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17 de octubre 2007 - 00:00

Bloques "colectoras" aseguran ya a Kirchner quórum propio

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José María Díaz Bancalari
Mientras la campaña presidencial opaca la del resto de los cargos que se elegirán el próximo 28 de octubre -como diputados y senadores-, Néstor Kirchner sabe que, aunque lo utilice sólo para ordenarle la votación de leyes, necesitará desde diciembre consolidar una mayoría abrumadora en el Congreso. Si su esposa gana las elecciones del 28 de octubre, tendrá por delante, al menos, un complicado 2008, en el que el oficialismo tendrá que cerrar filas para aprobar los proyectos de inicio de su gestión. Será sólo el comienzo: a esas reglas generales el kirchnerismo deberá sumar la aprobación de renegociaciones tarifarias que ahora sí incluirán subas en consumos domiciliarios, cambios en impuestos, el acuerdo de los más de 200 jueces que deben nombrarse y, para no cambiar de estilo, la ratificación de decretos presidenciales.

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Eso sólo en cuanto a leyes. Pero el oficialismo tiene también la necesidad de bloquear otros debates, como lo hizo durante los últimos dos años. Todo gobierno que termina deja secuelas que la Justicia investiga y la oposición busca llevar al recinto en forma de denuncias y pedidos de informes, que raramente llegan a votación. Para ese rol que el kirchnerismo cumplió hasta ahora con eficiencia en Diputados, sin cuestionar razones y con la misma obediencia como cuando vota todo proyecto del Poder Ejecutivo, podría contar ahora con algunos soldados extra.

En la actualidad el Frente para la Victoria cuenta con unos 109 diputados, que sumados al Peronismo Federal, que lidera José María Díaz Bancalari, y algunos aliados que quedaron de la « transversalidad» inicial, como Miguel Bonasso, le garantizan el quórum. No es, de todas formas, una regla. Todo depende de la ocasión y el momento del año en que se trate.

Al menos en tres ocasiones en los últimos meses, antes que el Congreso entrara en receso por la campaña electoral, el kirchnerismo tuvo que enfrentarse a no poder reunir el número propio para sesionar. Inclusive tuvieron que boicotear algunas reuniones para evitar que el radicalismo, el macrismo y el ARI montaran protestas en el recinto por temas como el caso Skanska, la bolsa de dinero de Felisa Miceli o la autonomía porteña.

Esa debilidad del Frente para la Victoria, más allá del desgaste interno de un bloque que nunca se sintió bien tratado por los Kirchner, tiene algunas explicaciones puntuales sobre la merma de diputados. Hubo expulsiones, como la de María del Carmen Alarcón -que debió irse cuando cuestionó la política ganadera de la Casa Rosada- o el fallecimiento de Isabel Artola -que había cruzado al kirchnerismo reivindicando el movimiento Montoneros desde el Frente Popular Bonaerense por el que había entrado al Congreso-.

También hubo pases como el del misionero Emilio Kakubur -subyugado por el obispo Piña- o el propio Eduardo Arnold, el santacruceño que dejó el kirchnerismo en medio de denuncias contra el matrimonio presidencial, sin contar otras salidas como la de Jorge Argüello, que tuvo como reemplazo al demoprogresista Rafael Martínez Raymonda, que se afincó inmediatamente en el bloque macrista.

  • Posible cambio

    Para estas elecciones esa situación puede cambiar. El kirchnerismo calcula que podrá sumar ahora unos 140 diputados y para eso contará con una herramienta extra. Así como el oficialismo puso de moda, aunque lo utilice también la oposición, el sistema de listas colectoras para las elecciones, el Frente para la Victoria tendrá en el Congreso más bloques «colectoras» para el oficialismo. Ya no será solo «Peronismo Federal» de los ex duhaldistas -que desde diciembre se quedará con unos 7 miembros-, sino también el de los radicales K, que le sumarán unos 10 diputados, el representante del Frente Cívico de Catamarca, que el kirchnerismo sabe cómo seducir, y otros dos por el socialismo aliado. Con ese número, más los 12 propios, creen llegar al megabloque de los 140.

    El desagregado de ese númeroarranca con algunos casos puntuales. Cuentan, por ejemplo, con los diputados de más que podrán obtener en Córdoba después que Luis Juez no presentara listas en medio de una rebelión electoral que ni sus allegados aún entienden.

    Sueñan también en esa provincia con arrimar algo de la lista que presentó Patricia Vaca Narvaja.

    También esperan recuperar dos diputados por La Rioja que hoy no tienen, extender hasta el infinito el efecto que produjo Jorge Capitanich cuando ganó la gobernación y debilitar aún más al radicalismo y sacar unos 20 diputados en la provincia de Buenos Aires.

    En la última elección legislativa en la Capital Federal, el kirchnerismo consiguió tres diputados, a los que debe sumarse Eduardo Borocotó, que con su pase no sólo engrosó el oficialismo sino que le puso nombre para siempre al arte y ciencia del pase postelectoral. Ahora calculan que Daniel Filmus aportará un número similar, pero sin necesidad de salir a buscar bancas en bloques ajenos. En esa suma estará Vilma Ibarra, que busca debutar con «legislación de avanzada» como ya rotularon en el FPV, y por la provincia de Buenos Aires Gloria Bidegain, hija del ex gobernador, a quien ya le pusieron a Diana Conti como contención.

    Enfrente quedará el ARI, que hoy tiene 14 diputados y debe renovar 6, pero con chances de incrementar el bloque; el macrismo con pronóstico reservado, ya que los errores de Mauricio Macri en la definición de un candidato a presidente a quien apoyar pueden diluirle la oferta electoral en la Capital Federal, y el radicalismo.

    El caso de la UCR es el más complicado. Con la salida de los radicales K de la escena oficial partidaria, las perspectivas de mantener los actuales 36 diputados son casi nulas. Pueden incluso tener una crisis de conducción si Fernando Chironi, su actual presidente, se complica en la elección en Río Negro. Es otro indicador más de la imposibilidad de proyectar hoy un Congreso más contestatario en los próximos años salvo, como suele suceder, que la protesta arranque de adentro del propio peronismo.
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