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Con argumentos contrarios a los de Mariano Grondona, el columnista-vocero del gobierno también expresa el deseo de que Mauricio Macri sea candidato a presidente. No porque vea una amenaza al gobierno de los Kirchner en esa postulación sino porque sería, dice, una contribución a las instituciones. Verbitsky viene desarrollando desde hace varias semanas una hipótesis más que discutible: el PRO de Macri es el primer partido de derecha (o de las clases dominantes) que ha surgido en la Argentina desde 1916. Como para el oficialismo todo se agota en juegos de palabras, olvida el columnista que partidos de derecha hubo muchos, desde el Partido Demócrata Nacional y sus variantes hasta el propio Partido Justicialista, en nombre del cual gobierna Néstor Kirchner, al cual sólo podría calificárselo de centro o de izquierda por un error de la geometría.
Verbitsky cree como Kirchner (¿o es al revés?) que una Argentina madura debería tener un partido de izquierda (el Frente para la Victoria, siempre dentro de la extravagancia geométrica, claro) y uno de derecha (el PRO de Macri) de cuya confrontación se animaría la dialéctica de la historia. Este disparate teórico (una zoncera, diría Arturo Jauretche, el hombre que le partió la cabeza a Cristina Fernández, lo confiesa ella) circula mucho entre intelectuales y tiene poco que ver con la realidad. Pero responde a un interés político del oficialismo, que cree necesitar la confrontación con alguien para darle a un eventual triunfo de Cristina de Kirchner la legitimidad política de la que carece su esposo, que es presidente después de perder las elecciones y con un magro 22,24% de los votos.
El resto del servicio de ayer lo resuelve despachando cuestiones personales. Por ejemplo, atribuirle a Eduardo Duhalde estar al frente de una conspiración política contra el gobierno, cuando es demostrable que el ex presidente es objetivamente es el mejor aliado de su heredero.
También hay dardos contra Guillermo Moreno y sus astracanadas en el INDEC. Informa que delegados del secretario de Comercio recorren los despachos de esa repartición portando armas en su función de controlar las computadoras en las que se confeccionan los índices de precios.
En la imaginación de columnista desfilan otros conspiradores, como los vicarios de «poderosos intereses» que buscan alguna alternativa opositora al kirchnerismo, cuando el gobierno es un cabal representante del establishment de los negocios, como lo demostró el pobre apoyo empresario que tuvo la candidatura porteña de Mauricio Macri.
En la extravagancia hay que anotar la emoción del columnista cuando describe el filme «Pulqui II, un instante en la patria de la felicidad» que el público, afirma, ve con «ojos húmedos y la garganta oprimida». No es nueva esta confesión del Verbitsky llorón; cuando se estrenó la película «Gatica» de Leonardo Favio contó en una columnaque había ido varias a veces a verla y que terminaba llorando. Sobre el filme del Pulqui no se sabe si llora por su afición a la aeronáutica (escribió un libro sobre la materia durante el Proceso militar encargado por el fallecido comodoro Juan José Güiraldes) o por su recuerdo del peronismo del ciclo 1946-1955, sobre cuya falta de democracia no derrama ninguna lágrima.
Tan conmovido queda después de esa evocaciónque rescata hasta el proyecto del misil-Cóndor del gobierno militar, sepultado por la administración Menem.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
Expresa el columnista las malas relaciones entre el monopolio y el gobierno, algo que es noticia por confesión de parte (Néstor Kirchner nombró como interventor en Papel Prensa, empresa que comparten, al propio jefe de Gabinete) cuando dice que «todas las malarias parecieran confabularse contra el Presidente en el momento menos oportuno».
Esa frase agorera era inimaginable hace un año, cuando el monopolio aseguraba que habría kirchnerismo para rato. También la descripción del Presidente como enfermo de conspiraciones, perseguidor de periodistas (lo hizo su esposa con los enviados a cubrir el viaje a España).
Como Verbitsky, destaca Van der Kooy que el principal error del gobierno fue haberle quitado confiabilidad a los índices de precios que elabora el INDEC, oficina que cree Kirchner es una terminal de los poseedores de bonos actualizados por costo de vida y que buscan beneficiarse de una inflación inventada.
Reflota también las heridas más crueles para el gobierno que son la renuncia de Felisa Miceli por la bolsa de dinero encontrada en su despacho (en el poder, dice, hay hoy inclemencia contra ella) y el manejo desmañado que hace del gasto público la secretaria ambiental Romina Picolotti. A ésta directamente Van der Kooy le anuncia el despido antes del 10 de diciembre.
Sobre la candidatura presidencial de Mauricio Macri hace también su aporte: cree que no le conviene jugarse porque arriesgaría la popularidad y el apoyo electoral que lo ha puesto donde ya está y de donde no debe moverse.
MORALES SOLA, JOAQUIN. «La Nación».
Sin más información que la conocida durante la semana sobre el viaje de Cristina de Kirchner a España, el columnista mortifica al Presidente por su tozudez en tratar de beneficiarse por una presunta emergencia del país que le permite gobernar con mecanismos de excepción. Es ilustrativa la expresión de uno de los contertulios de la senadora en Madrid quien la juzgó mejor que su marido (quizás sea una ley de todos los matrimonios...), que le sirve a Morales Solá para describir por dónde pasa la demanda de los inversores externos. No tanto en tarifas de los servicios o de tasas de retorno sino de certidumbre futura para sus negocios.
A esto respondió Cristina de Kirchner en sus diálogos madrileños, pero sin mucho respaldo del gobierno que la sostiene, tanto que duró poco el buen clima que había dejado en desayunos y almuerzos con empresarios españoles. Su esposo, distraído por el vértigo del «atril» que usa en el Salón Blanco o en el Salón Sur de la Casa de Gobierno, prefirió castigar a esos empresarios que se habían llevado una impresión más grata de ella que de él en su rol de «verdugo de más inocentes que culpables». Con ese ánimo nada bueno le vaticina el columnista al Presidente: cree que usó la crisis internacional para encubrir una nueva devaluación del peso, que tolera demasiado la violencia de los reclamos sindicales (piquetes en fábricas, algaradas de taxistas ante un hotel).
Sobre la carrera presidencial de Mauricio Macri, tema infaltable en todos los panoramas de análisis políticos de ayer, se pliega a la idea de que el gobernador electo de la Capital debe asumir ese cargo antes que arriesgar una derrota electoral nacional. Sería un suicidio político de Macri, concluye. Cree Morales Solá que una candidatura macrista es una amenaza seria a las chances de Cristina Fernández de perpetuar a los Kirchner en la elección presidencial, pero que el Presidente podría desbaratarla si accediese a los reclamos por cesiones de fondos que le plantea Macri en esta tumultuosa transición previa al 10 de diciembre. Una lectura claramente inspirada en lo que piensa en estas horas el propio Macri.
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
Divididas las opiniones de los columnistas sobre la cuestión, Grondona apuesta a la conveniencia de que Mauricio Macri considere en serio una candidatura presidencial. Lo transmite más en las entrelíneas porque seguramente conoce lo que hará al final el gobernador electo de la Capital, pero dedica la columna de ayer a descomponer los factores que juegan en la decisión de tomar parte o no en la presidencial.
Cree que sería dañoso para su imagen ante la opinión pública no cumplir con el mandato de las urnas pero frente a eso alza una necesidad de Estado: según Grondona es el único político que puede frustrar el proyecto del matrimonio Kirchner de instaurar una diarquía (gobierno de dos) en la Argentina. El profesor adhiere a las hipótesis de que el matrimonio presidencial con la candidatura de Cristina Fernández exacerba el nepotismo e intenta un regreso del marido en 2011 para luego, a su vez, hacerse suceder por la esposa cuando haya agotado los mandatos constitucionales. La senadora ha negado que ése sea el proyecto familiar y en un reportaje que dio a un diario madrileño auguró un retiro del esposo dedicado, dijo textualmente, «a nuestras actividades económicas».
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