Castells cesó usurpación con desfile de su milicia
Raúl Castells corrió ayer con el rabo entre las piernas, repudiado por el público, del Ministerio de Trabajo que había ocupado ante la tolerancia inexplicable del gobierno. Lo dejaban los propios piqueteros por la llegada del fin de semana y el enojo de los vecinos del microcentro porteño levantaba simpatías. Igual, marchó hasta el Congreso con enmascarados y guardianes -casi milicianos- con palos.
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Raúl Castells abandonó ayer el hall del Ministerio de Trabajo que mantuvo ocupado con otros activistas durante siete días, pero sigue amenazando con protestas por planes para desocupados.
A pesar de las numerosas columnas y de haber declarado que había ganado la contienda contra el gobierno, los grupos que acompañaron a Castells se preguntaban ayer «para qué dice tanto si es difícil de sostener», en referencia a la proclama de paralizar las rutas nacionales, cruzada con la que se encontraría en dificultades de mantener ante el gobierno inflexible en no restituir los 252.000 planes que dio de baja y el poco soporte de activistas con el que contó durante los siete días en que, dicen, mantuvo con otros nueve militantes una huelga de hambre.
En la avenida Alem, cuando la columnas ya había avanzado a pleno sol por Córdoba, el tránsito se descongestionó en instantes y todo pareció recuperar el frenesí habitual del centro porteño, menos la fachada del Ministerio de Trabajo. En esa dependencia se dispuso inmediatamente de un operativo corralito, que cercó con vallas del tipo protectores de balcón el ingreso en Alem 650. Mientras un operario ataba los soportes con alambre, dentro del corralito 26 policías -hombres y mujeres- esperaban para repartirse en la entrada del edificio.
• Consignas
Esos fueron los únicos policías que se vieron durante la caminata piquetera que se dio un alto en las puertas de Galerías Pacífico, en Córdoba y Florida, para protagonizar una suerte de acto que consistió en el desparramo de consignas con un alto-parlante que se fueron cediendo uno a otro distintos dirigentes allí presentes, con la siempre característica agresividad hacia el gobierno.
«Le hemos parado el carro al gobierno. Este es el mayor golpe político que ha recibido el gobierno de Néstor Kirchner», arengó Castells, quien finalmente redujo su mal humor a exigir al gobierno una auditoría sobre los planes a desempleados que fueron dados de baja.
En el Obelisco, los piqueteros de Castells y adherentes se sumaron al grupo del Bloque Piquetero con el que 10 organizaciones de ese estilo emprendieron una marcha hacia el Congreso. Allí, hicieron entrega de un proyecto propio, inviable, de reforma laboral, además de plegarse al reclamo por la restitución de los planes cuya baja desató el conflicto, a pesar de que el propio Castells reconoció que esa quita no había afectado a los activistas de su grupo.
En el Congreso, una delegación de piqueteros fue recibida por Diana Conti y senadores de la comisión de Legislación laboral, radicales que les prometieron considerar la propuesta de ley laboral que portaron y les anunciaron noticias antes del 29 de febrero. En cambio, en Diputados debieron dejar el proyecto en Mesa de Entradas, porque la Cámara había sido desalojada como prevención por la marcha de piqueteros que llegó hasta allí.
Hoy, los distintos activistas dieron cita para las 17 en un local céntrico para anunciar qué harán para intentar la recuperación de los planes Jefas y Jefes de Hogar y la derogación de la reforma laboral, que también, claro, se oponen al nuevo proyecto del gobierno.




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