Chiche y Duhalde en problemas para heredar el legado de Perón

Política

Doloroso recuerdo para el peronismo es la mención al cajón mortuorio. Se identifica con la derrota electoral del '83, cuando en el Obelisco, en el cierre de campaña de Italo Luder, por inspiración delirante de Herminio Iglesias se exhibió un engendro de madera terciada semejando un féretro -al cual, además, le prendieron fuego- que en la lógica del humor negro justicialista suponía contener al que más tarde sería el victorioso radicalismo. Reincidentes, como todos los humanos, para el 17 de octubre próximo -en una cumbre de la necrofilia partidaria- se apelará a otro ataúd, esta vez con contenido ceniciento, como fórmula de tentación electoral: si todo va bien, el duhaldismo trasladará en esa fecha los restos de Juan Perón de la Chacarita a un túmulo especial forjado en estos últimos años a la quinta que el general compartió con Evita en San Vicente.

Nunca más fe de los bonaerenses partidarios expresada en esa transferencia: desde esa fecha, pasarán a convertirse en los custodios no sólo del espíritu de Perón (recordar que José López Rega hablaba del Faraón, suponía que a través de un abracadabra de vidente era capaz de transmitir una fuerza oculta del cadáver a alguien vivo), sino también de los desechos óseos del militar-presidente que se fue en 1974.

Aunque la ceremonia tendrá el rigor de un nuevo velatorio y entierro, con la pompa correspondiente de los hombres de negro, para los organizadores será una fiesta: aunque sea del fondo de la tierra, donde también debe haber un más allá, ese viaje de la Capital a la provincia podría ser un mensaje de los cielos que robustezca, aún más, la dependencia de Hilda Chiche Duhalde y su familia con el peronismo.

• Problemático

No será sencilla la travesía, tampoco completa. Primero, hay problemas de organización y tareas de construcción en el altar que en apariencia no pudo completar hasta ahora Antonio Arcuri -uno de los responsables de la operación-, aunque ya hace varios años que Duhalde ordenó las obras y soñó con el santuario bonaerense para el general. Alguna desidia, fondos desviados o escasos, trámites incompletos. Por otra parte, cierto es que jamás el ajedrecista imaginó que ese homenaje personal podía contribuir, finalmente, a la empresa electoral de su mujer el 23 de octubre venidero.

Tropiezos varios acompañan o complican el traslado. Típicos del peronismo, claro. Por un lado, parece imposible convencer a la familia de Evita que habilite el pase a la provincia de los restos de la muerta en 1952, cuando «entró en la inmortalidad» según insistía siempre la radio del régimen, para que de muertos la pareja reviva esos momentos de esparcimiento en la quinta, heredada de otro militar travieso que la utilizaba como un higiénico recreativo para hombres, donde ella en ocasiones cocinaba y el general preparaba una mayonesa que según él era su especialidad inigualable. Nadie sabe aún la razón de la negativa familiar para impedir que, como Abelardo y Heloisa, descanse ella con su amor político, los dos juntos, un cadáver sin manos y el otro aún más degradado por el tiempo y ya sin materia carnal vulnerada por las experiencias de momificación ensayadas por el doctor Pedro Ara.

• Intentos de bloqueo

Se estima que no deben ser amparos electorales (aunque una sobrina nieta se postuló en la lista de Cristina y luego, por inhibiciones de presentación, debieron de borrarla), ya que también intereses de tipo partidario intentan bloquear que el próximo 17 Perón vaya a San Vicente. Parientes o no del general, dicen, se han colado en la Casa Rosada invocando causas para impedir que saquen al líder de la Chacarita. No hubo suficiente estímulo para que permitieran la habilitación o buscan esos incentivos en otros lugares para evitarlo. Si hasta se alude a Marta Holgado, aquella mujer que se atribuye ser hija del general -famosa por sus pasadas intervenciones televisivas hablando de «papá»- y a la que le han negado el ADN, como la principal opositora al viaje del general de un catafalco a otro. En el colmo de las fantasías hasta se comenta que han aparecido aventureros con la promesa de conseguir las amputadas y desaparecidas manos del general (robo en tiempos de Raúl Alfonsín) para volver más pintoresca la necrofilia peronista. Caer en esos cotilleos, siempre rodeados de dinero, es casi menos respetuoso que compartir la consigna espiritista de que Perón y Evita « viven».

Lo cierto es que, lejos de las influencias funestas del cajón de Iglesias, y a pesar de ciertas trabas propias o impuestas, Duhalde intentará rescatar con todas las honras ciertos símbolos físicos de Perón (e integrarlos junto al museo) para el 17 de octubre, hacerse cargo con su esposa del legado. Le encaja justo para las elecciones de unos pocos días después, cuando más que nunca reflotará el espíritu partidario impreso en boletas con el escudo y los grabados del general y de Evita. Ni él había pensado que ese acto podía ser contra Néstor Kirchner y primera dama, más bien en su inicio hasta lo sospechó al santacruceño como uno de sus queridos laderos, pero hoy el Presidente está enfrente y, casi con seguridad, propiciando que no se realice la ceremonia. Ni cuando trajeron los restos de Juan Manuel de Rozas hubo tantas diferencias políticas a la hora del desembarco.

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