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Este diario publicó el lunes que Matzkin se vería en esa encrucijada por la animadversión del candidato oficial hacia ese otro santacruceño, antecesor suyo en la provincia. Lo que estaba en duda era si Matzkin cedería. Pero, de observarse los antecedentes de su tribu, habría que haber apostado en contra de la continuidad de Puricelli. Que lo diga Juan Carlos Mazzón, arrojado a las afueras del palacio por José Luis Manzano, por entonces ministro del Interior, cuando Carlos Menem lo puso en la opción de entregar al segundo o abandonar él mismo el cargo. También en eso Matzkin es buen discípulo y arrojó el lastre por la borda. «¿Viste? -se burlaba 'Lupín' anoche-, hay que pegarle al chancho para que aparezca el dueño.» Es cierto lo que declaró ayer el ministro, jamás Kirchner le habló de Puricelli. Solamente hizo publicar que quería su propia renuncia, la de Matzkin, y bastó con eso para que el pampeano sacrificara a su segundo. El propio Puricelli admitió que se iría para no comprometer al Presidente en sus conflictos de parroquia.
Hasta aquí, anécdotas. Ahora hay que observar cómo sería la segunda etapa del programa. Porque, satisfecha la inquina de pueblo contra Puricelli, «Lupín» pretende hacerla rendir en la campaña: le ha pedido a Duhalde el control directo de los fondos que el Estado federal deriva al interior para disciplinar a los gobernadores y alinearlos, con palos y zanahorias, detrás de su postulación. Por eso es clave saber a quién designará Matzkin, es decir, desentrañar si Kirchner irá tomando poco a poco en sus manos los resortes del gobierno.
El ciervo embalsamado que desde ayer adorna el living de los Kirchner puede conseguir compañía dentro de poco. La lógica será la misma: una «vendetta» local agigantada al escenario de Nación. El nuevo trofeo sería Guillermo López del Punta, el secretario de Transportes. A él apuntó «Lupín», inesperado hombre de caza, cuando denunció el incumplimiento de contrato de las empresas ferroviarias. Es cierto, él tiene un viejo conflicto con Sergio Taselli, el concesionario de la mina de Río Turbio, y prometió perseguirlo hacia otras sedes: Catamarca, donde administra una empresa de energía, y el Gran Buenos Aires, donde es socio de Mario Montoto en el ferrocarril Metropolitano. Contra él es la movida y, por consecuencia, contra López del Punta. Lo sorprendente es cómo Duhalde asiente y calla la boca: él no ignora nada de todo lo que denuncia Kirchner. Más bien, nadie ignora esos vínculos. Los duhaldistas han comenzado ha inquietarse. Sospechan que en la atmósfera de estos conflictos puede incubarse lo peor: una denuncia de corrupción más amplia y elevada, alimentada por material provisto por sus socios del Frepaso bonaerense. Esto quiere decir que, si Díaz Bancalari sueña con bajar a Kirchner si no mejora en las encuestas, el candidato tiene una artillería de respuestas para impedirlo. Lo que iba a suceder como temor después del 25 de mayo se anticipa como la tempestad.
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