Comentarios políticos de este fin de semana
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Milei se hizo eco de las críticas (y las minimizó): "Nadie es profeta en su tierra"
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La Justicia ordenó restituir la pensión de Cristina, pero el Gobierno apelará ante la Corte Suprema
Luis D’Elía
«Página/ 12».
En ese paquete hay también para los grandes productores: ley de abastecimiento desde esta semana para forzarlos a vender sus productos y ataque a los oligopolios que, afirma, concentran los quince insumos principales que se usan. No indica si entre ellos está el oligopolio de opinión «Clarín», hoy en una actitud sospechosamente crítica hacia el gobierno, quizás por algún asunto de alta definición.
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
Abstraído como los demás analistas del domingo, este columnista imagina que la crisis entre el gobierno y el campo es una bisagra de la historia. No explica bien por qué, salvo para quienes entiendan la deliciosa metáfora que expresa: «Tampoco los dinosauriosse notificaron del día en que cambió el ecosistema que los condenó a la extinción». De antología.
Lo que quiere decir Morales Solá es que Cristina de Kirchner no puede gobernar con el método de su esposo porque lo que Néstor Kirchner hacía con alguna muñeca, en manos de su esposa redunda en las salvajadas públicas de Luis D'Elía. Es decir, una situación sin control, explosiva y que por milagro no ha hecho derramar sangre.
La Presidente, según esta percepción, intentaría mandar como lo hacía en Santa Cruz, una provincia alambrada para los Kirchner y sin pluralidad de medios de comunicación. Por eso las algaradas de D'Elía y los exabruptos de Guillermo Moreno, quien -dice- se pasó el viernes atizando a supermercadistas para que no aumentasen los precios.
El final es que los Kirchner han dado término a su romance con la clase media, algo que habría primero que probar si alguna vez existió.
LABORDA, FERNANDO.
«La Nación».
Aporta leña a las críticas al gobierno, al que imagina más inspirado que nunca por el de Hugo Chávez en Venezuela: eso es lo que significa apropiarse de los ingresos derivados del campo en beneficio propio, algo que hace el bolivariano con el petróleo de su país. Luis D'Elía, discípulo de Chávez con aval de impunidad desde el gobierno, propicia además una especie de confiscación de tierras para una reforma agraria parecida a la que hizo el venezolano en su país.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
El columnista retuerce al gobierno con críticas que prueba el cambio en el monopolio hacia un tono descalificador del gobierno. Van der Kooy mira al gobierno como autor de una cadena de desaciertos que le hacen desaprovechar al país una oportunidad económica excepcional. Un diagnóstico que hasta ahora sólo avalaba un López Murphy. Llega el columnista a afirmar que la aplicación de las retenciones móviles es una confiscación, extremo que hasta los ruralistas más agrios han evitado sostener en sus diálogos con el gobierno.
Entre esos desaciertos enumera la sucesión familiar en el gobierno, que ha privado a Cristina de Kirchner de la luna de miel en el poder de que goza toda nueva administración; el choque con los gobernadores, cuyos intereses están más cerca de los hombres de campo en huelga que del gobierno central, la demora en poner en marcha un plan estratégico para el agro que vaya más allá de aplicarle sucesivos aumentos de retenciones, el desacople con el Congreso, en donde los legisladores tienen los mismos intereses que los activistas del campo, entregar la gestión del problema a Guillermo Moreno y Luis D'Elía.
Para colmo estos desaciertos de la gestión diluyen el proyecto político de Néstor Kirchner de dominar el Partido Justicialista, con lo cual se le empaña el panorama del oficialismo para las elecciones del año que viene. O sea que todo de mal en peor, porque «tanta contradicción -afirma- es indigerible para muchos argentinos».
Atinada la hipótesis de que estos resbalones del gobierno los explica también la crisis política que persiste en la Argentina y que la dirigencia -menos aún la del gobierno- no hace nada para remediar.




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