“No, no, no; ya no. Soy clase 44. Es tiempo de otras generaciones”. Un Juan Llach hiperconsultado sobre la realidad económica y educativa del país descartaba cualquier tipo de regreso a la función pública. Aunque agradecía los reclamos, el recordado exviceministro de Economía en tiempos de la convertibilidad y titular de Educación en la gestión de la Alianza (un ejemplo de buen funcionario, hombre republicano y abierto al debate democrático y, sobre todo, de grandes modales en tiempos en que la agresión es la norma); rechazaba cualquier posibilidad de convite a la función pública. Al punto de, muy diplomáticamente, rechazar de plano, hasta opiniones jugadas sobre equilibrios macroeconómicos y acuerdos con el FMI; capítulos en los que es uno de los mayores expertos del país. Llach fue el martes pasado uno de oradores designados en la segunda cena anual de la Universidad Austral destinada a fortalecer su fondo de becas. La universidad es, quizá, la más amplia y socialmente abierta en la selección de becarios, por lo que no extrañó que la convocatoria de empresas al evento organizado en la Sociedad Rural haya logrado recaudar unos $9 millones, equivalentes a 31 nuevas oportunidades y que se suman a los $98 millones que la Austral destina a este capítulo cada año. Como son tiempos de dudas universales, para que no haya cuestionamientos de ningún tipo, a cada mesa se acercó uno de los becarios para contar sus experiencias. Muchas de ellas, realmente conmovedoras. Como la causa era convocante, el salón se llenó de políticos, empresarios y, sobre todo, profesores “australinos” dispuestos a hablar, sobre todo, de educación; el rector Julián Rodríguez como anfitrión. No pudo ser. A horas del lanzamiento de la fórmula Alberto Fernández- Cristina Fernández de Kirchner, en plena crisis existencial del espacio que “¿comparten?” Roberto Lavagna y Alternativa Federal, y con un macrismo optimista pero en plena crisis económica, la presencia de tanto empresario y analista se convirtió en un hervidero. Entre los primeros que llegaron a la Rural, y que más explicaciones debieron dar a los empresarios presentes, el senador oficialista Federico Pinedo y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; fueron los más rodeados en el bandejeo previo. Pinedo desplegaba la máxima que el macrismo viene defendiendo desde hace meses: que pese a la crisis económica y las lógicas críticas a los tres años y medio de gestión, en el momento de llegar al balotaje Macri “es imbatible”. Con sonrisas no descartó que probablemente la imbatibilidad sea por descarte, a lo que respondía confiado en que “los próximos cuatro años serán de crecimiento”, recordando que cuando Macri llegó a la jefatura de la Capital Federal, los primeros años también habían sido complicados, y que su gestión comenzó a encaminarse en el cuarto año de gestión. Unos pasos más allá de la explicación de Pinedo, Urtubey debía contestar, apesadumbrado, preguntas sobre el porqué de la crisis en el peronismo alternativo. Su presencia fue breve, ya que debía estar en tiempo y forma en la casa de Sergio Massa para decidir qué se haría con la bomba que había lanzado Lavagna en su encuentro de la tarde con el cordobés Juan Schiaretti, de ir por separado de Alternativa Federal. Urtubey, sabiendo que les hablaba a varios de los representantes más importantes del país, elegía el idioma de los gestos más que el de las definiciones. Como en la Austral hay varios de los mayores expertos del país en comunicación (su facultad de esta materia es considerada la mejor de la Argentina y cuenta con profesores como el decano Luciano Elizalde y el prolífero escritor de libros sobre periodismo Fernando Ruiz), fue fácil interpretar la desilusión que los pasos de Lavagna habían traído al espíritu competitivo del salteño. Como representantes de las filas del oficialismo también circularon Gabriel Sánchez Zinny (h), director general de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires; Felipe Miguel, jefe de Gabinete porteño, y Franco Moccia, ministro de Desarrollo Urbano y Transporte de la Ciudad de Buenos Aires. El primero felicitado por varios de los presentes por la manera en que durante el año manejó el conflicto por las paritarias docentes y, casi entrenado, ratificando con la misma frase recurrente que María Eugenia Vidal será candidata por la provincia. Quizá Miguel y Moccia eran los que más cómoda cena pudieron pasar. Las preguntas que contestaban tenían que ver con el diseño y funcionamiento del Paseo del Bajo que hoy se inaugura en la Capital Federal y que cambiará la vida vial de la Ciudad. Sobre la novedad de la semana, el encumbramiento de Alberto Fernández como candidato a presidente por el kirchnerismo, hubo cierto clima favorable. “Celebremos, no seremos Venezuela”, levantó su copa al momento del brindis un directivo de uno de los bancos más importantes del país que había comprado en nombre de la entidad una mesa en la cena de la Rural para el fondo de becas de la Austral. Quedó claro en la noche que lo más demandado de la semana eran las conversaciones con aquellos hombres de empresas que habían mantenido hasta ese martes encuentros con el flamante candidato, antes de su encumbramiento. Se recordaba que Alberto F. era, hasta el miércoles 15 de mayo (día en que recibió la novedad de boca de Cristina de Kirchner), el embajador que la expresidenta enviaba a las mayores empresas industriales y de servicios y bancos presentes en el país para explicar por qué no habría default y se reconocería el acuerdo con el FMI. Pero que hay dudas sobre el tratamiento de la deuda financiera generada en los últimos años, especialmente la emitida en pesos. La información sobre el macrismo, kirchnerismo y Alternativa Federal circulaba en mesas en las que participaban Javier Varani (Banco Hipotecario), Guillermo Hang (Techint), Javier Martínez Álvarez (Tenaris), Carlos Ormachea (Tecpetrol), Sebastián Gutiérrez (Galicia Seguros), Miguel Gutiérrez (YPF), Oscar Correa (Santander Río), Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural Argentina, Ignacio Eurnekian y Mercedes Moreno (ICBC). El anfitrión Julián Rodríguez (rector de la universidad), recibió a cada uno de los convocados y se detenía ante cada invitado para cualquier aclaración y explicación sobre qué se haría con el dinero donado. Un dato notable de la Austral y de su campus en Pilar: cuenta con un profesor cada seis alumnos. Un lujo y una verdadera inversión en un país como Argentina, donde la educación no suele ser prioridad.

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