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La respuesta de Sgueglia, según fuentes cercanas a él, fue razonable: «Señor, haré lo que esté a mi alcance pero usted debe considerar que se trata de civiles que están en un instituto como el Liceo, que también es civil. Yo no tengo mando sobre ellos».
Al parecer, la explicación no satisfizo a Parrilli. Sin embargo, cabe la pregunta: ¿qué hubiera sucedido si un militar decide, presionado por sus superiores civiles, tomar medidas para garantizar el orden público que corresponden a fuerzas de seguridad? ¿No se haría merecedor de una sanción? ¿O en estos casos funciona la obediencia debida?
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