28 de octubre 2005 - 00:00

Apuran fórmula comercial para que Kirchner se vea con Lula

Como adelantó ayer este diario, los diplomáticos argentinos y brasileños trabajan contra reloj para llegar a un acuerdo en la fórmula por la cual se evitará que haya distorsiones comerciales dañinas en el flujo entre los dos países. Alcanzar esa ecuación se ha vuelto decisivo para que se faciliten los festejos por los 20 años del Mercosur: hasta anoche, confirmaron fuentes de la Cancillería a este diario, no estaba decidido si Néstor Kirchner iría a la celebración prevista en Iguazú, a dos décadas de que, en el mismo lugar, Raúl Alfonsín y José Sarney suscribieran el acuerdo fundacional de la integración.

Si bien tanto la Cancillería como la Casa Rosada están sometiendo a examen toda la estrategia comercial de la Argentina de los últimos 10 años, no serían las diferencias de mercado las que impedirían el reencuentro entre Kirchner y Luiz Inácio Lula da Silva. Antes que ese problema hay otro más inmediato: el argentino está irritado por el elogio, para él capcioso, que el presidente brasileño hizo de Eduardo Duhalde durante la última Cumbre Sudamericana, celebrada en Brasilia a comienzos de octubre.

Para compensar estas dificultades, tanto Rafael Bielsa como Eduardo Sigal -kirchnerista a cargo de las Relaciones Económicas Latinoamericanas del Palacio San Martín- están intentando que se firmen los acuerdos sobre asimetrías comerciales. La solución estaría a punto de alcanzarse: si un sector denunciara una alteración brusca en el comercio bilateral capaz de causar un daño, se establecería una instancia binacional receptora de esa queja. Esa comisión sería la encargada de evaluar la consistencia del daño denunciado, mientras se reúne a representantes del sector privado y del sector público para llevar a un acuerdo o a una autolimitación que evite el daño, si es que éste fue constatado.

• Alternativa

Un segundo mecanismo sería el de la aplicación de una cláusula capaz de determinar que el producto alrededor del cual se ocasiona el perjuicio sea considerado como un producto extrazona, es decir, se le aplique el arancel externo común.

¿Habrá alguna posibilidad de apelación de este tipo de dictamen? Podría remitirse a los mecanismos de solución de controversias que permitieron, anteayer, que Brasil sea sancionado en favor de la Argentina en el comercio de neumáticos. Es lo que queda para discutirse antes de que Kirchner admita festejar con su colega en Iguazú.

Mientras tanto, Kirchner y Lula deberán zanjar otra querella, relativa también a Duhalde: ¿quién será su sucesor?

Todavía no se sabe cuál será el escenario que predomine después del alejamiento del caudillo de Lomas de Zamora del cargo de secretario del Mercosur.

Por un lado, un sector de la diplomacia sostiene la ventaja de subsumir esa secretaría -creada, en rigor, para Duhalde- en otra de carácter técnico, dentro del marco de una gran reorganización que ajuste las instituciones de coordinación del bloque.

Otro criterio exigiría que el sucesor de Duhalde fuera un brasileño, exclusivamente para obedecer los usos y costumbres que impusieron el orden alfabético para rotar en determinadas posiciones. Brasil iría después de la Argentina. ¿Tiene Lula un funcionario para designar allí, que a la vez ostente la jerarquía política de un ex presidente, como Duhalde? Hay en Brasilia quienes creen que, culpa de la crisis que atraviesa su gobierno, Lula tiene dificultades para encontrar a ese hombre.

Una tercera posibilidad, que todavía anida en la imaginación de Kirchner, es que se designe a Carlos Chacho Alvarez como heredero de Duhalde. Sería un homenaje de dos amigos del ex vicepresidente a ese charlista de Olivos: tanto Marco Aurelio García -encargado de las relaciones internacionales del Planalto- como Tabaré Vázquez -presidente del Uruguay-tienen simpatía por el ex jefe del Frepaso.

No hay demasiada urgencia para definir esta posición de Alvarez. Los cuatro gobiernos del Mercosur deben tener resuelto el problema recién para 8 y 9 de diciembre. Antes, el 30 de noviembre, se cumplirán los 20 años del bloque. Sarney, invitado para la ocasión por Lula -de quien es un sostén político principal- tiene interés en repetir el abrazo con Raúl Alfonsín -quien a diferencia de su ex colega perdió gravitación de manera estrepitosa durante las elecciones del domingo-. Kirchner ya avisó que llevará a Alfonsín consigo hasta Iguazú. Lo que no dijo, todavía, es si irá él. La cumbre de Mar del Plata, el fin de semana próximo, con la presencia de Lula, será una excelente ocasión para aclarar conflictos y despejar esa incógnita.

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