Daniel Scioli votó ayer por la mañana en el barrio porteño de Abasto. El vicepresidente arribó a las 9 a la escuela Provincia de Catamarca, en la calle Jean Jaures, y destacó la prueba piloto de voto electrónico que se realizó en 53 locales escolares porteños.
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Mauricio Macri se dedicó, como lo mostraron las fotos, a jugar al fútbol en su quinta de San Miguel con amigos y punteros de sus listas. López Murphy descansó en Adrogué y volvió a practicar el sábado la natación, su deporte predilecto. Los interrumpió, como al resto de los partidos de la Capital, la notificación tardía de la juez electoral de la Capital de la obligación de designar un solo fiscal general por escuela y registrar ante ese juzgado la identidad de cada uno. Esta norma, que ya aplicó María Servini en la elección de 2003, significa una limitación del número de fiscales (los partidos solían designar a varios fiscales generales para cada escuela), y esa noticia forzó a los candidatos a reabrir locales el sábado hasta la noche. En esas reuniones se ratificaron las instrucciones para no dejar mesa sin boletas a lo largo de la jornada de ayer, y el propio López Murphy, como ya tenía decidido, se convirtió él mismo en fiscal general de la escuela irlandesa de Adrogué, donde votó. El macrismo, a su vez, imprimió 4 juegos de boletas, casi 12 millones, de manera de conservar un stock para contrarrestar la práctica habitual de destruir las boletas del adversario en el cuarto oscuro. Los baqueanos afirman que a las 14 de ayer el partido que no reponía boletas se quedaba sin posibilidades de ser votado si esa reposición no era inmediata.
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