Muchos se escudan en la «transversalidad», esa zoncera de Carlos Chacho Alvarez por la cual en política se puede vivir con Dios y con el Diablo al mismo tiempo. Así explican el cambio constante de partidos, llegar con unos, irse con otros, abrazar una causa, pasarse a otra, jurar lealtad y luego deslealtad, lo que antaño se conocía como «transfugismo». De esa «transversalidad» como teoría se ha despedido el propio Alvarez, al decir que no se reconoce a sí mismo frente al espejo si comparte techo con los radicales (y algunos de sus compañeros del Frepaso). Tardío descubrimiento, sin duda. Pero estos fenómenos de conveniencia, se los bautice con el nombre que se desee, no aluden al jefe del Frepaso sino a quien él veía y predicaba como salvador económico y ahora califica de malsano exponente liberal: Domingo Cavallo. Porque del economista cordobés proviene la curiosidad política del momento: el ministro más importante de este gobierno, para algunos -según las encuestas-la verdadera cabeza de la administración en las próximas elecciones hará votar a sus afiliados en Acción por la República por los partidos de la oposición. En contra de su propio gobierno. Después, claro, se pretende que en el exterior entiendan la situación argentina.
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Cavallo, además de presidir Economía e Infraestructura (Carlos Bastos) con su gente, también promueve la incorporación de más hombres de su partido al gobierno (tiene listo a un empresario para presidir la AFIP, elencos varios para la ANSeS y el control presupuestario de las provincias). Casi un salto en masa, una ocupación. Sin embargo, a pesar de estos tráficos al oficialismo, en octubre próximo el partido de Cavallo irá con los peronistas: Eduardo Duhalde lo alberga en la provincia de Buenos Aires, se negocia con José Manuel de la Sota en Córdoba, con Carlos Reutemann en Santa Fe y ya cerraron listas virtualmente en Mendoza, donde un hombre propio encabezará la lista de Diputados (repitiendo el caso del legislador Jorge Baldrich, hoy convertido en secretario de Hacienda).
Con Duhalde todavía no se concluyó el acuerdo: hasta ahora el ex gobernador ofreció cargos en la lista de Diputados sucesivamente cada 5 candidatos, lo que a Acción por la República le garantizaría por lo menos tres bancas por ese distrito. No logró Cavallo, en cambio, ubicar a Alejandra Sturzenegger como segunda de Duhalde en la fórmula para el Senado debido a que no hubo forma de convencer a «Chiche» Duhalde, la influyente esposa del jefe bonaerense del justicialismo, quien insistió en conservar a su amiga Mabel Muller en el binomio. Tampoco Duhalde consideraba que la Sturzenegger le acercaría demasiados votos, al margen de que no desea conflictos en su tálamo como cualquier ciudadano común. En las otras provincias siguen negociando, sobre todo porque tanto De la Sota como Reutemann padecen el mismo problema: sus administraciones son reconocidas, la gente las valora, pero sus candidatos al Senado carecen de la fuerza necesaria para enfrentar a los de la oposición (los radicales Rubén Martí en Córdoba y Horacio Usandizaga en Santa Fe). Por lo tanto, cualquier adicional electoral es bienvenido.
En la Capital Federal, mientras, el partido de Cavallo optará por revalidar su independencia e irá por su cuenta. En rigor, no pudo aliarse con los peronistas -quienes ni siquiera se alían entre ellos-y bajo ningún aspecto Raúl Alfonsín los acepta como integrantes en las listas radicales. Para él son la blasfemia ideológica, aunque sí acepta que Cavallo esté en el gobierno.
Algo así como aquel que mantiene y cumple formalidades con su hogar, pero necesita habitualmente visitar a una meretriz todas las noches en el lupanar de turno.
Ni los nietos de Alfonsín creen en este capricho del nono, esta sandez ideológica que más bien revela una fotografía de la conveniencia, formas de transfugismo sin necesidad de mudar de partido. Entonces, a Cavallo no parece quedarle otra alternativa -aunque hubiera deseado cooptar no sólo el gobierno sino también la Alianza-que enviar a sus aspirantes como dupla al Senado: Marta Oyhanarte y Horacio Liendo, hasta ahora un asesor sin responsabilidades ni horario fijo del ministro. Con este cuadro, el dilema será tremendo para quienes confeccionan discursos en Acción por la República: uno para Cavallo, otro para los porteños, un tercero para peronistas en Córdoba, Santa Fe y Mendoza. Aunque siempre hay amanuences para explicar esta novedosa, multifacética, transversal o trasvasada forma de hacer política, de convertir al país en un bazar.
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