Apenas se notó, por algún auto estacionado fuera de lugar en Arenales entre Montevideo y Rodríguez Peña, que en la casa de Enrique Nosiglia había algún funcionario de alto rango. Era Armando Caro Figueroa, el vicejefe de Gabinete y uno de los principales gestores políticos de Domingo Cavallo. Con Caro llegó también allí Horacio Liendo, a quien no ocupar cargo público alguno no lo inhibe para negociar cuestiones de Estado en nombre del ministro de Economía. Como amigo de la casa y delegado de Raúl Alfonsín, otro radical completó la reunión en lo de «Coti»: Mario Brodersohn, el economista que más influye sobre Raúl Alfonsín. A las cuatro de la tarde y en el quinto piso de esa vieja casa de departamentos, comenzó a negociarse ayer el pacto entre Alfonsín y Cavallo para que juntos pudieran convivir en la misma vereda de la política, la del oficialismo.
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Después de algunas obviedades y expresiones de buena intención, Brodersohn transmitió el mensaje de Alfonsín: «Estamos dispuestos a apoyar el ajuste de las cuentas públicas, pero no en las condiciones en que fue presentado ayer. Debe haber algún capítulo que demuestre que se exige más a los que más plata ganaron en el país». Caro y Liendo no se sorprendieron: durante la mañana ya conocían, de boca de Chrystian Colombo -el más activo negociador de las tesis oficiales, ayer, frente a todos los sectores políticos en juego, incluido el cavallismo-, el tono de las pretensiones de Alfonsín. El ex presidente está inquieto como nunca por su suerte electoral. Teme que el Frepaso se aparte de la Alianza, que su compañera de fórmula senatorial, Diana Conti, lo repudie por «colaboracionista» o que Federico Storani o Leopoldo Moreau lo denuncien como «neoconservador» (no recuerda, claro, lo que le debe a su partido como ex presidente: por ejemplo, cuando consiguió que le aprobaran las leyes de Obediencia Debida y Punto Final en el Congreso, en parte merced a negociaciones que Fernando de la Rúa llevó adelante con Vicente Saadi en el Senado). Inspirado en esas tribulaciones, el jefe del radicalismo llevó a la casa de Nosiglia cuatro alternativas, dos «soft» y dos «hard». La primera iniciativa es un canje de LETES que le permita al Estado no tener que rescatar ninguno de esos papeles en lo que resta del año y que, además, se realice a una tasa «patriótica» de 10%. El monto en juego es de $ 3.500 millones. La propuesta era analizada anoche en una reunión «ad hoc» que se realizó en la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA). La otra propuesta tiene que ver con las empresas privatizadas de servicios públicos, con las que se discutirá hoy a las 10, en el estudio de Eduardo Casagne (presidente de Aguas Argentinas), un aporte especial, acaso la colocación de un bono «patriótico».
El otro par de requerimientos de Alfonsín, más ligado a sus conversaciones con el Frepaso --ayer pasó el día entornado por dirigentes de ese partido-, fue la aplicación de un gravamen de 1,5% sobre los activos financieros -depósitos bancarios, títulos y acciones-que, en el cálculo de los economistas que nutren al ex presidente, permitiría recaudar unos $ 2.500 millones. Con menos entusiasmo, en el departamento de Alfonsín se analizaba la alternativa de colocar un bono a las AFJP para que el Estado pudiera echar mano a los $ 2.100 millones que deben ser transferidos al sistema de capitalización previsional en lo que resta del año.
La reunión en lo de Nosiglia fue un armisticio aceptable, un comienzo de diálogo para que Alfonsín pudiera cumplir con lo que le prometió a Adalberto Rodríguez Giavarini a primera hora de la mañana: «No voy a patear el tablero, pero, tal como fueron formuladas, tampoco puedo apoyar estas medidas». Sin embargo, la falta de conciliación entre alfonsinistas y cavallistas, impidió que anoche, en Olivos, se realizara una cumbre que había sido tramada por Colombo durante la tarde. Allí estarían De la Rúa, el jefe de Gabinete, Alfonsín y Cavallo, por la facción oficial; Carlos Ruckauf, José Manuel de la Sota, Ramón Puerta y Rubén Marín, por el peronismo. Hacia las 6 de la tarde el jefe del radicalismo todavía no era «oficialista» y por eso se prefirió cambiar de comensales: anoche De la Rúa y Colombo comieron con Alfonsín, Pablo Verani, Jorge Lizurume, Angel Rozas y, el dato principal para los radicales, Aníbal Ibarra. La pretensión de ese encuentro fue conseguir lo que el peronismo viene exigiendo desde que se conoció el nuevo ajuste: que el radicalismo y el Frepaso lo hagan propio.
• Gobernadores
Los peronistas que debían concurrir a Olivos quedaron invitados para hoy a las 17. Los 14 gobernadores del PJ se reunirán por separado a las 14 para planear una postura común. Anoche tanto De la Sota como Puerta le explicaron a Colombo que «si para cuando comenzamos nuestra reunión ustedes no consiguieron el respaldo de Alfonsín y del Frepaso, nosotros no concurriremos a la reunión a la que nos invitaron». No era la única tesis dentro del peronismo: Rubén Marín dejó trascender otra estrategia consistente en apoyar al gobierno «como un servicio a la Patria» de mane-ra tal que «si Alfonsín no ayuda, condenen al radicalismo que abandonó a su gobierno». Hasta última hora de anoche esa postura, acaso la agresión más sutil para el radicalismo, era minoritaria en la oposición.
Así como desde la oficina de Colombo se negoció sin cesar con los gobernadores del PJ, desde el teléfono de Alfonsín también salieron llamadas a peronistas. Mientras permanecía en la casa del ex presidente, Moreau se comunicó con Eduardo Duhalde para conciliar una postura común. Todo con la misma lógica: Alfonsín (como Moreau) es candidato en la provincia y enfrenta a Duhalde por la senaduría del distrito, razón por la cual pretende que no le saquen ventajas por las decisiones de Cavallo. «Seamos prudentes, pero mantengámonos en una postura de defensa de la equidad; ellos son los que se equivocaron y ellos son los que tienen que hacerse cargo de lo que proponen» aconsejó el ex gobernador peronista. Alguno de sus allegados explicó ayer a este diario que, en rigor, «Duhalde lo que pretende es la devaluación y le parece fenómeno que el costo lo paguen De la Rúa y Cavallo para que el próximo gobierno pueda estar liberado de la convertibilidad».
Detrás de la escena, encerrado a veces en su despacho con sus hijos, otras con Colombo o Nicolás Gallo, Fernando de la Rúa habló ayer con varios empresarios amigos y, sobre todo, con dirigentes de su partido que le responden incondicionalmente (antes de entrevistarse con Alfonsín, anoche, estuvo reunido con Rafael Pascual y José María García Arecha). El trabajo de composición interna le seguía resultando costoso anoche. Y hoy se volverá urgente: si el ultimátum de De la Sota es intransigente, a las 14 estará jugada la suerte de un ajuste que busca, a toda costa, una trama política que lo sostenga y vuelva creíble.
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