28 de abril 2003 - 00:00

Avatares de la elección

• Los organizadores del comando central de Carlos Menem ya habían decidido el sábado que la cuadra de la calle Cerrito donde se ubica el Hotel Presidente fuera absolutamente vallada. Nadie podía ingresar desde temprano al hotel salvo que lo hiciera con una credencial especial.

  Con ese punto los menemistas tuvieron algunos problemas. El prolijo esquema de acreditación de medios de prensa -con unas novedosas credenciales magnéticas- se desechó ayer por la mañana. Alguien cometió el error de acreditar demasiada cantidad de periodistas y amigos que no entraban en los salones previstos. Por lo tanto se reacreditó a todo el mundo por la mañana.


Antes de llegar a su centro de comando Menem pidió que se cubriera la entrada del Hotel Presidente con banderas argentinas. Ya estaba prevista una larga banda que caía en el frente desde el piso 19 hasta la calle. Pero a eso se sumó otra gran bandera que tapó el nombre del hotel, a la altura del balcón del primer piso que da a la calle y desde donde se preveía que el candidato diera un discurso después de conocer los resultados.

• Tan estricto era el control de ingreso al búnker menemista que en la esquina de Paraguay y Cerrito se amontonaba todo tipo de personas esperando entrar. Un grupo de turistas que tuvo la mala suerte de reservar en el hotel en estos días protestaba a los organizadores frente a una valla porque pretendía llegar a sus habitaciones y no se le permitía el acceso por falta de credencial. Lo mismo le sucedió a Vicente Mastrocola, dirigente del gremio de los plásticos, que protestó hasta que lo reconocieron desde el interior del edificio.

En la mesa 4.168 de la Capital Federal, el vicepresidente a cargo de la misma ofició de titular de los comicios -ante ausencia de otra autoridad-, pero el apetito a la hora del almuerzo, a las 13, le hizo pedir un «receso» y por mala interpretación de las reglas se llevó consigo el sello oficial con el que queda registro del voto en el documento de identidad, por lo que los votantes debieron aguardar la digestión del ciudadano para cumplir con sus deberes cívicos. Sin embargo, un vecino, en la cola, se ofreció para continuar con el acto electoral y consiguió un sello prestado y alivió el episodio.

• La candidata de Izquierda Unida, Patricia Walsh, se ocupó personalmente de cuidar sus votos y la normalidad de los comicios. Fue fiscal en el Colegio San Martín de Porres, en la localidad bonaerense de José León Suárez, donde le tocó sufragar.


Walsh denunció que las urnas llegaron tarde, además de que faltaban muchas boletas a la hora de habilitar el cuarto oscuro. «Recién a las 8.20 tuvimos las urnas y sólo una lista de las oficializadas», explicó la aspirante del PC y el trotskista MST.

«Después, los fiscales presentes aportamos las nóminas de cada una de nuestras agrupaciones, pero seguían sin aparecer boletas de 14 expresiones políticas, tanto de partidos grandes como chicos», concluyó Walsh.


La diputada invitó a los cronistas a que chequearan la información. Antes de las 9, comenzó a normalizarse la situación y ya habían aparecido las papeletas de los dúos Kirchner-Scioli, Menem-Romero, Rodríguez Saá-Posse, López Murphy-Gómez Diez, Carrió-Gutiérrez y, por supuesto, Walsh-Parrilli.


Mientras se normalizó la situación -en acuerdo con las autoridades de mesa y los otros fiscales-,Walsh sugirió paralizar la votación. Esto provocó cruces con la gente que quería cumplir con su obligación cívica, sea como fuere.

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