15 de noviembre 2000 - 00:00

Aquí Gore ya sería presidente

En los Estados Unidos el partido que gana por un voto en un estado se lleva la totalidad de los electores. Aquí con la ley Sáenz Peña el ganador se llevaba dos tercios y el segundo un tercio del Colegio Electoral en cada distrito. Desde 1963 hasta 1989 se eligieron Colegios Electorales con representación proporcional, salvo en 1973 cuando se votó con distrito único y ballottage.

Esto es importante pues si en 1916 se hubiera aplicado el sistema americano, de llevarse todos los electores, Hipólito Yrigoyen, con más votos populares, hubiera perdido en el Colegio Electoral, por el contrario con representación proporcional Al Gore hubiera tenido el triunfo en la noche del martes.

Apenas se conoció el error de CNN y de los diarios que anunciaron el triunfo de George W. Bush, comenzó en los Estados Unidos el debate sobre la reforma al sistema de colegio electoral al conseguir triunfar Al Gore en el voto popular pero no tener los 271 electores necesarios para ser consagrado presidente.

El debate que recurrentemente tiene lugar en la Argentina sobre los sistemas electorales, ahora se desencadena en los Estados Unidos. Aquí se trata de las elecciones legislativas con el problema de las listas sábanas, en Estados Unidos ese problema no existe pues los representantes se eligen por circunscripción uninominal. Pero ya Richard Nixon cuestionaba la duración del mandato de sólo dos años. «Trabajan seis meses, pues enseguida deben prepararse para la primaria y luego volver a disputar la reelección», sostenía.

Discusión


En estos años en ese país el tema más discutido ha sido el financiamiento de la política, con una Federal Commission bipartidaria que controla el gasto, los aportes estatales y las limitaciones puestas a los aportes privados, aunque no puede inmiscuirse en las campañas indirectas de las ONG que gastan en las campañas tanto como los partidos. Otra cuestión es poner límite a la reelección indefinida de los representantes (diputados).

Sin embargo, la cuestión del Colegio Electoral, suprimido en la Argentina con la reforma constitucional de 1994 como parte central del núcleo de coin-cidencias básicas del Pacto de Olivos, será a partir de ahora el punto que más se debatirá en la democracia del Norte, que desde hace 213 años repite cada cuatro el rito de elegir su presidente, a pesar de la Guerra Civil o las guerras mundiales.

El sistema electoral nunca fue considerado perfecto, pero salvo la elección en la que John F. Kennedy obtuvo la presidencia, las diferencias en este siglo entre el candidato presidencial vencedor y el derrotado fueron tan amplias, que no podían alterarlas pequeñas irregularidades en el conteo de votos, coincidiendo siempre las mayorías populares con el control de los Colegios Electorales. El Colegio Electoral, tanto en los Estados Unidos, como en nuestro país, fue pensado en función del sistema federal. Los electores de las provincias, aquí, de los estados allá, son los que eligen al presidente. Por supuesto también influyó el horror a la tiranía que podría surgir de un demagogo fruto de un origen plebiscitario.

El colegio electoral norteamericano, que es elegido a razón de un elector por cada representante y senador, no ha sufrido deformaciones, pues los representantes se eligen estrictamente de acuerdo a la población estadual y cada 10 años se realiza el censo para redistribuir las bancas en función del acrecentamiento o disminución de la población en cada estado.

En la Argentina el Colegio Electoral se integraba con el doble de la suma de senadores y diputados nacionales. Pero la elección de electores se deformó pues se violó la Constitución, fijando por ley electoral un mínimo de 5 diputados nacionales a cada provincia y un techo a la representación de la Ciudad de Buenos Aires y a la provincia de Buenos Aires.

El debate está abierto, ya Hillary Clinton se ha pronunciado por una enmienda constitucional. Sin embargo, esto no será fácil pues el sistema de enmiendas evita la convocatoria a una convención constituyente, pero requiere mayorías especiales en el Congreso y la ratificación de la misma por las 4/5 partes de los estados y este asunto afecta los derechos de los mismos. En los Estados Unidos, los estados han demostrado tener conciencia, a diferencia de las provincias argentinas, de sus intereses. Aquí no tuvieron empacho en dejar en 1994 la decisión de elegir al presidente en manos del pueblo de Buenos Aires (capital y provincia) y de Córdoba y Santa Fe.

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