Las carpas, bolsas de dormir y mantas desplegadas por Raúl Castells, del Movimiento de Jubilados, y acólitos y activistas de varios otros agrupamientos piqueteros responden a un cálculo equivocado.
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Si ellos aspiran a replicar el imaginario que suscitó la carpa blanca docente de Martha Maffei, frente al Congreso nacional, con todo el circo mediático que la rodeó, van por mal camino.
Además, aquella carpa de protesta no cortó el tránsito a nadie.
Por empezar, ni el escenario es el mismo, y ni actores e intelectuales izquierdosos se desviven por subirse a él para conseguir pantalla. Un motivo es que ahora los progres están cerca de un gobierno al que no tienen el menor interés en irritar ya que es un gran proveedor de presupuesto cultural. Y luego, los piqueteros no sólo son violentos, amenazantes y frecuentemente encapuchados, sino que también molestan cortando las calles. Apoyarlos no le va a sumar mucha popularidad a nadie.
Por eso dudan de que ubicados en el Ministerio de Trabajo vayan a convocar a artistas y shows.
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