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6 de noviembre 2002 - 00:00

Camaño: ¿mediará por Duhalde en la interna con Menem?

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La biografía de Camaño es un producto típico de los que ofrece la actividad política de la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires. Un compuesto de sentido común, habilidad para la componenda y, si ésta resulta insuficiente, un poco de prepotencia. Todo sin exagerar. El hombre al que Duhalde confió ayer la gestión de su táctica política nació en la Capital el 17 de junio de 1946 (Géminis, Perro). Sin embargo, sus primeros años transcurrieron en la villa de emergencia Itatí, de Quilmes, donde conoció la política gracias al padrinazgo del puntero peronista Raúl Morguen.



Concejal entre 1983 y 1987, durante la administración radical de Eduardo Vides, Camaño accedió a la intendencia de Quilmes ese último año y la ejerció hasta 1991. Fueron años de credo cafierista, el mismo que profesó casi todo el duhaldismo actual y que en Quilmes predicaba este comisionado con Federico Scarabino -repudiado después por su oposición al actual presidente-. En la vereda de enfrente, Angel Abasto y un ahijado promisorio: Aníbal Fernández. Aliados, los dos le arrebataron la comuna a Camaño, operación que todavía genera algún rencor. Nada que llame la atención: la víctima siempre supo ocultar sus mañas, ardides y picardías detrás de un cultivado estilo de hombre de su casa. Extraordinaria afinidad con Duhalde.

Otro encanto para el Presidente es su tradicionalismo. Camaño monta a caballo, sostiene una agrupación gauchesca y es viejo socio del Fortín Quilmes, uno de esos centros criollistas a los que fueron tan aficionados los hijos de inmigrantes del conurbano durante las primeras décadas del siglo pasado. No fueron esas pasiones sino su cuidada calidad de negociador la que lo puso al filo de la presidencia de la Cámara de Diputados en 1998, cuando casi voltea a Alberto Pierri, su máximo enemigo. Sólo una orden personal de Duhalde logró esa noche sostener a «Beto» (denominación que el duhaldismo aplica a lo que los menemistas llaman «el Muñeco»). Camaño tuvo fortuna en 2001, cuando sucedió a Rafael Pascual, quien lo promovió para comandar Diputados a cambio de una brumosa promesa de apoyo para ocupar el Ministerio del Interior (se salvó Pascual, quedó en el banco). Desde esa posición, este duhaldista ortodoxo presidió el país por un par de horas: las que tardó Puerta en comprender que una agresiva ola bonaerense había arrasado ya con dos presidencias, que no había lugar para otro ensayo «federal» y, por lo tanto, huyó colgado de un helicóptero, de Chapadmalal, como
Austero en sus costumbres (todavía atrae la mirada de los vecinos cuando hace footing cerca de San Martín y Alem, su domicilio en Quilmes), Camaño vivió en Ezpeleta y finalmente se mudó al centro. Tiene pocos amigos, pero antiguos, entre ellos el presidente de su club, Quilmes obviamente, Jorge Meizner, quien también lo acercó a la cervecera, a la que recordó en cada discusión sobre impuestos internos en la Cámara. Hay otros reproches: junto a Mussi, otro estrecho de Duhalde, fue cuestionado por obras públicas bonaerenses.

Su experiencia de diputado deberá volcarse ahora en la trama total del peronismo. ¿Negociará también con Menem? Dicen que ya lo hizo cuando se discutió el juicio político a la Corte. Camaño no cosecha demasiada antipatía en el riojano. Si hasta se entusiasmó con secundarlo en caso de que Menem completara fórmula con un hombre del duhaldismo, pacto mediante con el mandatario. Pero es sabido que los bonaerenses y los riojanos sueñan en distintos idiomas desde hace demasiado tiempo. Camaño va ahora como traductor simultáneo, misión que parece imposible aunque haya estudiado en la filial Pitman de Quilmes.

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