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Jorge Bergoglio
Siempre se le atribuyó a Caselli incidir en favor de su amigo Antonio Baseotto en la terna
que se propuso para la nominación del vicario castrense. Lo mismo sucedió cuando se cubrieron las diócesis de Rosario (José Luis Mollaghan) y Zárate Campana (Oscar Sarlinga). Las sugerencias del episcopado local, que lidera Bergoglio, no fueron tenidas en cuenta.
¿Cuáles fueron las razones por las cuales el atractivo de Caselli sobre el cardenal que hoy abandona la Secretaría de Estado fue tan poderosa, capaz de superar la del colegio de los obispos argentinos? Las fantasías y versiones conducen siempre a la generosidad de Caselli, quien habría auxiliado al hermano del cardenal, un constructor italiano, en momentos de angustia financiera. ¿Fue con aportes personales o del Tesoro Nacional (ATN)? Es difícil determinarlo. Lo único contante y sonante fue la eterna gratitud política de Sodano para con su sucesor. Tanta, que Néstor Kirchner temió que la Santa Sede le asignara a «Cacho» como lazarillo durante la ceremonia de encumbramiento de Benedicto XVI en la Plaza San Pedro ( hubiera sido una buena ironía en pleno «caso Baseotto»).
Alejado Sodano, asciende Bertone, quien no proviene como su antecesor de las entrañas de la diplomacia eclesiástica. Será muy interesante ver cómo se tramita en Buenos Aires el nuevo equilibrio. Difícil pensar que entre obispos existan los clásicos «pases de facturas» que caracterizan al «orden temporal». Acaso el retiro de Caselli y sus obispos amigos a un segundo plano se produzca de manera más delicada.
¿Cómo serán los vínculos entre la Curia de Roma y el episcopado local en la era Bertone? El salesiano conoce poco la Argentina. Estuvo en Buenos Aires el año pasado, alojado en la casa de su Congregación antes de visitar Salta y Perú. De regreso, pasó unos días en la casa de Emilio Noceda, empresario al que conoció en Génova a través de un feligrés adinerado de la que fue su diócesis hasta ahora. Quedará para el misterio por qué el cardenal no pernoctó en la Nunciatura de Adriano Bernardini.
Noceda es el empresario que, según explicó Daniel Scioli a sus íntimos amigos, consiguió la entrevista con Bertone que el vicepresidente publicitó la semana pasada.
Voceros de este hombre de negocios ligado al sector aeroportuario dejaron trascender que él participó del encuentro, muy fugaz, junto a religiosos de una congregación con sede en Roma. Otros voceros suyos dijeron ignorar la gestión. La incógnita es decisiva: ¿nace en Buenos Aires un nuevo «Cacho», sustituto de Caselli en la intermediación entre Roma y la escena local? Es posible que, si se atiende al estilo del nuevo pontificado, eso no suceda y Bergoglio conquiste, con estos cambios romanos, el control total de un vínculo decisivo para su gobierno sobre la Iglesia argentina.




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