15 de julio 2005 - 00:00

Camionazo

Hugo Moyano desplegó ayer por el centro y los accesos de la Capital una caravana de camiones y micros que paralizó el tránsito antes de llevarla a presenciar su asunción como secretario general único de la CGT. El dirigente comenzó como era obvio: reclamando aumentos salariales y despotricando contra Roberto Lavagna por el posible impacto inflacionario. Recreó en el acto -por el que pasó a protestar hasta Nina Peloso pidiendo la libertad de su marido- parte de la liturgia sindical que no se veía desde hace años. Se armó un palco a la izquierda de la sede de Azopardo al que se subieron militantes y amigos. El mismo desde el que habló Evita o el que utilizó en 1974 Juan Domingo Perón para dirigirse a los sindicatos, aunque con algunas diferencias que ayer se desdibujaron. En aquel momento el palco se armó a la derecha del edificio gremial y frente al General desfilaron hasta los Montoneros, llevando bajo sus ponchos las ametralladoras reglamentarias.

Hugo Moyano asumió ayer como único secretario general de la CGT, rodeado en la sedede Azopardo por Luis Barrionuevo, Juan José Zanola, José Luis Lingieri y Andrés Rodríguez,entre otros.
Hugo Moyano asumió ayer como único secretario general de la CGT, rodeado en la sede de Azopardo por Luis Barrionuevo, Juan José Zanola, José Luis Lingieri y Andrés Rodríguez, entre otros.
Con el riesgo de fracturar la Confederación General del Trabajo (CGT), el camionero Hugo Moyano se convirtió ayer en el único secretario general de la central obrera. Su designación no contó con el apoyo de los denominados «gordos», referentes de poderosos gremios nacionales, que ayer estuvieron ausentes. Moyano, quien presidirá la central obrera hasta 2008, aprovechó su primer discurso como único titular de la CGT para cargar contra el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y para criticar al sector de sindicalistas ausentes, que representó en el antiguo triunvirato la dirigente Susana Rueda. A Néstor Kirchner o al ministro Julio De Vido no les dedicó ni una palabra.

Desde temprano se especulaba con la cantidad de trabajadores que serían arreados desde sus lugares de trabajo hasta la sede de Azopardo. Se calculó en alrededor de 200 los transportes escolares y colectivos, alquilados a $ 280 cada uno, que invadieron la zona hasta 10 cuadras de distancia de la CGT. Poco más de tres mil fueron quienes concurrieron. A la derecha de la central obrera se habilitó un palco para la burocracia sindical.

Algunos recordaron que en 1973 se hizo lo mismo, pero con el palco a la izquierda, con Juan Domingo Perón de regreso en Buenos Aires, e Ignacio Rucci saludando el paso de los trabajadores. Igual que el desfile de la formación de Montoneros ataviados con ponchos criollos, debajo de los cuales portaban armas. Ese día se temió la repetición del cruento episodio de Ezeiza. No ocurrió nada. Pero dos días después de la elección que gana la fórmula Perón-Perón, el 25 de setiembre, los Montoneros acribillan a balazos a Rucci, un hombre de Perón. El general, ya presidente, los iba a terminar echando de la Plaza de Mayo, en un último servicio político, descalificándolos como « estúpidos» e «imberbes».

Desde ese palco, Moyano, que sabe que con razón le endilgan ser parte de una alianza con el gobierno setentista de Kirchner, quiso aparecer enérgico en su actitud. Dijo enfático que «tiene que entender algún funcionario del gobierno que pretende hacernos creer que los salarios producen inflación, que es mentira» al criticar no a Kirchner y menos aún al ministro De Vido, sino al titular del Palacio de Hacienda, Roberto Lavagna.

Ya subido a la tribuna y con gesto teatral, Moyano indicó que «los que producen inflación son los formadores de precios» y advirtió, además, que la conducción que encabeza actuará «con toda firmeza» cuando sus reclamos «no sean escuchados». Se especuló que la firmeza será para protestar contra Lavagna, primer blanco de la alianza CGT-gobierno.

• Compromiso

Ante unos tres mil trabajadores concentrados frente a la sede de la CGT, el camionero se comprometió también a « recuperar el poder adquisitivo de los salarios». Agregó que «los trabajadores somos mansos y tolerantes, pero tienenque entender que no somostontos. Sabemos que la situación ha mejorado lo suficiente como para que comiencen a cobrar los trabajadores sueldos dignos», advirtió en tono ominoso.

El acto contó con la presencia de varios popes de la central obrera:
Gerardo Martínez (UOCRA), Andrés Rodríguez (UPCN), Juan José Zanola (bancarios), Juan Manuel Palacios (UTA), Gerónimo Venegas (62 Organizaciones), Luis Barrionuevo (gastronómicos)y Reinaldo Hermoso (químicos), entre otros. Los hacedores de este Moyano.

Sin embargo, hubo notorias ausencias. Los denominados
«gordos» -que manejaron la CGT durante varios períodos- no estuvieron. Horas antes de la designación de Moyano, Susana Rueda -vocera de sector- adelantó que los «gordos» tienen «varias alternativas» frente a su desplazamiento de la conducción de la CGT. Entre ellas -según precisó-, se analiza desde una «acción judicial», hasta la posibilidad de «llamar a un Congreso» o apartarse y «armar otra expresión política del movimiento obrero».

Aparte de la designación de Moyano, el Consejo Directivo de la CGT eligió como secretario adjunto a José Luis Ligieri, mientras que a Rueda -representante de los «gordos» en el antiguo triunvirato- se la desplazó a la Secretaría Administrativa, un lugar sin injerencia dentro de la estructura de la central obrera. «La CGT es de los trabajadores, no de los dirigentes», dijo Moyano, pareciendo aludir al sector interno que encabezan Carlos West Ocampo, Armando Cavalieri y Oscar Lescano, entre otros ausentes.

Moyano, en su discurso, defendió también al piquetero
Raúl Castells, al tiempo que cuestionó al ex ministro de Economía Domingo Cavallo: «Cómo es posible que en nuestro país los máximos responsables de la crisis, como el señor Cavallo, pretendan ser candidatos, y los luchadores sociales como el compañero Castells estén presos», dijo.

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