4 de enero 2002 - 00:00

Avatares de la asunción

VELOZ. Emulando su gestión como gobernador, Carlos Ruckauf pasó raudamente por La Plata para presentar su renuncia y traspasar el mando a su sucesor Felipe Solá. En la Legislatura, estuvo apenas un cuarto de hora: primero, se reunió con diputados en el despacho de Osvaldo Mércuri y, luego, intervino, sin hablar, tres minutos en el acto. Llegó, saludó, le puso la banda a Solá y huyó a asumir como canciller. Con eso, le arrebató a Solá el placer -hedonista- de una celebración con plenos honores.

EN FAMILIA.
Casi no tuvo tiempo Felipe Solá de adaptarse al nuevo cargo. Ayer, luego de asumir -muy escaso de tiempo-, apenas pudo reunir a su familia -madre, hermanos, hijos, esposa- y un grupo de amigos para brindar por su nuevo cargo. Lo hizo en la residencia de vice. Recién por la tarde, «tomó posesión» del despacho de gobernador.

HISTORIA I.
La renuncia de Carlos Ruckauf a la gobernación no es la primera que ocurre en Buenos Aires ni dentro del peronismo. En 1973, otro mandatario, Alberto Bidegain dimitió y dejó el cargo a su segundo. Bidegain mantenía un enfrentamiento con Juan Domingo Perón y, por eso, su paso por el gobierno bonaerense fue breve y conflictivo. Ante su retirada, el mando lo tomó Victorio Calabró. Hoy, con otros actores y otras tensiones, la historia se repite.

HISTORIA II.
La huida del ahora canciller Ruckauf generó un debate, no siempre bondadoso, sobre los motivos y razones de su decisión. Para unos, permite reconstruir la credibilidad del gobierno bonaerense -se habló de incidentes para forzar la renuncia de Ruckauf-; para otros, es imperdonable. Estos rememoran una histórica frase peronista: «Hizo la gran Casildo Herrera (jefe gremial que se fue de viaje al exterior días antes del golpe del '76), huyó en medio del incendio».

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