Comentarios políticos de este fin de semana
-
En la previa del 1 de mayo, la CGT marcha contra el Gobierno con reclamos por cierre de fábricas
-
La CGT anticipó que analiza una medida "mucho más fuerte" después de la marcha del 1° de mayo
Hugo Chávez
«Página/12».
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
Desde la perspectiva de un opositor sin misericordia, el profesor concluye que como resultado de la crisis del campo, el sistema kirchnerista emprende un cambio de rumbo. Según Grondona, el kirchnerismo no es un gobierno común, sino un sistema de poder en sí mismo que establece reglas y rutinas propias por encima de las leyes republicanas. Eso es posible por el liderazgo que ha construido Néstor Kirchner apelando al temor y la codicia del resto de la dirigencia. Su expresión más insolente es haber dejado como sucesora en la presidencia a su señora (Cristina de Kirchner) y preparar ahora a un delfín (Máximo Kirchner, emprendedor inmobiliario y activista de un sello que gira como Juventud Kirchnerista).
Estos afanes los considera Grondona, auxiliado por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, destinados al fracaso como todos los empeños totalitarios. Es ante lo que reaccionarían los Kirchner en ese cambio de rumbo que adivina el profesor en el matrimonio presidencial. Vendría un nuevo tiempo, revelado por la rebeldía de los hombres del campo, en el cual Cristina de Kirchner intenta dialogar con los dirigentes del sector «de buen modo y sin agredirlos». Si eso se confirma, vaticina Grondona, sería la apertura de una nueva oportunidad republicana. Si es así, resultaría bien barato.
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».
Como en otras columnas anteriores, Morales Solá se lamenta de que los vaticinios sobre una Cristina de Kirchner más racional y abierta al mundo que su esposo no se hayan cumplido. El pecado no sería de la Presidente, sino de quien creyó que eso era posible, cuando no existía ningún dato que permitiera esperarlo.
El centro de las reflexiones del columnista son los parecidos y diferencias entre el régimen de Hugo Chávez y el gobierno kirchnerista. Concluye que la presidente argentina no es igual a Chávez, pero que hay señales que dan a entender que replica algunos de sus excesos.
Chávez estatiza empresas como Sidor, cierra canales de TV y organiza milicias populares; los Kirchner « argentinizan» YPF, le liberan zonas de acción a Luis D'Elía, se pelean con los medios y mantienen a las empresas concesionarias de los servicios públicos sin contratos, con lo cual condicionan su negocio a los intereses del gobierno.
En el curso de exponer sus argumentos, Morales Solá aporta datos y opiniones útiles de retener: 1) ningún estudio habla de una inflación menor de 22% para el año 2008; 2) hay terror entre los economistas de decirlo por temor a perder sus abonos profesionales con empresas que están a tiro de Guillermo Moreno; 3) los empresarios estadounidenses con interés en el país se quejaron ante el visitante Tom Shannon de que trabajan sin reglas de juego; 4) hay un plan del kirchnerismo de capturar acciones de empresas de medios.
Todo esto ocurre, según el columnista, en un país que cambió: el gobierno, afirma, se ha quedado sin crédito social, es decir, sin el apoyo de quienes hasta ahora lo han apoyado. Frente a eso, el gobierno carece de recursos para reaccionar ante la coyuntura. Que tome nota el gobierno, por si no se enteró.
VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».
También recae el columnista del monopolio en el mismo prejuicio de algunos de sus colegas: creer que Cristina de Kirchner iba a gobernar de manera distinta como lo ha hecho hasta ahora. Que iba a administrar con mejor calidad institucional y buscando una mejor convivencia social. Nada anunciaba esto, salvo los susurros de sus asesores de campaña a los periodistas que cubrían la campaña presidencial de 2007.
Muy por el contrario, advierte el columnista, la Presidente se ha aferrado al peronismo más rancio y al sindicalismo más ortodoxo. Disparatado esperar lo contrario, si esos sectores son los que llevaron a los Kirchner adonde están, con lo cual han preservado sus lugares de poder y han logrado la concreción de sus proyectos políticos. Desde este ángulo podría afirmarse que es ese peronismo y esos sindicalistas quienes gobiernan el país, con los Kirchner a la cabeza para darles lo que ellos necesitan (subsidios, dinero para obras, etc.).
Como sus colegas de «La Nación», se horroriza Van Der Kooy por la estatización de Sidor, empresa del grupo Techint, por parte de Hugo Chávez, dictada sin avisarles a sus valedores de Buenos Aires (los Kirchner). Con ese gesto, acierta el columnista, dinamita Chávez su relación con el Mercosur, ya que Brasil, que tiene intereses en la empresa estatizada, reaccionará con energía ante Chávez y frustrará la aprobación en el Congreso del ingreso de Venezuela al Mercosur. Este hecho -mencionado también por Morales Solá- es importante: siempre que se les reprochaban a los Kirchner las ternezas con Chávez, las justificaban en que Venezuela era imprescindible para la ecuación política y económica ( energética, para ser precisos) de la región. Lo soportamos como soporta Europa a Vladimir Putin por el gas de Rusia, llegó a decir Cristina de Kirchner a dignatarios extranjeros que le enrostraron el romance de su gobierno con Caracas. Ahora que Chávez entra a los tumbos en el bazar, esa relación queda golpeada. Quizás ese argumento del Chávez inevitable para la región era otro pretexto del gobierno argentino para justificar una necesidad propia, casi personal, que eran los bonos que compraba Caracas como exclusivo financista de un gobierno aislado de los mercados.



Dejá tu comentario