19 de diciembre 2005 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Roberto Lavagna y Felisa Miceli
Roberto Lavagna y Felisa Miceli
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».

Su columna dominical es única de lectura necesaria este fin de semana. No por sus análisis, que hace rato no los hace o no son gravitantes, sino por su rol de vocero del presidente Kirchner dentro de su forma peculiar de informar: o por discursos -suelen ser los más agresivos- frente a auditorios circunstanciales o por su vocero Van der Kooy del medio doble pecador «Clarín»: monopolista y oficialista, algo que llevaría a crear nuevos círculos de bajeza si Dante Alighieri resucitara.

Lo más útil que transmite el columnista es que el Presidente está calmo y «en estado de gracia» tras el anuncio de cancelarle toda la deuda e intereses al Fondo Monetario (inclusive «Clarín» trae la novedad de que no son sólo u$s 9.810 millones sino 10.417 precisamente por sumarle los intereses -que no son de «1.000 millones» como agrandó el discurso presidencial-).

Que el Presidente esté «en estado de gracia» -o sea ni agresivo ni soberbio- es comprensible: sabe que la cancelación anunciada no es más que un golpe de efecto político en procura de agrandar su imagen pública (en épocas de peronismos carismáticos un anuncio así hubiera motivado una algarada en Plaza de Mayo), sin necesarias repercusiones buenas ni malas pero que se le puede venir en contra de repente ante una crisis internacional que la sorprenda a la Argentina con menores reservas por un capricho político de cancelar de un solo pago -convenía el escalonamiento- la deuda con el Fondo. O sea el Presidente asumió el riesgo de hacer más vulnerable a la Argentina. Cuando menos debió esperar qué repercusión tendrá sobre los países emergentes la elección boliviana.

Como vocero el columnista trae anuncios importantes que le dictan desde la Casa Rosada: a) Néstor Kirchner dice que si el Episcopado argentino le pide audiencia se la concede. Es importante esta información. b) Que el Presidente recibió al supermercadista Alfredo Coto dentro de su repetido método presidencial: un bofetón primero y luego llamado a conversar. Le fue bien con otros empresarios,por caso banqueros pero éstos se pueden compensar en negocios de muchas maneras por confraternizar con la Casa Rosada. Es más difícil para empresarios que compran y venden productos pues si se vuelven confraternizadores pueden quebrar. c) Anuncia que Venezuela comprará 2.400 millones de deuda pública pero no dice cómo ¿nuevos títulos?. Donde entre un comprador único tan fuerte los mercados se retraen en ese bono por temor a la manipulación. ¿Lo sabrá Kirchner? En verdad Venezuela ya lo hizo y le sacó a la Argentina muchos millones de dólares. Además es imposible que Venezuela entre en estas «ayudas amigables» sin cobrar más del doble de lo muy barato que significaban los créditos del Fondo Monetario que el kirchnerismo cancela sin saberse bien para qué. O si: sólo para pedestal del Presidente.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Si el tema de la semana fue económico-financiero, que no domina, y si se le fue del ministerio su otrora valioso confidente Roberto Lavagnaeste columnista de «La Nación» publicó una columna intrascendente esta vez. Sobre la cancelación de la deuda al Fondo, entonces, no agrega nada a lo ya publicado. Comete errores técnicos, como decir que la inflación de Brasil será mayor que la de la Argentina. Dice también que España no le aportará ayuda a Néstor Kirchner para esta patriada pese a que lo adelantó en primicia el viernes Ambito Financiero y lo confirmó el oficialista, además de su propio diario en dos notas, sobre declaraciones de Teresa Fernández de la Vega y sobre la negociación con el Club de París. Serían 1.000 millones de dólares por las dudas. No a efectivizar sino de resguardo por eventualidades, como una reserva extra al paso audaz del kirchnerismo de menguar las reservaspropias. Dice que Chávez puede comprar bonos argentinos para recomponer reservas y que tiene eso «riesgo político». Está dicho arriba que tiene mucho más riesgo económico porque espanta a otros posibles inversores.

Como novedad trae que Roberto Lavagna le habló por teléfono a Kirchner y lo felicitó por la cancelación. Aquí la fuente del periodista da certeza al dato, pero no es relevante: Lavagna se derrite más rápido de lo que se esperaba tras su renuncia. Y eso que aún tenemos un verano sin grandes calores.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».

Hace un buen análisis, con fundamentos históricos, de la realidad política del momento: tras la elección ganada el 23 de octubre Néstor Kirchner, sin duda más consolidado, pudo iniciar una relación política con sus opositores de diálogo y, en cambio, se volvió más agresivo. Podemos acotar nosotros que es parte intrínseca de su personalidad y que tiene un entorno de vengativos setentistas que no le facilitan para nada un camino hacia la moderación.

Dice Grondona que hay en los cambios políticos con iracundia una fase de iniciación, otra de radicalización (llamada jacobina), una tercera donde la radicalización cansa o genera anticuerpos y una cuarta donde son removidos los jacobinos. Tiene razón.


VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».

La columna del cronista-asesor es una larga gacetilla en la cual se deja traicionar por esa tendencia que tienen los periodistas a creer que lo que pasa ocurre sólo porque ellos lo anunciaron. En dos páginas describe cómo Néstor Kirchner es un dechado de coraje y coherencia y por qué el pago al FMI anunciado el jueves pasado es el final de una cuidada cronología que reposa en 10 puntos: desde la pelea con un diario («La Nación») al divorcio con Roberto Lavagna pasando por la nulidad de las leyes de punto final (en realidad un proyecto de Patricia Walsh) y el descabezamiento de la vieja Corte (un proceso que inició la Alianza y continuó Eduardo Duhalde y cuyas demoras Verbitsky le atribuye a Sergio Acevedo -gobernador de Santa Cruz, hoy distante del Presidente- y Elisa Carrió).

Ese repaso de la épica kirchnerista lo hace Verbitsky citando sus propias notas en «Página/12» de los domingos del último año, con lo cual transmite el mensaje de que Kirchner en realidad está cumpliendo el plan que propuso el periodista, y no al revés, si es que hubo o hay algún plan en las marchas y contramarchas en las medidas del gobierno.

La larga gacetilla sirve a un propósito: inflamarlo al Presidente de coraje para que profundice ahora una línea ideológica que permita
«dejar de contraponer la defensa del valor de la moneda a las necesidades más elementales de la política económica» (eso mismo que Raúl Alfonsín describió con la frase «Un poquito de inflación»). Para eso hay que terminar con el mito de la autonomía del Banco Central.

El final contiene una frasede
Kirchner sobre que «Ahora sí, lo que tenemos que discutir es un proyecto de país», una utopía irrealizable con un presidente que es incapaz de discutir nada. Y lo prueba el propio Verbitsky cuando reconoce que a Lavagna lo despidió Kirchner por no compartir las ideas de él y de Felisa Miceli sobre inflación, obra pública y situación social. La salida del ex ministro permitió, elogia Verbitsky, aplicar el control «a la francesa» de los costos empresariales. El mensaje a Lavagna para que permanezca en silencio remata la columna cuando Verbitsky reproduce el análisis de los incentivos fiscales a empresas que hizo el diputado Claudio Lozano, que muestra que 62% de los $ 1.100 millones del año 2005 se lo llevó una sola empresa (Aluar) que además está «marcada» por una comisión legislativa como responsable de una presunta fuga de capitales.

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