17 de febrero 2006 - 00:00

Audiencia del Banco Mundial abrió nuevos interrogantes

Mauricio Athie, especialista ambiental de la CFI, durantela exposición del informe que elaboró la corporación a raízde las papeleras que se intentan instalar en Fray Bentos.
Mauricio Athie, especialista ambiental de la CFI, durante la exposición del informe que elaboró la corporación a raíz de las papeleras que se intentan instalar en Fray Bentos.
Pese a la gran repercusión que tiene el conflicto de las papeleras que las empresas Botnia y ENCE intentan instalar en Fray Bentos, fue moderada, casi escasa, la concurrencia a la asamblea en la cual la Corporación Financiera Internacional (CFI) y especialistas que se oponen a la instalación de las fábricas expusieron los puntos que consideraron más importantes.

Aproximadamente a las 13.15 dio inicio la consulta con la voz cantante del «facilitador» (nombre con el que se designó a los asistentes del salón) enumerando las reglas generales de la asamblea. «Esto no es un debate, se contestarán las dudas hasta donde se pueda, la idea es no generar debate ni polémica», explicó el facilitador.

El primer expositor fue el especialista ambiental de la CFI, Mauricio Athié, explicando las etapas por las que pasó el estudio y el informe «borrador» del organismo. «El impacto acumulativo es el efecto de dos o más proyectos que dan el efecto acumulativo, que puede ser mayor (o no) que la suma de dos efectos individuales», explicó.

Desde un primer momento se encargaron de defender la política del Banco Mundial tratando de tranquilizar a los concurrentes. Con calma explicaba el tema e insinuaba ponerse del lado de los detractores. «Sabemos que los olores son una de las causas que más preocupan a los habitantes de Gualeguaychú, pero tenemos las mejores tecnologías aptas para disminuir lo mayor posible esta situación», adelantó el experto.

• Alcance

«En el momento en que la planta se ponga en marcha habrá un olor detectable hasta unos 10 kilómetros de distancia y perdurará durante tres o cuatro meses», adelantó Athié. Agregó que «durante las operaciones de rutina, el olor se sentirá en las inmediaciones de las plantas y durante las interrupciones, el olor será detectable durante una hora a una distancia de hasta dos kilómetros».

Luego de catalogar al problema del olor como «impacto acumulativo negativo», avanzó hacia los impactos acumulativos «positivos», como por ejemplo la generación de puestos de trabajo, que calculó en 4 mil con un pico de 7 mil cuando se superpongan las construcciones de las dos plantas por un breve período.

Otros impactos positivos son, según el especialista de la CFI,
el beneficio económico que se desprenderá de la producción de las plantas, el valor agregado por la pulpa de madera y el desarrollo industrial en la zona.

Uno de los disertantes,
Santiago Reina, ingeniero ambiental de la Universidad Nacional de Córdoba, expuso una serie de puntos que contradicen el informe de la CFI. «El informe no está sustentado desde lo ambiental y no despeja dudas del impacto ya que se trata de una evaluación poco profunda. Los informes son parciales, no existe modelación integral del agua ni tampoco se estudia la interacción entre hidrología superficial y subterránea», acusó el ingeniero.

Un último interrogante que dejó latente el profesor de la Universidad de Córdoba fue:
«¿Cómo se tratarán los residuos peligrosos? No hay ningún tipo de información clara al respecto».

A todos estos puntos, Athié no pudo formular ninguna respuesta, aduciendo que «fue una revisión exhaustiva la que presentó Reina, por eso no quiero contestarlo en específico para no improvisar».

Cuando fue el turno de Raúl Montenegro, biólogo Presidente de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente (FUNAM) entró de lleno a decir que «no deben construirse ahí las plantas, por ser ilegal y porque las evaluaciones que presenta la CFI muestran vacíos técnicos», acusación que no fue respondida desde el organismo.

• Enfermedades

Montenegro arrojó el interrogante de «por qué no se realizó una evaluación combinada de las nuevas plantas que construirán las empresas Botnia y ENCE, sumadas a las de otros lados». Con esta pregunta quiso poner de manifiesto que los estudios son parciales y que no tienen en cuenta el contexto de la situación industrial de la zona.

Además, expresó que no se tuvo en cuenta
«el nivel epidemiológico base», es decir, las posibilidades de enfermedades terminales, como el cáncer, o la muerte directa, como consecuencia del impacto ambiental de las plantas de celulosa. Esa contaminación sería producto de las sustancias alogenadas que, según la CFI, fueron «tenidas en cuenta» a la hora de hacer el informe. Al terminar el tiempo de exposición del biólogo de la FUNAM, fue el turno del director político de Greenpeace, Juan Carlos Villalonga, quien agregó que el «estudio es poco riguroso». Agregó que «las descargas de sustancias alógenas no aparecen cuantificadas en el informe», pero que según sus estudios son de «250 mil kilogramos al año, lo cual no es lo adecuado ya que contamina demasiado».

En cuanto al conflicto entre Uruguay y la Argentina y la posible intervención del tribunal de La Haya, la CFI explicó que «ése es un tema entre países» y que ellos no intervendrán en la disputa.

Más de una vez se escuchó la pregunta, por parte de los concurrentes, acerca de qué va a hacer el organismo una vez terminada la asamblea.
Maurice Athié, quien se transformó en una suerte de vocero de la CFI, dijo que «un experto independiente analizará todos los datos y emitirá el resultado de su investigación». Dicho experto es de origen canadiense y se llama Wayne Dwernychuk.

Es posible que la CFI estudie más profundamente los puntos flacos de su informe y cabe la posibilidad de que cambie las predicciones hechas. No obstante, eso lo decidirá el directorio de la organización luego de ser presentados todos los informes.

La sensación que quedó tras la asamblea fue que hubo
un unánime descontento por parte de los ambientalistas acerca del informe que presentó la CFI; el papel que mostró ese organismo fue el de un escucha que no dijo nada que no se encuentre ya en el informe oficial; no hubo aportes de nuevas ideas por parte de la CFI. Del lado de los especialistas que se oponen a la construcción de las papeleras, se evidenció que investigaron para encontrar los puntos flacos del informe y trataron de hacer hincapié en ellos, cada uno desde su óptica particular.

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