6 de noviembre 2002 - 00:00

Camaño: ¿mediará por Duhalde en la interna con Menem?

No es por casualidad que llegó a la Presidencia de la Nación. Y se quedó sólo por un rato, que es la forma más difícil de quedarse, como demuestra en estos días Eduardo Duhalde. Tampoco por casualidad fue quien resolvió, por decirlo generosamente, el conflicto de Duhalde con la Corte Suprema de Justicia. Tal vez por haberlo estimulado, cuando quiso llenar el cuarto piso de Tribunales con «batatas» del conurbano capaces de tirar a algún juez por la ventana (aunque no convenga nombrar la soga en la casa del ahorcado). A Eduardo Camaño, el encargado de esas misiones, se le encomendó ayer otro objetivo: maniobrar dentro del peronismo para llegar a un acuerdo con Carlos Menem o embestir agresivamente contra el riojano. Es que en esto consiste la habilidad de Camaño: saber obedecer y no tentarse con productos independientes de su propia imaginación. O sea, un duhaldista de pura cepa. Ayer el congreso del PJ que sesionó en Obras Sanitarias lo designó al frente de una Comisión de Acción Política, peyorativa para el consejo nacional del PJ que presiden Menem y Rubén Marín.

La biografía de Camaño es un producto típico de los que ofrece la actividad política de la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires. Un compuesto de sentido común, habilidad para la componenda y, si ésta resulta insuficiente, un poco de prepotencia. Todo sin exagerar. El hombre al que Duhalde confió ayer la gestión de su táctica política nació en la Capital el 17 de junio de 1946 (Géminis, Perro). Sin embargo, sus primeros años transcurrieron en la villa de emergencia Itatí, de Quilmes, donde conoció la política gracias al padrinazgo del puntero peronista Raúl Morguen.

•Adelanto

Hizo casi todo el cursus honorum que aprecia Duhalde para incorporar a alguien a su estado mayor, donde Camaño revista desde hace tiempo, a pesar de ser de la «vía Quilmes», variante heterodoxa respecto de la «vía Temperley», donde se inscriben el Presidente, su esposa y sus íntimos. Esto significa que este adelantado del duhaldismo en tierra de infieles podrá estar en el corazón donde late la política oficial pero no frecuenta el póquer, las expediciones de pesca ni los sucesivos spa donde pasan horas José Pampuro, Juan José Mussi, José «Chicho» Pardo o Hugo Toledo.

Concejal entre 1983 y 1987, durante la administración radical de Eduardo Vides, Camaño accedió a la intendencia de Quilmes ese último año y la ejerció hasta 1991. Fueron años de credo cafierista, el mismo que profesó casi todo el duhaldismo actual y que en Quilmes predicaba este comisionado con Federico Scarabino -repudiado después por su oposición al actual presidente-. En la vereda de enfrente, Angel Abasto y un ahijado promisorio: Aníbal Fernández. Aliados, los dos le arrebataron la comuna a Camaño, operación que todavía genera algún rencor. Nada que llame la atención: la víctima siempre supo ocultar sus mañas, ardides y picardías detrás de un cultivado estilo de hombre de su casa. Extraordinaria afinidad con Duhalde.

Otro encanto para el Presidente es su tradicionalismo. Camaño monta a caballo, sostiene una agrupación gauchesca y es viejo socio del Fortín Quilmes, uno de esos centros criollistas a los que fueron tan aficionados los hijos de inmigrantes del conurbano durante las primeras décadas del siglo pasado. No fueron esas pasiones sino su cuidada calidad de negociador la que lo puso al filo de la presidencia de la Cámara de Diputados en 1998, cuando casi voltea a Alberto Pierri, su máximo enemigo. Sólo una orden personal de Duhalde logró esa noche sostener a «Beto» (denominación que el duhaldismo aplica a lo que los menemistas llaman «el Muñeco»). Camaño tuvo fortuna en 2001, cuando sucedió a Rafael Pascual, quien lo promovió para comandar Diputados a cambio de una brumosa promesa de apoyo para ocupar el Ministerio del Interior (se salvó Pascual, quedó en el banco). Desde esa posición, este duhaldista ortodoxo presidió el país por un par de horas: las que tardó Puerta en comprender que una agresiva ola bonaerense había arrasado ya con dos presidencias, que no había lugar para otro ensayo «federal» y, por lo tanto, huyó colgado de un helicóptero, de Chapadmalal, como si fuera el último soldado en abandonar Vietnam.

Austero en sus costumbres (todavía atrae la mirada de los vecinos cuando hace footing cerca de San Martín y Alem, su domicilio en Quilmes), Camaño vivió en Ezpeleta y finalmente se mudó al centro. Tiene pocos amigos, pero antiguos, entre ellos el presidente de su club, Quilmes obviamente, Jorge Meizner, quien también lo acercó a la cervecera, a la que recordó en cada discusión sobre impuestos internos en la Cámara. Hay otros reproches: junto a Mussi, otro estrecho de Duhalde, fue cuestionado por obras públicas bonaerenses.

Su experiencia de diputado deberá volcarse ahora en la trama total del peronismo. ¿Negociará también con Menem? Dicen que ya lo hizo cuando se discutió el juicio político a la Corte. Camaño no cosecha demasiada antipatía en el riojano. Si hasta se entusiasmó con secundarlo en caso de que Menem completara fórmula con un hombre del duhaldismo, pacto mediante con el mandatario. Pero es sabido que los bonaerenses y los riojanos sueñan en distintos idiomas desde hace demasiado tiempo. Camaño va ahora como traductor simultáneo, misión que parece imposible aunque haya estudiado en la filial Pitman de Quilmes.

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