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Es cierto, Moyano consiguió ubicar en la «caja» de las obras sociales a un hombre de su intimidad. Un abogado laboralista que imita hasta en sus modales a su jefe sindical. Néstor Kirchner aportó así para que el acuerdo de precios más importante que debe negociar en los próximos dos meses permita fija un límite: es nada menos que la paritaria de los camioneros, donde se fija el sueldo que hoy rige a todo el mundo laboral.
El secretario general de la CGT notó ayer que su poder puede quedar acotado. No lo hizo leyendo resoluciones ni mirando el organigrama donde lo premiaron. Intuitivo, advirtió ese dato político revisando la concurrencia: nadie del gobierno concurrió a festejar la coronación del combativo Rinaldi. Ni siquiera Eugenio Zanarini, su antecesor como interventor en esa dependencia, concurrió a entregarle las llaves del lugar. Zanarini, igual que Ricardo Otero (el decisivo gerente de prestaciones) son hombres de Ginés González García, el ministro de Salud. Es decir, el funcionario que le advirtió a Kirchner que dándole un poder omnímodo a Moyano sólo conseguiría que en la «caja» de las obras sociales le pongan condiciones a los «gordos» disidentes cada vez que pidan un subsidio.
González García habría usado la palabra «peajes». Pero no se sabe en qué sentido. Por lo demás, ahora ubica a su gente en el Ministerio de Salud de la provincia, que encabeza uno de los suyos, Claudio Mate (venía de ser secretario de adicciones bonaerenses, casi por imposición de su apellido).
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