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Cristina Kirchner y Roberto Lavagna
«La Nación».
«Clarín».
Los condicionamientos surgen, según Van der Kooy, de sondeos que le aseguran a Kirchner -si fuera candidato- un triunfo en una primera vuelta electoral. Como hay una distancia ya de entre 15 y 18 puntos con su esposa Cristina -ella está debajo en intención de voto, con caída de adhesiones en Capital Federal- un triunfo de ésta sería más difícil y, en caso de lograrse, condicionaría un eventual mandato cristinista. Ese escenario pondría al país, además, ante la posibilidad de que existiese un gobierno paralelo, el de la presidenta y el de su marido, orientado a controlarla a ella.
Ese escenario, especula Van der Kooy, no sería el mejor para enfrentar la complejidad de los problemas del país en el futuro cercano: crisis energética con amenaza de apagones en verano, problemas con los países vecinos o dificultades para contener la inflación con la actual metodología de los precios «concertados» que, de hecho, ya ha cristalizado en dos índices, el oficial y el de bolsillo, que castiga con aumentos a la clase media que paga colegios, medicina privada o alquileres.
Con ese panorama, el dilema que presenta el columnista al arrancar su panorama parece tener una sola solución: que Kirchner intente un nuevo mandato para enfrentar tal maraña de problemas.
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».
Este domingo, al periodista le gana el asesor presidencial porque la columna de Verbitsky parece perseguir a un solo lector, Néstor Kirchner, a quien cree necesario tranquilizar respecto de su futuro electoral. Para ello sanciona que la administración del santacruceño no peligra porque el arco de la oposición no se ha podido sindicar en un dirigente único que amenace su reelección. Para demostrarlo arma con saldos y retazos de información un cuadro según el cual el principal motor de los opositores es desalojarlo a Kirchner de la Casa de Gobierno, con lo cual reduce la actividad de todo aquel que no profese oficialismo a una mezquina inquina negativa. Esa oposición «nonata» -una burla a la fe de los católicos hacia San Ramón Nonato, por quien rezó una misa Jorge Bergoglio el día de la marcha de Blumberg y con eso basta para sumarlo al cardenal como bastonero de la oposición- se mueve por consignas como impedir los indultos a José Martínez de Hoz o por señales que vienen de Washington, terminal, según Verbitsky, de la candidatura de Roberto Lavagna. Con eso intenta tranquilizar Verbitsky a Kirchner; la oposición no tiene destino y será, cree, fácilmente derrotada en una elección porque todos sus pasos la condenan a la pequeñez: Macri lejos de Lavagna facilita un triunfo kirchnerista en primera vuelta, la distancia de Sobisch les hace perder el concurso de quien, afirma, es «el único de todos ellos con conocimientos del juego político y su remate electoral». Ni aun Blumberg, según el columnista, puede sumar mucho porque no todos los familiares de víctimas del delito respaldan su cruzada y creen que el endurecimiento de pena no resolverá la ola de inseguridad que nadie puede detener en el país. El único reproche que merece el gobierno en este cuadro es la desprolijidad de las algaradas callejeras de Luis D'Elía, cuyo impacto negativo en la opinión puede mitigar el gobierno aumentando jubilaciones y prometiendo créditos baratos para la vivienda a los sectores medios.




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