Carteles en apariencia favorables a Cristina Kirchner, pegados en el centro porteño donde no será candidata, y acompañada por Héctor Cámpora, cuyo recuerdo quizá no recoja adhesiones masivas.
Interesante despliegue de carteles aparecieron ayer en la Capital Federal, incitando a votar por Cristina Fernández de Kirchner como senadora nacional. Nadie sabe que ella se presente como aspirante porteña (donde por otra parte no se vota para senador), seguramente la operación publicitaria apunta a cautivar voluntades entre gente que trabaja en el centro pero que vive en la provincia de Buenos Aires, distrito al que ella iría a competir. Son carteles de buena factura, aunque farragosos por la cantidad de leyendas que incluye, pagados -se supone- por la organización CNP 25, una corriente que se dice nacional y popular. Es atrevido el ingenio de estos autores: convierten en hitos históricos la llegada del odontólogo Héctor Cámpora al gobierno (ya se sabe que el poder era de otros) en 1973, al igual que la próxima elección de octubre para la señora Cristina al Senado y, sin sonrojarse, integran estos dos episodios al 25 de Mayo de 1810. Cada uno, claro, aplica el respeto que se le ocurra a determinados fenómenos, pero esa audacia para acomodar la historia a un gusto interesado, finalmente ¿será a favor de la candidatura de la primera dama?. Porque, sin duda, la señora del Presidente ha confesado inclinaciones juveniles por aquel período de exultancia montonera, pero ¿es hoy desde esa minoría disuelta lo que invita a una mayoría para plebiscitar a un gobierno como pretende Néstor Kirchner? La multitud de encuestas que se hacen oficialmente, se supone, deben indicar que es conveniente -para el electorado que deambula por la Capital y vota en la provincia- pegar en un mismo cartel la fotografía del fugaz Cámpora junto a la de la postulante esposa presidencial.Debe ser fructífero para la candidatura no sólo exponer a Cristina con el dentista de Giles, sino también con otras dos figuras que acompañan a Cámpora en la imagen: la de los ex mandatarios marxistas de Cuba y Chile, Osvaldo Dorticós y Salvador Allende. No importa ya lo que decía el general Perón de esa experiencia pasada, sí recordar el calificativo práctico que disponía para quienes hacen este tipo de propaganda electoral, dudosa por lo menos para cosechar adhesiones; era un vocablo que unificaba a los votos y a una derivación coloquial usada en el lunfardo, basada en el presunto verbo «piantar». ¿O serán carteles de una imaginativa oposición que los solventa para demostrar el carácter sectario que presuntamente tiene la candidata oficial?
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