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27 de febrero 2008 - 00:00

Aníbal Fernández ''cree'', pero no soluciona

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Cristina de Kirchner, ayer, en la muestra de fotografías de desaparecidosen la represión clandestina de las guerrillas en el Centro Recoleta de Capital Federal, junto a su asesor Horacio Verbitsky y el ministro macrista Hernán Lombardi.
Aníbal Fernández manifestó ayer que no tiene «ninguna duda» de que «no fue un suicidio» la muerte del ex represor Héctor Febres, quien estaba detenido en dependencias de la Prefectura acusado de violaciones a los derechos humanos. La grave afirmación la hizo el funcionario que es responsable político de las fuerzas de seguridad -antes como ministro de Interior, ahora en Justicia-. Si esto fuera así, se expondría a responsabilidades similares a que se han formulado a otros funcionarios bajo cuya jurisdicción ocurrieron hechos delictuosos, sin ir más lejos el ex jefe de Gobierno porteño Aníbal Ibarra por la tragedia de Cromañon. El actual legislador Ibarra no recibió reproches judiciales por ese hecho, pero en lo político sí: fue destituido del cargo.Las declaraciones de este Fernández tuvieron lugar en el Senado de la Nación, hasta donde llegó para participar de un encuentro en la Comisión de Legislación General en la que se debate el proyecto para establecer la obligatoriedad del doble apellido.

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Febres murió a causa de la ingesta de cianuro, según la autopsia ordenada por la Justicia, aunque aún no está determinado en términos legales si se trató de un suicidio o si alguien le suministró el veneno para matarlo.

Febres era un testigo clave en la denominada causa ESMA, en la que se investiga la existencia de un supuesto plan sistemático par el robo de bebés nacidos en cautiverio entre 1976 y 1983.

Febres apareció envenenado el 10 de diciembre pasado en el interior de su celda, en Delta. Por ese hecho, ya fueron procesados el ex prefecto Angel Volpi y el ex jefe del destacamento Delta Rubén Iglesias. Además, la jueza federal de San Isidro Sandra Arroyo procesó a la esposa y a los dos hijos del ex prefecto por encubrimiento.

Para la magistrada hubo una clara intención de hacer callar a Febres, quien iba a escuchar el veredicto de un tribunal oral que lo estaba enjuiciando por torturas y vejámenes en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

En tanto, el presunto represor Eduardo «Tucu» Constanzo, acusado de delitos de lesa humanidad cuando se desempeñaba como ex agente de inteligencia del Ejército en la ciudad de Rosario, quien confesó a la Justicia ser «el próximo Febres».

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