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5 de abril 2006 - 00:00

Aplaca Solá puja por la sucesión en Buenos Aires

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Felipe Solá
Felipe Solá logró domar aunque no desactivar la crisis que estalló en su gobierno tras la renuncia -luego levantada- del jefe de Gabinete, Mario Oporto. Solá frenó esa estampida pero no pudo ocultar que, sin tregua ni compasión, se largó la pulseada por su sucesión en 2007.

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En sí, la continuidad o no del funcionario sería una anécdota. Pero el modo y el porqué de su dimisión incumplida -que llegó a redactar pero no llevó al despacho del gobernador-revelan el tenor y la premura de las múltiples riñas bonaerenses cuando falta más de un año para la elección.

Oporto pataleó porque Adriana Puiggrós, su sucesora en Educación, cambió a un funcionario de su confianza para ubicar en ese cargo a la ex frepasista Mary Sánchez. Inhábil o provocadora, Puiggrós barrió a los ajenos sin compulsar cómo caería esa decisión.

La ministra abrió, sin embargo, un atajo para que Oporto canalice un malestar que excede por mucho ese episodio de cargos y nombramientos, y que refiere a una cuestión más tórrida: su certeza de que estaba siendo desplazado del centro del ring.

El jefe de los ministros de Solá cometió un doble error: creyó que desde la Jefatura de Gabinete podría construir una precandidatura a la gobernación para 2007 y que, además, en ese plan de proyección no chocaría con los obstáculos que la lógica indica que encontraría.

Ocurrió lo obvio: el plan expansionista de Oporto chocó de inmediato con el expansionismo del ministro de Gobierno, Florencio Randazzo, y tropezó con la osadía de Emilio Pérsico, piquetero del Movimiento Evita, que Solá nombró como segundo -con juego propiode Oporto.

El lunes, Solá habló con su ministro y, por teléfono, lo convenció de que pacifique sus quejas. Resultado: Oporto resignó sus pretensiones de que el gobernador le otorgue una relevancia especial y, por otro lado, mude a Pérsicoa otro despacho.

No logró ni una cosa ni la otra. A pesar de eso, el jefe de Gabinete aceptó seguir siendo funcionario con lo que demoró por un tiempo -¿unos días; unas semanas?- el turno de convertirse en la primera víctima de la maratón por la herencia de Solá. Claro, no será la única.

En rigor, en la provincia hubo en las últimas semanas una carga extra de TNT. La amenaza de renuncia de Oporto fue, apenas, un round de una pelea larga y sangrienta. Un breve repaso permite detectar, por caso, los persistentes rumores de salida de Aníbal Fernández del Ministerio del Interior, ruidoque el fin de semana -luego de una visita del quilmeño a la quinta de Olivos- parece haberse moderado.

También deben computarse el presunto veto de un sector del gobierno (¿bajo el auspicio de la primera dama Cristina Fernández?) a uno de los principales candidatos bonaerenses -Randazzo- y las denuncias que se apilan sobre la gestión de otro anotado, Sergio Massa del ANSeS.

La aparición de verano de Jorge Taiana como candidato «modelo», la autopromoción sectorial de Nilda Garré y el renacer de José «Pepe» Pampuro deben incluirse en ese paquete de novedades, al igual que el reposicionamiento de Alberto Balestrini y la tarea, fina y sobria, que comenzó a desarrollar Carlos Mosse a pedido de Kirchner.

Es casi una obviedad machacar con las excursiones de la senadora Alicia Kirchner por el conurbano profundo promocionando candidatos «margaritos» y la ahora aplacada -aunque vigente- difusión de Cristina gobernadora que comanda Dante Dovena.

Semejante diversidad de actores está orientada a establecer como elector único y exclusivo del próximo candidato a gobernador a Néstor Kirchner aunque otros, como Solá, todavía se reservan un poder selectivo: pueden, al menos, desactivar las pretensiones de más de uno. Oporto es la prueba de ello.

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