Comentarios políticos de este fin de semana
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Milei llegó a Israel y visitó el Muro de los Lamentos
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El desgaste aceleró la interna libertaria: el cortafuego Adorni, la oposición espera y las señales mixtas de la economía
Roberto Lavagna y Felisa Miceli
«Clarín».
«La Nación».
Si el tema de la semana fue económico-financiero, que no domina, y si se le fue del ministerio su otrora valioso confidente Roberto Lavagnaeste columnista de «La Nación» publicó una columna intrascendente esta vez. Sobre la cancelación de la deuda al Fondo, entonces, no agrega nada a lo ya publicado. Comete errores técnicos, como decir que la inflación de Brasil será mayor que la de la Argentina. Dice también que España no le aportará ayuda a Néstor Kirchner para esta patriada pese a que lo adelantó en primicia el viernes Ambito Financiero y lo confirmó el oficialista, además de su propio diario en dos notas, sobre declaraciones de Teresa Fernández de la Vega y sobre la negociación con el Club de París. Serían 1.000 millones de dólares por las dudas. No a efectivizar sino de resguardo por eventualidades, como una reserva extra al paso audaz del kirchnerismo de menguar las reservaspropias. Dice que Chávez puede comprar bonos argentinos para recomponer reservas y que tiene eso «riesgo político». Está dicho arriba que tiene mucho más riesgo económico porque espanta a otros posibles inversores.
Como novedad trae que Roberto Lavagna le habló por teléfono a Kirchner y lo felicitó por la cancelación. Aquí la fuente del periodista da certeza al dato, pero no es relevante: Lavagna se derrite más rápido de lo que se esperaba tras su renuncia. Y eso que aún tenemos un verano sin grandes calores.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
Hace un buen análisis, con fundamentos históricos, de la realidad política del momento: tras la elección ganada el 23 de octubre Néstor Kirchner, sin duda más consolidado, pudo iniciar una relación política con sus opositores de diálogo y, en cambio, se volvió más agresivo. Podemos acotar nosotros que es parte intrínseca de su personalidad y que tiene un entorno de vengativos setentistas que no le facilitan para nada un camino hacia la moderación.
Dice Grondona que hay en los cambios políticos con iracundia una fase de iniciación, otra de radicalización (llamada jacobina), una tercera donde la radicalización cansa o genera anticuerpos y una cuarta donde son removidos los jacobinos. Tiene razón.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».
La columna del cronista-asesor es una larga gacetilla en la cual se deja traicionar por esa tendencia que tienen los periodistas a creer que lo que pasa ocurre sólo porque ellos lo anunciaron. En dos páginas describe cómo Néstor Kirchner es un dechado de coraje y coherencia y por qué el pago al FMI anunciado el jueves pasado es el final de una cuidada cronología que reposa en 10 puntos: desde la pelea con un diario («La Nación») al divorcio con Roberto Lavagna pasando por la nulidad de las leyes de punto final (en realidad un proyecto de Patricia Walsh) y el descabezamiento de la vieja Corte (un proceso que inició la Alianza y continuó Eduardo Duhalde y cuyas demoras Verbitsky le atribuye a Sergio Acevedo -gobernador de Santa Cruz, hoy distante del Presidente- y Elisa Carrió).
Ese repaso de la épica kirchnerista lo hace Verbitsky citando sus propias notas en «Página/12» de los domingos del último año, con lo cual transmite el mensaje de que Kirchner en realidad está cumpliendo el plan que propuso el periodista, y no al revés, si es que hubo o hay algún plan en las marchas y contramarchas en las medidas del gobierno.
La larga gacetilla sirve a un propósito: inflamarlo al Presidente de coraje para que profundice ahora una línea ideológica que permita «dejar de contraponer la defensa del valor de la moneda a las necesidades más elementales de la política económica» (eso mismo que Raúl Alfonsín describió con la frase «Un poquito de inflación»). Para eso hay que terminar con el mito de la autonomía del Banco Central.
El final contiene una frasede Kirchner sobre que «Ahora sí, lo que tenemos que discutir es un proyecto de país», una utopía irrealizable con un presidente que es incapaz de discutir nada. Y lo prueba el propio Verbitsky cuando reconoce que a Lavagna lo despidió Kirchner por no compartir las ideas de él y de Felisa Miceli sobre inflación, obra pública y situación social. La salida del ex ministro permitió, elogia Verbitsky, aplicar el control «a la francesa» de los costos empresariales. El mensaje a Lavagna para que permanezca en silencio remata la columna cuando Verbitsky reproduce el análisis de los incentivos fiscales a empresas que hizo el diputado Claudio Lozano, que muestra que 62% de los $ 1.100 millones del año 2005 se lo llevó una sola empresa (Aluar) que además está «marcada» por una comisión legislativa como responsable de una presunta fuga de capitales.




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