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La Argentina mantiene la calificación de sus puertos como «limpios» que extiende la Organización Marítima Internacional y lidera el sector en toda América latina. Hace más de 15 años que no se reciben denuncias de EE.UU. y de Europa que señalen que buques procedentes de puertos argentinos hayan llegado a destino con tráfico ilícito. Y eso que tanto en Hamburgo, como Rotterdam, Génova o Barcelona, por citar sólo a los más importantes de Europa, hay modernos escáneres que se ocupan de monitorear los contenedores que llegan de todas partes del mundo. La calificación de puertos «limpios» -en oposición a lo de «sucios» por la falta de controles-, no es ajena a la acción que desarrollan cuatro entes en esas estaciones marítimas y fluviales: el sector privado que tiene a cargo la concesión; la Prefectura Naval; la Aduana y la Administración General de Puertos (AGP). Sin embargo, hay un lunar. Es el que recae en las dos últimas, que son las que originalmente debían proveer los escáneres.
Pero, en un gobierno donde ni los ministros pueden definir nada, so capa de recibir una reprimenda posterior de Néstor Kirchner, hubo una velada advertencia: el propio Presidente dijo el año pasado que se consultaría para esa compra al INVAP, la misma empresa que tiene a su cargo el nuevo Plan Nacional de Radarización que, curiosamente, también reclaman desde Washington.
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