6 de junio 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

Cristina Kirchner y Aníbal Ibarra
Cristina Kirchner y Aníbal Ibarra
VAN DER KOOY, EDUARDO
«Clarín».

Prescindible: Este domingo la nota del columnista del monopolio vuelve a ser un calco de la de Joaquín Morales Solá en «La Nación». Hasta en las palabras con las que encara cada tema. Los dos echan incienso sobre Roberto Lavagna (Van der Kooy sin nombrarlo) imputándole a la economía las mejores noticias para el gobierno: salida del default, mejora en la calificación de Standard & Poor's, revés para los bonistas italianos en el supremo tribunal de ese país, idilio con el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, descongelamiento de las negociaciones con las privatizadas por tarifas... Las dos notas dicen lo mismo, como si copiaran una circular enviada desde una oficina oficial. Van der Kooy agrega que Estados Unidos no quiere que Rafael Bielsa sea alejado de la Cancillería (una coincidencia más entre Bielsa y el Departamento de Estado) y después cuenta un par de curiosidades sobre política exterior. Por ejemplo, que Néstor Kirchner sigue defendiendo la ocurrencia de un acuerdo espectacular con China que jamás se produjo y que también está enojado porque se divulguen postergaciones de entrevistas como la que iba a mantener con el presidente de Sudáfrica y que se aplazó por razones «de campaña». Como Morales Solá, van der Kooy también se dedica a la pelea Kirchner-Duhalde. Los dos insinúan un dato: Cristina Kirchner no está dispuesta a ir a la candidatura a senadora bonaerense si no es en el marco de un acuerdo con el duhaldismo. En todo el relato, sin más novedad que esa información casi velada, respira el mismo juicio de valor: Kirchner no debería pelearse con Duhalde porque eso perjudicaría la tonicidad política e institucional del gobierno.

MORALES SOLA, JOAQUIN
«La Nación».

Prescindible: El columnista despacha un elogio a la normalización económica en los mismos términos que su colega de «Clarín». Cuando narra la pelea Kirchner-Duhalde aporta un dato: el viernes el Presidente le ofreció a Duhalde un acuerdo sobre la base de que su esposa Chiche renuncie a la candidatura a senadora. Diez días antes le había propuesto lo mismo pero con una lista de diputados diseñada por la Casa Rosada y las de los diputados y senadores de la Legislatura tengan sólo 30% de duhaldismo. Después Morales Solá avanza sobre un argumento ya expuesto en una nota de Ambito Financiero hace más de dos semanas: el gobierno no tiene asegurado el triunfo en ningún distrito grande. No saca el columnista la conclusión obvia: el «plebiscito», en términos simbólicos, está lejos de ganarse. Kirchner gana allí donde se impone el PJ tradicional, hacia el que está lleno de recelos. Vuelve sobre la economía, Morales Solá, para terminar con una preocupación de Roberto Lavagna: la desaceleración de la economía brasileña de los primeros tres meses de este año (bastante más moderada que la desaceleración de la economía argentina en el mismo lapso: esto el columnista no lo dice). Si este cuadro deriva en una invasión de productos brasileños, Lavagna tomará medidas que romperán el Mercosur, promete el periodista que mejor lo expresa.

GRONDONA, MARIANO
«La Nación».

Regular: Buen ensayo de Grondona sobre conceptos que domina muy bien y que, en este caso, aplica a dos circunstancias históricas, concretas: el triunfo del No a la Constitución europea en Francia y Holanda y las «puebladas» (así las llama) que se pusieron de moda en Sudamérica (Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, etc.) Grondona sostiene que lo que emergió en los referendos europeos es el sentimiento nacional, propio de los dos últimos siglos de esa sociedad. Es un sentimiento, dice, más operativo que el de afán de autonomía o lucro individual ( consagrado por el liberalismo) o que el sentimiento de clase (consagrado por el marxismo). El columnista apunta que sólo allí donde el experimento supone un bienestar inmediato para la comunidad nacional (España, Portugal) la existencia de Europa es defendida por quienes viven en ella. La manifestación de esta prelación de la nación por sobre otras unidades más amplias se expresó en consultas populares en las que el pueblo desmintió las suposiciones de los dirigentes, todos confiados en el triunfo del Sí (de paso recuerda que a los plebiscitos los carga el diablo, aunque sin hacer referencia alguna a la metáfora que usó Néstor Kirchner para referirse a las legislativas de este año). Grondona compara la expresión de la voluntad colectiva adoptada en Francia u Holanda con otras manifestaciones supuestamente democráticas: las puebladas sudamericanas que terminan volteando gobiernos en nombre del pueblo. Cita el artículo 22 de la Constitución el ensayista para recordar que cualquier fuerza que se arrogue la representación del pueblo fuera de los mecanismos institucionales incurre en el delito de sedición. Compara (y condena) a las puebladas porteñas, ecuatorianas o bolivianas con los golpes de Estado de 1930 a 1976 en la Argentina. Es decir, como manifestaciones antidemocráticas.

HORACIO VERBITSKY
«Página/12».

Prescindible:
Como pocas veces este domingo que pasó el periodista y asesor presidencial cumplió con su función de vocero oficialista. Cuando toda la prensa amiga del gobierno acosa a Aníbal Ibarra con presiones para desplazarlo del escenario político de la Capital, Verbitsky emplea toda la agresividad de la pluma a escarnecerlo al jefe de Gobierno que pasa por su peor hora tras la tragedia de Cromañón. Como antes lo había hecho con la hermana y senadora Vilma y sin agregar datos a lo ya conocido, la nota recuerda cómo armó Ibarra su gestión con socios de ocasión y un nutrido lote de amigos y parientes. Esto le impidió, cree Verbitsky, huir de las acusaciones por Cromañón, que es lo que le interesa esta vez por el lastre que implica sobre el principal socio de Kirchner.

Esta relación, y no los desaciertos de Ibarra en su gestión, que son anteriores a Cromañón, son el propósito de la nota de ayer y el escarnio busca diferenciar a dos dirigentes que hace pocos meses -cuando nadie imaginaba la posibilidad de una tragedia como la que ocurrió- se juraban amor eterno y sin que Verbitsky abriera la boca. Por caso, cuando Ibarra salió de la Casa de Gobierno diciendo que confeccionaría las listas de candidatos con el Presidente.

Este ataque crudo a Ibarra no busca la renuncia del jefe de Gobierno sino que se cumpla el propósito del gobierno de que les ceda posiciones en la administración municipal resignando cualquier pretensión electoral que pueda dañar el objetivo presidencial de un plebiscito de gestión. Ceder posiciones significa entregarle cargos al peronismo gobernante, partido del cual no forma parte Ibarra -su origen está en la Federación Juvenil Comunista, de la que formó parte también su vicejefe Jorge Telerman, con la diferencia de que el primero migró a la Justicia y el segundo al peronismo cafierista.

También olvidarse -y esa es la otra intención- de participar en las elecciones del 23 de octubre con candidatos propios. Ibarra teje en estas horas una alianza con el socialismo que le restaría votos al candidato oficial que hasta ahora es Rafael Bielsa. Tampoco quiere el gobierno, y lo consigna este vocero en su panorama de domingo, que Ibarra renuncie ahora dejándole a Daniel Scioli la chance de ir a las urnas por el cargo de jefe de Gobierno con más posibilidades que cualquier otro candidato.

Un aparte del panorama está dedicado a una queja testimonial del proyecto que desde hoy discutirá la cumbre de la OEA en Fort Lauderdale de reforzar la llamada «cláusula democrática» de ese organismo que sancionaría con más severidad a los países que se aparten del sistema.

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