14 de enero 2003 - 00:00

Carrió, primera víctima de un Frankenstein de Duhalde

Si alguien quiere entender cuál es el experimento que pretende llevar adelante Eduardo Duhalde con Néstor «Lupín» Kirchner, debería husmear en el laboratorio de José «Pepe» Pampuro, oncólogo oficial del peronismo y, en la última semana, el hombre que más horas ha pasado encerrado con el Presidente. Es en la mesada de este médico donde, entre pipetas y tubos de ensayo, Duhalde construye a su candidato. La operación, como se observa durante estos días, supone una alquimia trabajosa, de resultado más que incierto. Siempre que no explote la casa por las maniobras que se realizan allí dentro con materiales inflamables. Es el riesgo que corre el gobierno en estos días, empeñado en reconstruir lo que fue la Alianza pero ahora con un candidato del PJ. La desesperación por llegar al resultado pretendido, la eliminación electoral de Carlos Menem, puede obnubilar a Duhalde. Ya comentó ante un par de íntimos que estaría dispuesto, si consigue el número suficiente, a realizar un congreso del PJ que consagre a su pupilo patagónico como candidato oficial. «No odies jamás a tu enemigo porque la emoción nublará tu inteligencia», predicaba «El Padrino».

Pampuro fue gravitante para que Duhalde adopte varias decisiones. La primera: que llame a elecciones el 27 de abril. «Las encuestas indican que la gente quiere votar. No sabe a quién, pero quiere votar» sentenció, mientras fumaba su pipa, el «Subcomandante Pepe» en Olivos. Un alivio para el Presidente, que no quiere seguir al frente del gobierno por razones que, en rigor, son insondables. Unos dicen que es porque perdería contra Menem. Otros que no quiere ser quien reciba su «pesada herencia». La agenda de la próxima administración está contaminada con ajustes tarifarios, colocación de un bono compulsivo para ahorristas, recortes en el presupuesto universitario, cesación del pago del incentivo docente, cumplimiento de la deuda pública externa y otras calamidades. Si dos muertos en Avellaneda ya mutilaron un período casi a la mitad, con la misma lógica esas siete plagas pulverizaron uno entero
.

Adoptada esa decisión, Duhalde pasó a su experimento principal: cortarle el camino a Menem. Miró la tubería sobre la mesa de mármol y comenzó a imaginar, con el auxilio de Pampuro. Primera operación, suspender las internas del peronismo. Sea porque un congreso las elimina, sea porque nadie compite contra el riojano o porque se consagra a Kirchner de oficio. El oncólogo es a veces cruel: desde que comenzó la peripecia electoral de este año jamás le trajo un resultado distinto. En todos los casos, Menem gana la interna del PJ. Aquí está el núcleo de la operación que monta Duhalde: si se le quiere ganar al ex mandatario hay que apelar a los votos no peronistas, que fueron la base del antimenemismo desde que Chacho Alvarez se sublevó en 1990. Restos del Frepaso, desencantados del radicalismo, quebrados de De la Rúa, legiones de cultores del voto en blanco y la abstención de 2001, ése es el mercado para el cual elaboran un producto, vestidos de guardapolvo blanco, Duhalde y su médico.

•Eliminación

La condición inicial para que la prueba funcione es la eliminación del espacio electoral de Elisa Carrió, primera víctima del nuevo Frankenstein. Con una escuadra de encuestadores «amigos», la Casa Rosada piensa llevar adelante un operativo que se inició el domingo: poner a Kirchner al tope de las preferencias y señalar el derrumbe de Lilita y su ARI. Como hacen falta más ingredientes que números y estadísticas, Duhalde está frente a su operación más osada: transformarse él y los suyos en hombres de izquierda.

El Presidente puede ser confundido con cualquier cosa menos con un militante setentista, amante del Che Guevara o de la insurgencia anticolonialista. Su juventud pasó por otras coordenadas. Una parte de las inquietudes del joven Duhalde las cubrieron las enseñanzas de su tío, el viejo Fierro, quien lo introdujo en los secretos de los juegos de azar, que tantas satisfacciones le dieron a lo largo de su vida adulta, hasta el día de hoy (duhaldismo y lotería son, en alguna medida, sinónimos). Era el mundo de la barra de la esquina, del ocio suburbano que con el tiempo se recluyó en el spa. La otra dimensión de la vida la proveía un ambiente adverso a cualquier manifestación de izquierda: las «Seis-Dos» de Lorenzo Miguel, filial Lomas de Zamora. Para un observador más o menos convencional, la ubicación de Duhalde en el cuadrante político no sería la de un «facho». Pero nadie lo confundiría con un «zurdo»
.

La trama de la vida, las oposiciones automáticas que produce la política, lo hicieron derivar lentamente hacia posiciones ajenas a aquella formación inicial. El odio a Menem comenzó por inclinar la planta hacia la izquierda y el caso Cabezas hizo el resto. Casi involuntariamente, los Duhalde se fueron envolviendo con las hojas de papel de diario en las que aparecían los criterios, halagos y apoyo de la prensa «progre». Es en ese clima de cruzada contra Alfredo Yabrán que el matrimonio se aproximó a Domingo Cavallo, Carlos Chacho Alvarez, «Juampi» Cafiero y, parte del mismo lote, los Kirchner (no debe olvidarse nunca que Néstor fue el gobernador predilecto de «Mingo», con quien cenaba en Clark el día que el entonces ministro corrió hasta el programa de Mariano Grondona a hablar de «mafias enquistadas en el poder»). De esas afinidades nació, en 1999, el primer destilado del laboratorio que ahora funciona a destajo: el Grupo Calafate, espejismo patagónico de un sueño imposible, la invención de un duhaldismo de izquierda
.

•Dificultades

Ahora Duhalde vuelve a las mismas pócimas. Sólo que con dificultades más riesgosas. ¿Cómo convencer del encanto izquierdista de «Lupín» a Manolo Quindimil, Hugo Curto, Luis Barrionuevo o Carlos Juárez? Hasta ahora ésos son los «progresistas» que venían sustentando al gobierno y halagando al Presidente como líder. Pero para cualquiera de ellos Kirchner es, por lo menos, «un monto», de aquellos que en la década del '70 querían «destruir a nuestras familias y nuestro estilo de vida».

En vano se esfuerza Pampuro y pide el auxilio de Juan Carlos Mazzón. Este mendocino, con un pasado memorable en Guardia de Hierro, trabajó para los Kirchner durante la Constituyente de 1994 y desde entonces quedó como amigo de la casa. Hasta ahora consiguió pocos progresistas para acompañar a Duhalde, a tal punto que el acto previsto para el jueves debió ser dado de baja. Para tratar de seducir al electorado de centroizquierda Mazzón aporta a su socio Eduardo Fellner, a Julio Miranda (otro vandorista, discípulo de Diego Ibáñez), a Juárez y Gildo Insfrán. Los caudillos de provincias grandes (Reutemann, De la Sota), ausentes después de ver cómo Ramón Puerta frenó al Presidente en Misiones durante el fin de semana.

En el Senado la cosecha progresista ha sido todavía más pobre. José Luis Gioja todavía recuerda que Cristina Kirchner puso su avión para que el correntino Lázaro Chiape votara en contra la derogación de la Ley de Subversión Económica. Y Jorge Yoma acumula heridas desde 1994, cuando en las preparatorias de la Constituyente la esposa de «Lupín» le pidió que se callara «por portación de apellido». En cuanto a Barrionuevo, ya le explicó a Duhalde por qué no está dispuesto a apoyar: «Eduardo, yo no puedo ir con alguien que te insultó a vos una y mil veces. Además, ¿cómo hago para pelearle Catamarca al 'Turco' con 'Lupín'?

El mismo Kirchner aporta en las últimas horas sus propias contradicciones. En la provincia de Buenos Aires, la legislatura duhaldista no quiere inclinarse ante el Frepaso residual que rodea al candidato, representado por Eduardo Sigal y Aldo San Pedro. Si hasta Osvaldo Mércuri se sublevó con los Duhalde cuando advirtió esa nueva prelación (además de sentirse indignado porque «Lupín» eligiera a Felipe Solá como puerta de entrada al duhaldismo). En Mendoza sucedió lo mismo: viejos duhaldistas como el senador Jorge Pardal corren hacia el menemismo antes de tener que subordinarse a Juan González Gaviola, Carlos Abbihagle o Luis Leiva.

Sube la presión en las probetas de Pampuro. Corren los días y se sigue suspendiendo la presentación del experimento, que se pensaba para un acto, el jueves. Entre los disidentes nadie se organiza ni busca darle una salida al Presidente. No debe extrañar. En definitiva Duhalde está acostumbrado a que sus sueños electorales (desde su esposa en 1997, pasando por su candidatura en 1999, hasta llegar a De la Sota y Reutemann) se transformen en quimeras.

Dejá tu comentario

Te puede interesar