Jamás sus colaboradores lo vieron tan eufórico. Y eso que suele incurrir en trances casi exaltados cuando la suerte le sonríe. Néstor Kirchner estuvo exultante, en Olivos, en la madrugada de ayer. Allí el núcleo íntimo del oficialismo festejó los resultados de las elecciones, sobre todo los de la provincia de Buenos Aires.
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Llegaron después de las presentaciones oficiales y se fueron a las cinco y media de la mañana: Alberto Fernández, Felipe Solá, José Pampuro, Héctor Icazuriaga, los intendentes Alberto Balestrini (La Matanza), Alberto Descalzo (Ituzaingó) y Julio Pereyra (Florencio Varela), Carlos Zannini y Aníbal Fernández comieron empanadas y lomitos, con buenos vinos tintos, junto a la familia Kirchner: Néstor, Cristina y Máximo, el hijo presidencial. Importa la lista: ni en la noche de la euforia el corazón del poder se abrió para alguien que no figure en el comando de campaña desde el comienzo. Los que se quedaron en la residencia hasta que despuntó el sol, ayer, fueron los mismos que concurrieron allí cada fin de semana, durante los últimos meses, a programar la operación bonaerense que se había consumado esa noche.
De los comentarios y chispazos informativos que se verificaron en la alta madrugada hubo uno preciso: Rafael Bielsa dejará la Cancillería una vez que termine la Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, el 4 y 5 del mes próximo. Quiere decir que el 7 de noviembre el ministro comenzará a involucrarse de manera más directa en su nuevo rol de diputado porteño. Kirchner espera ansioso la cumbre. Cree que, convertido en anfitrión de los presidentes del hemisferio y, sobre todo, de George W. Bush, podrá componer una escena adecuada para su ciclo de éxito electoral.
• Conclusiones
Mientras se hacían estos comentarios, en una PC instalada al efecto, el ministro del Interior lanzaba números y conclusiones. «Presidente Perón, San Vicente, Lomas de Zamora, Lanús, Tres de Febrero...», recitaba, casi de memoria, mientras corría el mouse por la pantalla. Eran los bastiones del duhaldismo que con mayor estrépito caían esa noche, sedes de los Arcuri, Antonio y Brígida -casi empataron, con bastante decoro-, Manuel Quindimil -para alegría de Pampuro-, los Duhalde y Hugo Curto. A coro, los ministros del Interior y de Defensa le hacían ver al Presidente las comodidades de la nueva propiedad que adquiría a esa altura de la noche: «En la Tercera, de donde son ellos, consiguieron ganar concejales en un solo municipio; la Primera, en ninguno».
Kirchner iba y venía, agasajando a los gobernadores del interior que le iban poniendo en línea: Jorge Busti, José Manuel de la Sota, Eduardo Fellner, Gildo Insfrán, la liga del oficialismo peronista que quedó convalidado el domingo. ¿Alguna palabra sobre el PJ y su reorganización? Todavía no está definido el diseño final de esa institución. Tal vez en marzo se convoque a una interna y al frente del partido quede una mesa plural, con gobernadores que estén en condiciones de dar algún aire renovador.
Seguía, mientras tanto, Aníbal Fernández recitando númerosdesde la pantalla. Lo hacía con tanta fruición, diciendo «es mío» al lado de cada caudillejo que ganaba en el escrutinio, que Felipe Solá debió recordarle que en la sala había varios ganadores. Sobre todo uno, Kirchner. Es que para el ministro Fernández la madrugada de ayer fue la de su primer paso hacia la gobernación. ¿También lo fue para Kirchner?
El Presidente estaba en otra frecuencia como para evaluar ambiciones de sus subordinados. «Me siento respaldado, estoy feliz, esto es lo que necesitábamos», se explayaba, desinhibido. Los bonaerenses seguían con la lupa: «Muy buen triunfo de Otacehé, fantástico lo de Bahía, les ganamos a los radicales». Un poco más tarde de esas constataciones comenzó la programación de lo que vendrá. Los concelebrantes de ayer se conjuraron para comenzar a organizar lo que parecía, según las computadoras de Fernández, a esa altura, una avalancha: «Ahora tenemos que ver qué armamos en cada distrito. Quién se pasa y, sobre todo, a quién dejamos pasar» fue el acuerdo con Kirchner. El argumento que se usará ante «los indultados» del viejo aparato» será bastante obvio: «¿Te venís con nosotros o te ponemos alguien enfrente dentro de dos años, cuando te juegues tu sillón?».
En efecto, el ocaso de varios tótems del aparato duhaldista se produjo sin que hubiera alguien, desafiante, del otro lado. «¿Contra quién perdió Amieiro, contra nadie?», preguntó el gobernador. Hablaba del intendente de San Fernando, quien perdió por 24% contra 42% sin que en la mesa de Olivos se supiera identificar cuál era el dirigente que representaba al «nuevo proyecto». Para gente minuciosa como los Kirchner, que aun en la cima de la exaltación se reserva el derecho de admisión, resulta clave discriminar a quién se admite en el club y a quién se promueve en cada caso. Sea para una pequeña fiesta, como la de ayer a la madrugada, o para el que -se supone- será el gran banquete de los próximos dos años.
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