Alberto prometió a CGT sostén financiero a obras sociales

Política

Un almuerzo de más de tres horas reforzó la alianza entre el mandatario y la central obrera, dos semanas después de otra comida con Hugo Moyano.

La CGT se llevó de la quinta de Olivos, tras un almuerzo con Alberto Fernández, una señal tranquilizadora y un compromiso difuso: la confirmación de que el Gobierno incluirá al sindicalismo tradicional en el diseño de las medidas económicas pospandemia, por un lado, y que analizará nuevos mecanismos de financiamiento para las obras sociales a partir de una reformulación amplia del sistema de coberturas médicas y de provisión de remedios, por otro. Fueron las principales conclusiones de un encuentro de más de tres horas de la “mesa chica” de la central con el jefe de Estado junto al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, y los secretarios Gustavo Béliz (Asuntos Estratégicos) y Julio Vitobello (General de la Presidencia).

La reunión sirvió también para nuevos movimientos en el tablero sindical: se produjo dos semanas después de otro almuerzo en Olivos que el mandatario le ofreció a Hugo Moyano, rival de los “gordos” de la organización gremial, en ese caso con las respectivas parejas. En esta ocasión la cúpula sindical sacó lustre: “quedó demostrado que la CGT es parte de este Gobierno y de la construcción de la nueva economía que vendrá después de la pandemia”, le dijo anoche a este diario Héctor Daer, cotitular de la central. Ayer también concurrieron su par en la jefatura, Carlos Acuña, los “independientes” Gerardo Martínez (albañiles, Uocra), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias) y Andrés Rodríguez (estatales, UPCN), y el metalúrgico Antonio Caló.

El principal tópico de la charla pasó por la situación de las obras sociales sindicales. Sobrevoló una propuesta que el ministro de Salud, Ginés González García, había conversado con los dirigentes para incrementar en un punto porcentual el aporte de trabajadores y la contribución de empleadores con destino a las prestadoras de salud de los gremios. La iniciativa, que hizo pública el propio funcionario esta semana, quedó bajo análisis pero con pocas chances de prosperar en plena recesión económica y con parte de los salarios de los trabajadores privados reducidos por licenciamientos. Anoche esa posibilidad había perdido fuerza y los dirigentes dejaban trascender que el “blanqueo” del debate por parte del ministro hizo mucho en ese sentido.

Sin embargo otros ítems del “sistema solidario de salud” siguieron al tope de la agenda del almuerzo, como la redefinición del Programa Médico Obligatorio (PMO) y su eventual reconversión en una “canasta prestacional” de tratamientos y medicamentos básicos a cubrir por parte de las obras sociales, tal como reveló en mayo pasado este diario. “Estamos trabajando en un proyecto de ley para reformular el sistema de salud y corregir los desfasajes. Con el tiempo se le agregaron al PMO nuevas patologías y medicamentos que aumentaron el gasto en salud, lo cual se agravó con la crisis del covid-19. Hoy las obras sociales están en una situación compleja y el Presidente está de acuerdo en buscar nuevos mecanismos de financiamiento a través de una comisión que está en marcha”, le dijo anoche a este diario Lingeri, principal referente de la CGT en la materia.

Sobre la provisión de medicamentos el dirigente contó que las opciones pasan por la posibilidad de que el Estado termine por centralizar todas las compras de modo tal de reducir los costos, o bien por la constitución de un “pool” para esas operaciones con la participación de todas las prestadoras gremiales junto con el PAMI. “Se hizo con la medicación para la fibrosis quística y se bajó 75% el valor”, explicó Lingeri. La problemática está bajo análisis de un Consejo Asesor conformado por la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), la CGT, las obras sociales de dirección y las prepagas.

Otro ítem de la charla fue la demorada creación de la Agencia de Evaluación de Tecnologías Médicas (Agnet), una iniciativa que la CGT instaló durante el gobierno de Mauricio Macri y que aquella gestión amagó en varias oportunidades con poner en marcha como parte de las negociaciones con el sindicalismo tradicional. Se trata de una entidad con referentes científicos y del mundo académico que debería revisar los fallos judiciales que obligan a obras sociales y prepagas a brindar tratamientos o remedios para establecer su viabilidad. Incluso cuando sus conclusiones no serán vinculantes, para la central obrera se trata de una barrera para la litigiosidad que aumenta los costos del sistema.

El resto de la comida dejó tiempo para otras cuestiones políticas de preocupación mutua. Incluso la crisis policial de esta semana y el respaldo de la CGT tanto al modo de encarar las negociaciones ensayado por el Gobierno nacional como a la decisión de Alberto Fernández de quitarle un punto de coparticipación a la ciudad de Buenos Aires para derivárselo a la provincia de Buenos Aires. De paso, quedó entre los comensales la certeza de que el meneado Consejo Económico y Social quedará para otra etapa de la gestión del Frente de Todos y que mientras tanto el diálogo con los empresarios y el sindicalismo adoptará formas menos ampulosas (y no exigentes de una ley) pero más operativas.

Para la CGT fue un alivio que el jefe de Estado les dedicara tiempo y pusiera a disposición parte de su Gabinete más cercano, tras el gesto de dos semanas atrás a favor de Moyano. El camionero, por su parte, siguió tras aquel encuentro en Olivos con su propia construcción político-sindical. Esta semana envió a su hijo mayor y lugarteniente en el gremio de choferes, Pablo, a reunirse con Jorge García, sucesor del jubilado Omar Viviani en la federación de taxistas.

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