23 de octubre 2001 - 00:00

Cafiero inició una cadena de cartas contra De la Rúa

Fernando de la Rúa aceptó ayer la renuncia de Juan Pablo Cafiero, quien se despidió del gobierno con una interpretación: «Con mi alejamiento ganó el mercado», dijo. Sin embargo, el Presidente no designó al sucesor del frepasista y prometió que lo hará «enseguida». No obstante, anoche nadie en el gobierno se aventuraba con la identidad del sucesor, tampoco estaba claro si será reestructurada el área hasta convertirse en una agencia de desarrollo social. Esta falta de definiciones colaboró ayer para que afloraran nuevas disidencias del oficialismo, que nunca faltan.

Cada funcionario del Frepaso que decide emprender la retirada parece hacerlo con una explicación desdorosa para el Presidente. Juan Manuel Abal Medina (h), por ejemplo, le renunció a su jefe Marcos Makón diciendo que «el gobierno interpretó mal el resultado de las elecciones» y que está cada vez más lejos «de los postulados originales de la Alianza». Ahora falta la misiva con las razones de Makón, con lo cual la salida Frepaso del gabinete se va convirtiendo en una mortificación en cuotas para el radicalismo. Si hasta parece una de esas cadenas de cartas que se multiplican geométricamente. Un escenario ideal para que desde este partido se le planteen ahora nuevas exigencias a De la Rúa en la composición del nuevo gabinete.

No habría que descartar que esta madeja de presiones sea la que demora las resoluciones sobre el gabinete. La operación, que debería haber sido concebida en un principio para darle más eficiencia o calidad a la gestión del gobierno, parece convertirse de a poco en una especie de asalto a la administración por el cual los aliados radicales del Presidente le exigen porciones de poder para pelear la interna del partido. Sucede que la mayor parte de los amigos de De la Rúa en la UCR (desde Enrique Nosiglia en la Capital hasta Melchor Posse en la provincia) perdieron en sus batallas de distrito frente a opositores al gobierno.

• Nuevas condiciones

La mayoría atribuye ese destino a la manera, al parecer mezquina, con que De la Rúa beneficia a los opositores. Por eso ahora una parte de la UCR, la presuntamente oficialista, pretende renovar contrato con el mandatario sobre la base de nuevas condiciones: colaborar con el gobierno siempre y cuando éste provea de recursos políticos para avanzar en el espacio de la interna radical, que es para los militantes de ese partido un sinónimo del universo.

Pero desde Olivos sólo trascienden buenas nuevas que mejoran la situación relativa de funcionarios que orbitan alrededor de los hijos del Presidente o, sencillamente, del propio De la Rúa. Así, en los mapas imaginarios de un gobierno que tarda en modificarse, Hernán Lombardi sería ministro de Turismo, Cultura y Deportes (la unificación de áreas tal vez ofenda y hasta aleje a Darío Lopérfido, quien tal vez ofrezca una carta destemplada como la de Abal Medina).

También mejora posiciones Patricia Bullrich, a quien tal vez le toque suceder a Cafiero (h) en Acción Social, a pesar de la queja del aparato partidario frente a una ministra que confiesa no estar convencida de la ventaja de votar a la UCR. Se discute todavía si Héctor Lombardo quedará subordinado a la ministra como secretario de Salud. Ayer se insistía, cómicamente, en que las cartas con ántrax fueron un ardid del ministro para permanecer en el frente de batalla. Sobre todo después de que se conociera que las ratas a las que se inoculó con las sustancias sospechosas siguen con buena salud y también de que comenzara a haber indicios de que la carta en cuestión no llegó desde el exterior, como se creyó en un principio (más concretamente el envío estaba remitido en Miami).

El diseño del Ministerio del Interior no está definido del todo, tampoco la identidad de quien lo ocupe. Ramón Mestre mejoró su performance en las últimas dos semanas y se lo supone ahora estable. Y a Rafael Pascual lo supone todo el mundo en el Ministerio de Trabajo. Inclusive podría dejar la Cámara antes de lo previsto, después de llevar a cabo una operación secreta para garantizarse su sucesión. Para los radicales de Diputados no está dicha la última palabra sobre la titularidad de la casa; muchos creen que podrán ganarle al duhaldista Eduardo Camaño en su pretensión de reemplazar a Pascual a partir del 10 de diciembre.

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