Argibay no es una jurista y, encima, sus dichos provocan
Hay un tipo de periodismo argentino -demasiado simplista para la profesión, por cierto- que necesita buscarle (o inventarle) males a otro medio de prensa para disimular muchas veces sus propias carencias. La revista «Noticias» suele requerir notas de periodistas de Ambito Financiero, porque sabe que, por ser colegas, no se las negarán. En las últimas notas de este tipo consideran, por caso, que es exagerado este diario en defender la libertad y señalar la ideologización del gobierno o, siendo benignos, «a la que se lo quiere llevar». Siempre existieron los que, sin ser de izquierda, la sirven involuntariamente. Son incapaces de pensar que se podría silenciar a sus propios medios o prohibirles la propiedad privada. Siempre hubo este tipo de ingenuidad en el mundo y así fue pagado el simplismo de no cuidar el valor de la libertad. A quienes sirven a su propia autodestrucción con candidez aquel fallecido político Francisco Manrique -más de una vez lo dijimos- los llamaba «idiotas útiles» en un diario vespertino que se llamaba «Correo de la Tarde». Fijémonos cómo un editorial lógico y preventivo de males de «La Nación» coincide con algo que ya Ambito Financiero había advertido y que a «Noticias» le pareció exagerado, propio de «dinosaurios». El editorial de «La Nación» (titulado «La postulación de Carmen Argibay») es del 25 de enero último y en sus partes salientes expresa:
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Hay, en el mundo jurídico nacional, profesionales mucho más idóneos para esta excelsa función que supieron destacarse tanto en la cátedra o en la magistratura como en la profesión.
Más allá de todas estas consideraciones, resulta sumamente preocupante la manifiesta intención del Presidente de completar las «vacantes» que se van produciendo en la Corte con candidatos que son ideológicamente afines con su visión de la sociedad. Es posible que Eugenio Raúl Zaffaroni y Carmen Argibay no se subordinen al Poder Ejecutivo si éste intenta forzar sus pareceres en temas administrativos o políticos, pero es absolutamente previsible cuáles serán sus opiniones en cuestiones como la nulidad de las leyes de amnistía, por citar sólo un ejemplo.
El primer mandatario debe comprender que de su próxima decisión depende no sólo la suerte y el prestigio de la Corte como institución, sino la percepción que la sociedad tendrá del máximo tribunal y por ende de la Justicia. Por eso, sería prudente que en el futuro piense cómo se puede formar una Corte creíble.




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