23 de febrero 2009 - 00:00

COMENTARIOS POLÍTICOS DEL FIN DE SEMANA

MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. Le es difícil ejercer su oficio para los analistas políticos de fin de semana cuando los hechos que deben comentar tienen un sentido tan evidente como la trampa del Gobierno a la gente del campo al revelar negociaciones secretas, o el portazo de Carlos Reutemann en el Senado. El aporte va más, entonces, en los detalles de crónica que puede aportar el periodista. Lo hace Morales Solá cuando reproduce frases cruzadas entre Hugo Biolcati y Julio De Vido en su fracasada negociación de una solución a la guerra campo-Gobierno. Acierta el columnista cuando recuerda que esa puja se hizo el año pasado en la abundancia de recursos, pero que este año se produce en un clima de escasez terminal de recursos.
No parecen advertirlo los protagonistas que no necesariamente están trabados en una puja partidaria, como intenta difundir el Gobierno. El esmeril sobre el oficialismo en el Congreso no lo produce la pelea con el campo, aunque los desaciertos del oficialismo en esa puja desalientan a quienes le encuentran cada vez menos sentido a militar en el kirchnerismo. Una vieja verdad de la política dice que las decisiones se toman por ideología o por negocio, o por las dos cosas, pero nunca sin alguna de esas razones. La mayoría de los legisladores del oficialismo ha estado allí más por negocio (tener dinero, tener votos) que por ideología. Ahora que deja de ser negocio, se comprende -hecho que registra Morales Solá- que haya señales de diáspora del kirchnerismo en la Legislatura de Buenos Aires.
Exagera algo el columnista cuando le atribuye a Reutemann el rol de ideólogo del voto no positivo de Julio Cobos contra la Resolución 125. Es cierto que presentó un proyecto y que fue siempre enfático en el rechazo de la iniciativa, pero no consta que tejiese esa mayoría de votos, por lo menos con mayor responsabilidad que un Juan Carlos Romero o Ernesto Sanz y los bloques opositores.
Sí acierta el columnista cuando registra algo que advierten todos quienes hablan con Reutemann; por primera vez se le reconoce la libido de ser presidente. Antes había que sacarle el tema y forzarlo a definiciones sobre una carrera a la primera magistra-tura. Hoy es él quien lo plantea. Toda una novedad.

VERBITSKY, HORACIO. Página/12. Fiel a su rol de asesor del Gobierno al que debería ponerle la lupa como contrapoder (el periodismo sólo se justifica como contrapoder), esta semana dedica su columna a explicar detalles de la estrategia de montar su campaña electoral contra el campo. El Gobierno ha elegido hace rato al campo como contradictor porque cree existe, por lo menos en el público al que quiere halagar Kirchner, el estereotipo de la oligarquía feudal-terrateniente. Explotando esa leyenda y acusándolo de evadir impuestos y apoyar en el pasado las dictaduras militares, el Gobierno entiende que sus candidatos prosperarán en las urnas. Atacando además con consignas políticas a un adversario que no se puede defender en ese terreno, cree que ganará la partida por el efecto en otros sectores de la demonización del campo como la suma de todos los males. Esa estrategia no le funcionó al Gobierno en la crisis del año pasado, pero cree que en un año electoral las cosas no serán lo mismo.
A la confrontación con el campo, esta estrategia suma una pelea con los medios, reflotando una reforma de la Ley de Radiodifusión con la que cree que el Gobierno intimidará a las empresas con restricciones que debió aplicar antes, pero que usó para convivir con ellas. Verbitsky anuncia, a propósito de esto, que el Gobierno va a revisar el fallo de la comisión de la competencia que permitió que el grupo Clarín administrase las cadenas de cable Multicanal y CableVisión, y que abrirá licitaciones para nuevos servicios. Los gobiernos existen para administrar asuntos públicos y la radiodifusión es uno de ellos. Es atinado que se ocupe el Gobierno de limitar el abuso de posiciones dominantes y otras formas de desigualdad, en medios y en otras actividades. Pero, que se acuerde de hacerlo como forma de presión sobre medios a los que mi-ra como adversarios políticos es otra forma de la privatización de los asuntos públicos para ponerlos al servicio de un sector. En este asunto, además, de un sector con el cual el Gobierno se llevó bien, hasta que dejó de hacerlo sin que ninguna de las dos partes le cuente al público por qué razones ocurrió una y otra cosa.
Verbitsky se ocupa de aclarar que no fue él, y a pedido del Gobierno, que destapó detalles en una columna anterior los detalles de la negociación entre Hugo Biolcati y Julio De Vido. Admite que leyó esa información en el diario Clarín y que él sólo se ocupó de buscar cuál había sido la trama secreta de esos encuentros. La bestia negra de sus reflexiones es Eduardo Buzzi, a quien atiende el columnista en todas sus entregas, en las cuales lo acusa de abandonar su pasado de dirigente en el Frente Nacional contra Pobreza, una entidad a la que pertenecieron el dirigente y el periodista y que debió llamarse, con ma-yor razón, Frente Nacional contra la Riqueza.

VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. Agobiado como sus colegas por la necesidad de ensayar comentarios sobre hechos que se interpretan solos, el columnista hunde el cuchillo en el Gobierno y se pregunta si la tajada de poder que conservaron los Kirchner les alcanzará para sortear una temporada que se complica día a día. Con menos lo incluiría Néstor Kirchner en la lista de los «destituyentes» porque lo dicho implica dudar de que Cristina de Kirchner pueda terminar su mandato.
Es duro también con los dirigentes del campo que negocian y se pelean con el Gobierno, sumisos a la dialéctica del golpe y del abrazo que les ofrecen los Kirchner. Cita a Elisa Carrió con una frase que sintetiza esa percepción: «Terminan por estar frente a un espejo».

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