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15 de julio 2002 - 00:00

Bajó proyecto presidencial

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Cuando Carlos Reutemann, luego de conversar con él y Francisco de Narváez el martes 9 en la casa del primero, les anticipó que se retiraba de la carrera por la presidencia, ambos pensaron: «¿Habrá llegado la hora?». Más que una pregunta, una posibilidad. Macri viajó a Brasil y De Narváez se entusiasmó con su gente pensando en el lanzamiento. Una oportunidad en el vacío del peronismo.

Hasta el viernes, ya se veían con la banda. Y no con la de Boca. De Narváez transpiraba optimismo y decisión, Macri trasuntaba cierta reserva en su vuelta. Algunos llamados, más su propio temperamento, empezaron a congelar el propósito inicial y, el viernes por la noche, cuando Macri y De Narváez cenaron con el misionero ex gobernador Ramón Puerta -otro que todavía no ha desechado presentarse-, optaron por no presentar pelea en el justicialismo.

El más resistente a dejar la postulación fue De Narváez, quizá porque es el que más se ocupa de los equipos de trabajo. Macri, que dudaba, terminó aceptando las razones de un profesional como Puerta.

En el departamento de éste, Salguero y Libertador, el dueño de casa explicó: «Me parece que tu proyecto es prematuro. Hay que dejar que se decante la interna del peronismo. Además, convengamos, es difícil que alguien que no esté afiliado al justicialismo sea elegido por el justicialismo». Razonamiento demoledor, al que se añade: las reglas del club no se cambian tan fácilmente, quien se postuló a la Jefatura de Gobierno ahora no se puede borrar porque le gusta la presidencial.

Era el consejo de un amigo de años, casi un socio político. Pero nadie debe pensar que Macri terminó decidiendo por lo que ocurrió en esa cena. Antes de esa reunión, ya había entendido que apoderarse de la voluntad del justicialismo, por más internas abiertas que haya, no es sencilla tarea para un advenedizo de la política. Menos aún si el respaldo principal proviene de Eduardo Duhalde. Por ahora, empieza en la Capital, para hacer experiencia, la larga marcha hacia lo que De Narváez supone que se llega por un atajo.

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