinete, lo que contribuyó a irritarlo más). Rozas, como se ve, sabe cómo cultivar los votos que necesita.

Con esas consideraciones y mimos, desde Olivos se intentó despejar la imagen que se había generado durante el fin de semana, sobre todo a partir de una comida que se realizó el viernes. Ese día, De la Rúa sentó a su mesa a sus hijos Antonio y Aíto, a Colombo, Patricia Bullrich, Juan Pablo Baylac y Armando Caro Figueroa. Más tarde se agregaron, para servirse el asado con ensaladas, Rafael Pascual y Horacio Pernasetti. Todos estaban enardecidos con Alfonsín, que le dio altavoz a Hugo Moyano esa tarde, exactamente cuando los gobernadores del PJ eran recibidos en Olivos para negociar un pacto. En ese clima, De la Rúa escuchó de Bullrich y Baylac: «Presidente, tiene que decir explícitamente que usted no quiere terminar como él, que usted va a terminar su mandato como corresponde». De la Rúa escuchó, se levantó y se fue a dormir.

La Bullrich se envalentonó con esa ausencia y subió el tono de sus quejas sobre Alfonsín: «Hay que mandarlo a la mierda y gobernar con el PJ», se embaló, mientras Pernasetti le decía, parsimonioso: «No es así, muchacha, no es así». Baylac terminó, como siempre, encerrado en metáforas de medianoche, referidas a «putas y whisky» lo que obligó a Colombo a preguntarle: «Juan Pablo, ¿por qué en todas tus explicaciones aparecen las putas y el whisky?». La respuesta se perdió porque Antonio de la Rúa, mirando a un punto fijo, reflexionó: «Ustedes se ríen, hablan de romper con Alfonsín, pero acá la semana que viene estalla todo y nadie sabe cómo seguir...». Todos guardaron silencio y algunos entendieron por qué el padre del muchacho dispuso de tantos emisarios para aplacar al mandamás de la avenida Santa Fe.

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