Comentarios políticos de este fin de semana

Política

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


El columnista realiza un racconto minucioso y objetivo de la crisis boliviana de la última quincena, que amenaza a ese país con una secesión de sus regiones más ricas (Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija). Describe bien la preocupación que despierta en la Argentina y en el Brasil esa tormenta, que terminó de desatarse por el cambio de reglas de juego en la Constituyente convocada por Evo Morales. También consigna que hoy no son esos dos vecinos los más influyentes sobre el proceso boliviano: hay que mirar a la Venezuela de Hugo Chávez y la Cuba de Fidel Castro. Estos dos padrinos de Evo podrían conducirlo, dice Morales Solá, a la guerra civil.

La otra peripecia a la que el columnista dedica su nota es la tirante relación entre la Argentina y el Uruguay. Aquí la nota se vuelve más antojadiza, siempre a favor de Montevideo. Pone bajo la lupa el fallo arbitral sobre los cortes de ruta entre Gualeguaychú y Fray Bentos y se empecina en destacar los renglones menos favorables a la Argentina. Según Morales Solá no hubo condena pero sí una derrota procesal: el tribunal admitió que el conflicto de las papeleras era un conflicto regional, por lo menos en la forma de protesta de los vecinos. Es cierto que el tribunal recomendó no utilizar ese método para protestar. Pero también reconoció la legítima preocupación de los vecinos, con lo que abrió la puerta en contra del Uruguay en el flanco ambiental del problema. Esto Morales Solá no lo menciona.

Sí, en cambio, aduce que la mala relación con la Argentina está arrojando a Uruguay en brazos de Washington. Es una exageración: ¿si hubiera un idilio entre Buenos Aires y Montevideo se ahogaría la vocación uruguaya por facilitar el comercio con los Estados Unidos? Aquí la lectura de Morales Solá es demasiado restringida: Uruguay pretende abrir su comercio, como lo hace Chile, porque encuentra muy pocos sectores que merezcan ser protegidos con aranceles tan altos como los que rigen en el Mercosur para terceras regiones. Son la dimensión de su PBI y el perfil de su aparato productivo los que impulsan al libre comercio a los uruguayos. En este sentido, el que los arroja en brazos de Washington es Brasil, que sí tiene industrias a las que preservar de una corriente de comercio norteamericana. El columnista no roza siquiera este enfoque y se queda muy corto en la explicación. Aunque consigna que quien vetó una tratativa uruguaya con Washington no fue Kirchner, por las papeleras, sino Lula, por preservar las barreras que rigen en el Mercosur, de las que Brasil es el principal beneficiario.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


La columna glosa largamente, a la luz de algunas encuestas oficiales, un argumento recurrente en la boca del Presidente: su presunta reticencia a un nuevo mandato presidencial en 2007. Pocos creen que esta afirmación sea cierta, pero Néstor Kirchner la repetiría en los últimos días en una reunión con José Manuel de la Sota, seguramente la fuente del periodista. Esa negativa al nuevo mandato tiene condicionamientos que seguramente expliquen que al final, como Kirchner hacía cuando era gobernador de Santa Cruz, haga lo contrario de lo que había anunciado.

Los condicionamientos surgen, según Van der Kooy, de sondeos que le aseguran a Kirchner -si fuera candidato- un triunfo en una primera vuelta electoral. Como hay una distancia ya de entre 15 y 18 puntos con su esposa Cristina -ella está debajo en intención de voto, con caída de adhesiones en Capital Federal- un triunfo de ésta sería más difícil y, en caso de lograrse, condicionaría un eventual mandato cristinista. Ese escenario pondría al país, además, ante la posibilidad de que existiese un gobierno paralelo, el de la presidenta y el de su marido, orientado a controlarla a ella.

Ese escenario, especula Van der Kooy, no sería el mejor para enfrentar la complejidad de los problemas del país en el futuro cercano: crisis energética con amenaza de apagones en verano, problemas con los países vecinos o dificultades para contener la inflación con la actual metodología de los precios «concertados» que, de hecho, ya ha cristalizado en dos índices, el oficial y el de bolsillo, que castiga con aumentos a la clase media que paga colegios, medicina privada o alquileres.

Con ese panorama, el dilema que presenta el columnista al arrancar su panorama parece tener una sola solución: que Kirchner intente un nuevo mandato para enfrentar tal maraña de problemas.

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


Este domingo, al periodista le gana el asesor presidencial porque la columna de Verbitsky parece perseguir a un solo lector, Néstor Kirchner, a quien cree necesario tranquilizar respecto de su futuro electoral. Para ello sanciona que la administración del santacruceño no peligra porque el arco de la oposición no se ha podido sindicar en un dirigente único que amenace su reelección. Para demostrarlo arma con saldos y retazos de información un cuadro según el cual el principal motor de los opositores es desalojarlo a Kirchner de la Casa de Gobierno, con lo cual reduce la actividad de todo aquel que no profese oficialismo a una mezquina inquina negativa. Esa oposición «nonata» -una burla a la fe de los católicos hacia San Ramón Nonato, por quien rezó una misa Jorge Bergoglio el día de la marcha de Blumberg y con eso basta para sumarlo al cardenal como bastonero de la oposición- se mueve por consignas como impedir los indultos a José Martínez de Hoz o por señales que vienen de Washington, terminal, según Verbitsky, de la candidatura de Roberto Lavagna. Con eso intenta tranquilizar Verbitsky a Kirchner; la oposición no tiene destino y será, cree, fácilmente derrotada en una elección porque todos sus pasos la condenan a la pequeñez: Macri lejos de Lavagna facilita un triunfo kirchnerista en primera vuelta, la distancia de Sobisch les hace perder el concurso de quien, afirma, es «el único de todos ellos con conocimientos del juego político y su remate electoral». Ni aun Blumberg, según el columnista, puede sumar mucho porque no todos los familiares de víctimas del delito respaldan su cruzada y creen que el endurecimiento de pena no resolverá la ola de inseguridad que nadie puede detener en el país. El único reproche que merece el gobierno en este cuadro es la desprolijidad de las algaradas callejeras de Luis D'Elía, cuyo impacto negativo en la opinión puede mitigar el gobierno aumentando jubilaciones y prometiendo créditos baratos para la vivienda a los sectores medios.

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