14 de abril 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Hugo Chávez
Hugo Chávez
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


Con la misma fingida candidez con que lo hizo el gobierno hace un mes, el columnista se manifiesta horrorizado por la invasión de los cultivos de la maldita soja por los campos del Señor. Hasta ese momento, la prosperidad criolla se debía, entre otras bonanzas, a la magia ascendente de este «yuyito» (al decir presidencial) que funcionaba para el Tesoro como los diamantes para Sudáfrica. La entrega de ayer, en efecto, es una reproducción de los argumentos antisoja del gobierno para justificar lo obvio, que es la voracidad fiscal en un año con más gastos que ingresos.

Desde el prisma de Verbitsky, Cristina de Kirchner terminó de doblegar a los activistas del campo cuando escuchó en la reunión del viernes que estaban dispuestos al diálogo, a participar de un programa de mejor reparto de la renta nacional y a la defensa de los derechos humanos. Una obviedad concluir de esa actitud un triunfo para el gobierno ya que había sido el propio gobierno quien acusó, sin más fundamento de su necesidad dialéctica, a esos sectores de no querer dialogar, de estar contra los derechos humanos y del mejor reparto de la riqueza.

En tren de consolar al gobierno en esta pulseada en la que ha sido el matrimonio Kirchner el que parece doblegarse ante la calle, el columnista llama « empresarios rústicos» a los dirigentes de las cuatro entidades. Calificativo, de paso, que puede valerle una amonestación del observatorio oficial de medios contra la discriminación. ¿Frente a esos rústicos quién estaba sino el lujoso personaje de Bárbara Mihura? Eso es discriminación.

Ante la pobreza de argumentos, cita dichos solemnes de la Presidente a sus visitantes del viernes en la Casa de Gobierno, como que en Haití y en Egipto hay mucha hambre, a causa de lo cual ya ha habido muertos. Muertos por el hambre los hay desde los tiempos de Matusalén y es difícil que alguien crea lo contrario porque lo recuerde la Presidente en su despacho.

El resto de la columna es producción ajena: una historia de la soja en la Argentina y cómo se convirtió en un mejor negocio que otros productos y una monografía de Martín Lousteau sobre la conveniencia de la producción de leche por sobre la soja, producto de la ciencia adquirida en la Universidad de San Andrés. Institución que merece más de una reflexión; la creó un grupo de vecinos que aspiraban a que sus hijos se formasen lejos de ideas extraviadas y alejadas del estilo de vida occidental y cristiano. Pero terminó asociada al monopolio «Clarín» desde donde defiende lo contrario. No extrañe entonces que Verbitsky use los argumentos del egresado de esa casa que llegó más lejos en defensa del kirchnerismo de Luis D'Elía y Hebe de Bonafini.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Desde la perspectiva de un opositor sin misericordia, el profesor concluye que como resultado de la crisis del campo, el sistema kirchnerista emprende un cambio de rumbo. Según Grondona, el kirchnerismo no es un gobierno común, sino un sistema de poder en sí mismo que establece reglas y rutinas propias por encima de las leyes republicanas. Eso es posible por el liderazgo que ha construido Néstor Kirchner apelando al temor y la codicia del resto de la dirigencia. Su expresión más insolente es haber dejado como sucesora en la presidencia a su señora (Cristina de Kirchner) y preparar ahora a un delfín (Máximo Kirchner, emprendedor inmobiliario y activista de un sello que gira como Juventud Kirchnerista).

Estos afanes los considera Grondona, auxiliado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, destinados al fracaso como todos los empeños totalitarios. Es ante lo que reaccionarían los Kirchner en ese cambio de rumbo que adivina el profesor en el matrimonio presidencial. Vendría un nuevo tiempo, revelado por la rebeldía de los hombres del campo, en el cual Cristina de Kirchner intenta dialogar con los dirigentes del sector «de buen modo y sin agredirlos». Si eso se confirma, vaticina Grondona, sería la apertura de una nueva oportunidad republicana. Si es así, resultaría bien barato.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Como en otras columnas anteriores, Morales Solá se lamenta de que los vaticinios sobre una Cristina de Kirchner más racional y abierta al mundo que su esposo no se hayan cumplido. El pecado no sería de la Presidente, sino de quien creyó que eso era posible, cuando no existía ningún dato que permitiera esperarlo.

El centro de las reflexiones del columnista son los parecidos y diferencias entre el régimen de Hugo Chávez y el gobierno kirchnerista. Concluye que la presidente argentina no es igual a Chávez, pero que hay señales que dan a entender que replica algunos de sus excesos.

Chávez estatiza empresas como Sidor, cierra canales de TV y organiza milicias populares; los Kirchner « argentinizan» YPF, le liberan zonas de acción a Luis D'Elía, se pelean con los medios y mantienen a las empresas concesionarias de los servicios públicos sin contratos, con lo cual condicionan su negocio a los intereses del gobierno.

En el curso de exponer sus argumentos, Morales Solá aporta datos y opiniones útiles de retener: 1) ningún estudio habla de una inflación menor de 22% para el año 2008; 2) hay terror entre los economistas de decirlo por temor a perder sus abonos profesionales con empresas que están a tiro de Guillermo Moreno; 3) los empresarios estadounidenses con interés en el país se quejaron ante el visitante Tom Shannon de que trabajan sin reglas de juego; 4) hay un plan del kirchnerismo de capturar acciones de empresas de medios.

Todo esto ocurre, según el columnista, en un país que cambió: el gobierno, afirma, se ha quedado sin crédito social, es decir, sin el apoyo de quienes hasta ahora lo han apoyado. Frente a eso, el gobierno carece de recursos para reaccionar ante la coyuntura. Que tome nota el gobierno, por si no se enteró.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


También recae el columnista del monopolio en el mismo prejuicio de algunos de sus colegas: creer que Cristina de Kirchner iba a gobernar de manera distinta como lo ha hecho hasta ahora. Que iba a administrar con mejor calidad institucional y buscando una mejor convivencia social. Nada anunciaba esto, salvo los susurros de sus asesores de campaña a los periodistas que cubrían la campaña presidencial de 2007.

Muy por el contrario, advierte el columnista, la Presidente se ha aferrado al peronismo más rancio y al sindicalismo más ortodoxo. Disparatado esperar lo contrario, si esos sectores son los que llevaron a los Kirchner adonde están, con lo cual han preservado sus lugares de poder y han logrado la concreción de sus proyectos políticos. Desde este ángulo podría afirmarse que es ese peronismo y esos sindicalistas quienes gobiernan el país, con los Kirchner a la cabeza para darles lo que ellos necesitan (subsidios, dinero para obras, etc.).

Como sus colegas de «La Nación», se horroriza Van Der Kooy por la estatización de Sidor, empresa del grupo Techint, por parte de Hugo Chávez, dictada sin avisarles a sus valedores de Buenos Aires (los Kirchner). Con ese gesto, acierta el columnista, dinamita Chávez su relación con el Mercosur, ya que Brasil, que tiene intereses en la empresa estatizada, reaccionará con energía ante Chávez y frustrará la aprobación en el Congreso del ingreso de Venezuela al Mercosur. Este hecho -mencionado también por Morales Solá- es importante: siempre que se les reprochaban a los Kirchner las ternezas con Chávez, las justificaban en que Venezuela era imprescindible para la ecuación política y económica ( energética, para ser precisos) de la región. Lo soportamos como soporta Europa a Vladimir Putin por el gas de Rusia, llegó a decir Cristina de Kirchner a dignatarios extranjeros que le enrostraron el romance de su gobierno con Caracas. Ahora que Chávez entra a los tumbos en el bazar, esa relación queda golpeada. Quizás ese argumento del Chávez inevitable para la región era otro pretexto del gobierno argentino para justificar una necesidad propia, casi personal, que eran los bonos que compraba Caracas como exclusivo financista de un gobierno aislado de los mercados.

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