AMIA: reclamó Cristina que Irán expatríe a sospechosos

Política

Nueva York (enviado especial) - Cristina de Kirchner le reclamó ayer a Irán que acceda a entregar a la Justicia argentina a sus ex funcionarios acusados por el atentado a la AMIA en 1994. Para justificarlo, les prometió a los iraníes juicios públicos con garantías de defensa y hasta aceptó que se llevaran a cabo bajo control internacional.

Fue el giro que eligió en su mensaje ante la Asamblea de la ONU para reforzar la posición que su marido había planteado hace un año en ese mismo foro, aunque no consiguió que tuviera el mismo impacto que esta presentación.

En aquel momento, Kirchner exigió a Interpol que avanzara con el pedido de captura internacional de los iraníes involucrados en la investigación por el caso AMIA con una contundencia que le valió el aplauso de la Asamblea. Ya se sabía que era imposible que el pedido fuera cumplido: Interpol poco puede hacer, aunque lo quisiera, por capturar ciudadanos salvo que salgan de su país.

Por eso ayer la comunidad judía y los familiares de víctimas de los atentados que la escuchaban en la ONU eligieron no criticar frontalmente el mensaje de la Presidente, aunque le recordaron que aún no existe una presentación del gobierno argentino ante la OEA reclamando el apoyo de los países de América para la captura de los iraníes. Quedó claro que el mensaje iba hacia la sociedad que el gobierno mantiene con Hugo Chávez, único amigo abierto de Irán en Sudamérica.

  • Ausencia

    Aunque se reconozca que el gobierno no puede hacer mucho más que reclamar la presencia de los iraníes y garantizarles un juicio imparcial, hubo una ausencia en el discurso de Cristina de Kirchner que llamó la atención. En ningún momento se escuchó una condena a todo el terrorismo internacional, como sí hizo Néstor Kirchner hace un año. No sólo los familiares de víctimas seguían el discurso de la Presidente: fuera del enorme edificio de las Naciones Unidas cientos de manifestantes de distintas organizaciones rechazaban la presencia allí del presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, con pancartas y figuras humanas pintadas de negro en una suerte de cementerio simulado que montaron frente al ingreso de los presidentes a la ONU. Curiosamente, Ahmadinejady George W. Bush estuvieron entre sí más cerca que cualquier otro presidente: el estadounidense se alojó, como siempre en Nueva York, en el Hotel Waldorf Astoria, mientras que el iraní lo hizo en la vereda de enfrente. Las comitivas y los cuerpos de seguridad de ambos se cruzaron en la misma calle todo el día.

    Quizás no quiso Cristina de Kirchner acercarse demasiado al discurso que una hora antes de su presentación había hecho Bush cuando advirtió que «en los años venideros deberán enfrentar el temor» de condenar a Irán y a Corea del Norte, al hablar sobre la lucha contra el terrorismo, pero alcanzó para no llevarse una crítica unánime de toda la comunidad judía que viajó a esta ciudad.

    «La Presidenta reiteró el pedido a Irán, en esta etapa de la conexión internacional, de cumplir con la Justicia argentina», afirmó Angel Schindel a la salida. Fue la primera declaración de conveniencia de un dirigente que luego recordó que «sólo faltó que abordara el tema del incremento del comercio con Irán», pero se esperanzó con que el tema sea corregido en el futuro. Ese es uno de los problemas que hoy dividen al gobierno de esa comunidad: «Irán bloqueó el comercio con la Argentina cuando se pidió a Interpol la captura de los funcionarios, pero nuestro país nunca lo hizo.
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