Comentarios políticos de este fin de semana

Política

VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


Así como las leyes tiene un decreto reglamentario que explica detalles y articulaciones para ponerlas en práctica, esta columna del periodista-asesor vale como una reglamentación del discurso de Cristina de Kirchner en Parque Norte. Verbitsky intenta justificar con alguna erudición de prontuario la acusación de la Presidente sobre que los cacerolazos en las grandes ciudades de la semana pasada no expresan un apoyo a los huelguistas del campo sino el rechazo a la política oficial en derechos humanos.

También ilustra los dichos de Cristina de Kirchner -y la cartelería del oficialismo- que buscaron identificar la protesta con la figura de José Martínez de Hoz y la extravagante evocación del dictador Jorge Videla.

Todo esto alimenta la hipótesis de que el paro del campo es un «intento de desestabilización institucional», una acusación dirigida naturalmente a paralizar a estos adversarios de la política agropecuaria que nunca se soñaron golpistas. El dardo está dirigido a respaldar la táctica del oficialismo de aglutinar en torno de sí a todo el Partido del gobierno para enfrentar a las clases medias en donde, fantasea el columnista, «el sentimiento gorila sigue idéntico a sí mismo».

Por decoro, el columnista se digna señalar algunos de los errores del gobierno en el manejo de la crisis; recuerda que la forma de confrontación -golpear primero para después acordar- los llevó a los Kirchner en Santa Cruz a convertir un conflicto trivial en una larga puja en la cual pagaron un alto costo político. También dedica unas línea de la columna a criticar el desguace del INDEC y a su mandamás Guillermo Moreno (a quien llama con ironía «pintoresco As de Cartón»).

Verbitsky aporta su grano de arena con la exposición de la batería de medidas que el gobierno se disponer a anunciar hoy, extraídas de un viejo documento del año pasado que se preparó con proyectos para mejorar la situación de los pequeños productores: reintegros de retenciones a los más chicos, baja del precio de los fertilizantes, subsidio para lácteos de consumo popular, «cuarteo de la media res» (operación de cirugía carniceril para separar la vaca del pobre de la vaca del rico), mejoras salariales a los trabajadores rurales (de paso lanza un palo contra el sindicalista de la UATRE Gerónimo Venegas por alinearse con los patrones, como si Hugo Moyano no hiciera lo mismo, quizá porque el cacique camionero funge de gremialista pero también es empresario), recuperación del Belgrano Cargas, etc.

En ese paquete hay también para los grandes productores: ley de abastecimiento desde esta semana para forzarlos a vender sus productos y ataque a los oligopolios que, afirma, concentran los quince insumos principales que se usan. No indica si entre ellos está el oligopolio de opinión «Clarín», hoy en una actitud sospechosamente crítica hacia el gobierno, quizás por algún asunto de alta definición.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Abstraído como los demás analistas del domingo, este columnista imagina que la crisis entre el gobierno y el campo es una bisagra de la historia. No explica bien por qué, salvo para quienes entiendan la deliciosa metáfora que expresa: «Tampoco los dinosauriosse notificaron del día en que cambió el ecosistema que los condenó a la extinción». De antología.

Lo que quiere decir Morales Solá es que Cristina de Kirchner no puede gobernar con el método de su esposo porque lo que Néstor Kirchner hacía con alguna muñeca, en manos de su esposa redunda en las salvajadas públicas de Luis D'Elía. Es decir, una situación sin control, explosiva y que por milagro no ha hecho derramar sangre.

La Presidente, según esta percepción, intentaría mandar como lo hacía en Santa Cruz, una provincia alambrada para los Kirchner y sin pluralidad de medios de comunicación. Por eso las algaradas de D'Elía y los exabruptos de Guillermo Moreno, quien -dice- se pasó el viernes atizando a supermercadistas para que no aumentasen los precios.

El final es que los Kirchner han dado término a su romance con la clase media, algo que habría primero que probar si alguna vez existió.

LABORDA, FERNANDO.
«La Nación».


Aporta leña a las críticas al gobierno, al que imagina más inspirado que nunca por el de Hugo Chávez en Venezuela: eso es lo que significa apropiarse de los ingresos derivados del campo en beneficio propio, algo que hace el bolivariano con el petróleo de su país. Luis D'Elía, discípulo de Chávez con aval de impunidad desde el gobierno, propicia además una especie de confiscación de tierras para una reforma agraria parecida a la que hizo el venezolano en su país.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


El columnista retuerce al gobierno con críticas que prueba el cambio en el monopolio hacia un tono descalificador del gobierno. Van der Kooy mira al gobierno como autor de una cadena de desaciertos que le hacen desaprovechar al país una oportunidad económica excepcional. Un diagnóstico que hasta ahora sólo avalaba un López Murphy. Llega el columnista a afirmar que la aplicación de las retenciones móviles es una confiscación, extremo que hasta los ruralistas más agrios han evitado sostener en sus diálogos con el gobierno.

Entre esos desaciertos enumera la sucesión familiar en el gobierno, que ha privado a Cristina de Kirchner de la luna de miel en el poder de que goza toda nueva administración; el choque con los gobernadores, cuyos intereses están más cerca de los hombres de campo en huelga que del gobierno central, la demora en poner en marcha un plan estratégico para el agro que vaya más allá de aplicarle sucesivos aumentos de retenciones, el desacople con el Congreso, en donde los legisladores tienen los mismos intereses que los activistas del campo, entregar la gestión del problema a Guillermo Moreno y Luis D'Elía.

Para colmo estos desaciertos de la gestión diluyen el proyecto político de Néstor Kirchner de dominar el Partido Justicialista, con lo cual se le empaña el panorama del oficialismo para las elecciones del año que viene. O sea que todo de mal en peor, porque «tanta contradicción -afirma- es indigerible para muchos argentinos».

Atinada la hipótesis de que estos resbalones del gobierno los explica también la crisis política que persiste en la Argentina y que la dirigencia -menos aún la del gobierno- no hace nada para remediar.

Dejá tu comentario